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La vigencia de la reivindicación del Califato en las estrategias de los terroristas yihadistas salafistas
Análisis nº 214   |  5 de Septiembre de 2007
 
La reivindicación del Califato “desde Asia hasta Al Andalus” por parte de más de 100.000 seguidores del Hizb ut Tahrir (Partido de la Liberación), convocados por este inquietante partido el pasado 12 de agosto en la capital indonesia, Yakarta, pone sobre la mesa algo que muchos desprecian dentro y fuera de Occidente pero que para centenares de miles de islamistas más o menos radicalizados es un objetivo legítimo por el que luchan de diversas maneras. Otra cosa es que pueda ser visto como algo inalcanzable pero es indudable que si es estandarte de combate para muchos debemos al menos conocerlo para contrarrestarlo en las diversas  dimensiones de la lucha contra el terrorismo yihadista salafista y contra la elaborada ideología que lo estimula.
 
Las claves para comprender la fijación por la reinstauración del Califato
 
El unificar las tierras que hoy o en otro tiempo pertenecieron al Islam y expandir dicha religión por todo el globo es el objetivo de los yihadistas salafistas y por tal idea matan y mueren a diario en todo el mundo. Se aprovechan para ello de la incredulidad que tal objetivo, nunca ocultado, despierta en muchos sectores, tanto del descreído Occidente donde muchos sonríen ante la mera evocación de tal idea como incluso en el mundo musulmán donde los “obscurantistas” para unos, los terroristas para otros o los locos exaltados para muchos no son tomados del todo en serio hasta que, en cada vez más ocasiones, ya es demasiado tarde. Ahora es buena ocasión, ante la convocatoria por parte de un Hizb ut Tahrir que lamentablemente actúa aún con impunidad en muchos países occidentales de la Conferencia Internacional del Califato en Yakarta, para que hagamos pedagogía sobre una idea que ha provocado y provoca el asesinato de demasiadas personas en múltiples escenarios del mundo.
 
Huérfanos de Califato desde que este fuera abolido en 1924 por Mustafá Kemal Ataturk el fatídico día 28 Rajab de 1428 los islamistas radicales de distintas tendencias y familias quieren recuperar tal figura para proteger el Islam y no ocultan a nadie el fondo expansivo de tal objetivo: el portavoz del Hizb Ut Tahrir en Indonesia, Ismail Suyanto, lo dijo bien claro durante la susodicha celebración en Yakarta el pasado día 13 de agosto: “El Califato es un sistema político islámico para establecer la Sharía (ley islámica) no sólo para los musulmanes sino para todo el mundo”. La idea de establecer el imperio del sagrado Corán por todo el orbe está bien asentada en la mente de todo yihadista que se precie, sea cual sea su nivel intelectual o social y el grado de compromiso que haya adquirido en el combate por conseguirla, y esto lo saben bien los miembros de las agencias de inteligencia, de las fuerzas de seguridad y de las tropas que a diario deben de hacer frente a tan determinados adversarios por todo el mundo. Para dichos yihadistas lo que ellos hacen es librar la “faridat al-yihad” o yihad obligatoria y defensiva, la encaminada a recuperar las tierras del Califato de manos de los infieles. Una vez se triunfe en dicha fase y vuelva a haber un Califa éste podrá declarar el comienzo de la siguiente fase, la de la “kifayat al-yihad” o yihad preventiva y ofensiva para que los muyahidin (combatientes sagrados) acudan a atacar masivamente a los infieles (kafir) en tierras no musulmanas para convertirlos al verdadero Islam o matarlos si se resisten. Aunque tal objetivo - en el que Osama Bin Laden está ya comprometido desde hace una larga década - es en principio inalcanzable dado el enorme número de enemigos que los yihadistas se procuran ya desde un principio no hay que despreciar tanto su voluntad de combate como su percepción de que allá donde sus enemigos se resienten de sus golpes - y lamentablemente hoy hay muchos lugares a enumerar - o allá donde dan muestran de debilidad en términos políticos, ideológicos e incluso de fe - aquí también la lista es larga - su estandarte puede avanzar y acabar imponiéndose, y esto último sin prisa pero también sin tregua.
 
Vemos pues cómo frente a enemigos “racionales” de varios tipos, con objetivos legitimados o no pero alcanzables en términos político-militares, fueran aquellos ejércitos de otros Estados en guerras clásicas, bandos enfrentados en guerras civiles dentro de las fronteras del Estado, movimientos de liberación nacional en guerras de tipo colonial, o grupos terroristas secesionistas y/o revolucionarios activos hasta hoy, el enemigo yihadista salafista destaca por buscar objetivos que aparecen como inalcanzables, salvo para él, tanto en términos militares como políticos, y por luchar hasta la muerte para conseguirlos, sin ofrecer ni treguas ni posibilidad alguna de negociación ya que lo sagrado no se negocia ni con infieles ni con apóstatas o musulmanes desviados. Esta descripción en términos contundentes y perfectamente ajustados a la realidad es importante sobre todo para quienes, tanto en el mundo occidental como en el mundo islámico, creen aún que las políticas de apaciguamiento pueden doblegar a los yihadistas. La experiencia reciente de amnistías y demás medidas de gracia en algunos países musulmanes próximos a nosotros, desde Egipto hasta Marruecos pasando por el caso central de Argelia, han puesto de manifiesto que quienes habían abrazado de forma definitiva la ideología yihadista salafista se han aprovechado, obviamente, de tales medidas concedidas por sus enemigos por ser instrumentales en su combate sagrado, y han vuelto a las armas reforzados al interpretar tales medidas de generosidad como una debilidad de aquellos. La experiencia nos demuestra de nuevo que aunque algunos individuos, pocos, hayan podido dejar aparentemente las armas gracias a tales medidas esto no justifica el ofrecimiento a enemigo tan determinado de tal muestra de rendición que le estimula en su activismo combatiente y proselitista.
 
Ahora que para algunos los Hermanos Musulmanes en su versión tradicional egipcia, en la palestina de Hamas, en la jordana o en otras deben ser considerados como la verdadera alternativa política para regenerar los países musulmanes, y cuando están de actualidad los frentes electorales de Turquía - donde tras la victoria del Partido para la Justicia y el Desarrollo del Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan este partido islamista pugna por hacerse con la Presidencia de la República - y de Marruecos - donde se augura un significativo repunte del homónimo PJD en las legislativas del próximo 7 de septiembre -, es buen momento para recordar las fuentes del movimiento que creara Hassan el Bana en Egipto en 1928. Así, cuando tantos en tantos sitios evocan con tanta simpatía la proyección social y las aparentes magnificencias organizativas de los Hermanos Musulmanes en el mundo suní - con su epicentro en la labor asistencial de los Hermanos en Egipto o la también asistencial, organizativa y de garantías de la seguridad en su rama palestina con Hamas controlando la franja de Gaza - y del también religioso Hizbollah (Partido de Dios) en el mundo shií libanés, donde este partido político-milicia armada-grupo terrorista aplica reglas de comportamiento muy similares a las de los Hermanos, es buen momento para recordar unos pilares ideológicos a los que en ningún momento se renunciará dada su inspiración religiosa y por tanto sagrada: para los Hermanos Musulmanes el Islam, que emana del Corán y de la tradición del Profeta (Sunna), es un sistema global que evoluciona por sí mismo, es el camino definitivo de la vida en todas sus esferas y es aplicable en todos los momentos y lugares. Su revelador slogan - “El Corán es nuestra Constitución. El Profeta es nuestro Guía. Morir por la gloria de Alá en nuestra mayor ambición” - recoge la esencia de quienes jugarán con mayor o menor intensidad a la política en sistemas parlamentarios pero que siempre se considerarán peligrosamente superiores a quienes compartan con ellos tales actividades desde orientaciones ideológicas distintas.
 
Por ende, dos ideólogos posteriores a Hassan el Bana en los Hermanos Musulmanes nos acercan con sus escritos al tema objeto de estudio en el presente análisis y que es la obsesión, muy actual aún hoy, de recuperar el Califato y de hacer de él motor de expansión para dominar el mundo. Para Muhammad Ghazali, quien publicara en 1948 Nuestro principio está en la sabiduría, la Sharía debería de constituir la fuente legal para todos los aspectos de la vida social, política y económica, algo que creído y aplicado fielmente podría tener funestas consecuencias en Estados que son multiconfesionales y multiétnicos - piénsese tan sólo en Egipto, en Irak o en Turquía - y en las relaciones de estos Estados con el resto del mundo en unos tiempos en los que la globalización aparece como el marco en el que vamos a seguir viviendo durante aún mucho tiempo. El otro ideólogo a quien hay que evocar aquí, surgido también de los Hermanos Musulmanes y que nos introduce de lleno en la lucha yihadista por la recuperación del Califato, es Sayyed Qutb, quien a principios de los años cincuenta del siglo XX priorizó el concepto de Comunidad de los Creyentes (Umma) enfrentándolo a las fronteras nacionales y a las banderas entonces defendidas con ahínco por diversos regímenes árabes y musulmanes, incluso algunos luchando entre sí y distrayendo con ello su prioridad, para cualquier islamista, de enderezar el Islam o de combatir a Israel. Qutb despreció las fronteras nacionales y despreció también a los entonces líderes nacionalistas del mundo árabo-musulmán - empezando por el de su país y faro iluminador de todos, Gamal Abdel Nasser - sentando las bases para que años después de ser ejecutado por el régimen de Nasser algunos de sus seguidores asesinaran, en 1981, a su sucesor, el Presidente Anuar el Sadat, por considerarlo un mal musulmán, un apóstata. Es significativo que un cuarto de siglo después, y tras habérsele permitido al movimiento de los Hermanos Musulmanes medirse electoralmente en 2005 con el partido del Presidente Hosni Mubarak, se hayan lanzado importantes operaciones policiales contra el mismo: sirvan como ejemplos la detención el 29 de julio de 2007 de 18 de sus miembros en el barrio cairota de Al Matariya acusados de conspiración para derrocar al Gobierno, o la de dos diputados pertenecientes al movimiento, aunque figuran en el Parlamento como independientes, Ragab Abu Zeid y Sabri Amer, realizada el pasado 22 de agosto.
 
Es bueno recordar ahora a estos ideólogos a los que los yihadistas obedecen con unción, en un frente común que une a activistas argelinos, marroquíes, egipcios o tunecinos - por citar tan sólo algunos de los muchos orígenes de los países árabes encontrados en sus filas -, sin que ninguno de ellos haga ya referencia ni desde una perspectiva personal ni grupal (piénsese en grupos terroristas como el GIA o el GSPC argelinos, el GICM marroquí o la Gamaat al Islamiya egipcia, por citar sólo a algunos) a dicho origen árabe otrora considerado prestigioso estandarte de combate, y que comparten trinchera con yihadistas uzbekos, chechenos o afganos. A todos ellos les une única y exclusivamente el manto verde del Islam, en su versión más radicalizada dentro de la ortodoxia suní, y su objetivo global de recuperar un Califato que será faro iluminador en un combate en el que han de doblegar, en paralelo, a los malos musulmanes dentro del mundo suní, a los musulmanes desviados shiíes y al resto del mundo compuesto por creyentes en otras religiones o por ateos.
 
La creciente tendencia unificadora y la liberación progresiva de siglas y banderas en beneficio de un estandarte único
 
En el combate cotidiano de las fuerzas de la Coalición y del Ejército iraquí contra los grupos yihadistas; en las operaciones de la ISAF o de las fuerzas asignadas a la Operación Libertad Duradera, en Afganistán; en los combates del Ejército libanés contra los miembros de Fatah al Islam, de Jund al Sham, de Usbet al Ansar o de otros grupos y grupúsculos yihadistas que desafían cada vez con más resolución a tan endeble Estado; en el asalto por parte de fuerzas paquistaníes a la Mezquita Roja de Islamabad; en las operaciones del Ejército y de las fuerzas de seguridad de Argelia contra miembros de Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico (AQMI); o en las sucesivas detenciones de terroristas yihadistas en suelo europeo por parte de policías de España, Italia, Francia o Reino Unido, por citar tan sólo algunos frentes del yihadismo salafista, el perfil cada vez más internacional de quienes caen en dichas operaciones es una de las características más importantes y en constante crecimiento.
 
Mientras los Estados siguen teniendo dificultades para colaborar entre sí y mientras en algunos casos los celos y/o la falta de coordinación entre instrumentos antiterroristas dificultan la lucha contra estas redes, grupos, células e individuos, los yihadistas tienen una conciencia cada vez más asentada de pertenecer a un solo bando, de luchar bajo una única bandera, de perseguir un único objetivo que, además, se considera sagrado. Ardua lucha pues la que hay que realizar, cuando las autopistas de la información, el mundo cada vez más fluido y global y las desavenencias internas entre sus adversarios a la hora de definir cuál es el problema y cómo y con qué instrumentos luchar contra él son realidades que les facilitan la tarea a los yihadistas. Es significativo que uno de los canales globales de comunicación y propaganda yihadista salafista accesible en las susodichas autopistas de la información se denomine “La Voz del Califato”, un execrable noticiario contínuamente metamorfaseado como todos los instrumentos de comunicación y propaganda de los terroristas donde entrevistadores y entrevistados aparecen encapuchados y donde con un nivel de calidad técnica más que aceptable se muestran horrendos vídeos y se transmiten floridos mensajes para atraerse adeptos. Con tan fácil acceso no es extraño observar, y es sólo un ejemplo, la proliferación de terroristas noveles en un país como Marruecos: algunos de los suicidas que han actuado entre el 11 de marzo y el 13 de agosto de este año - el último el ingeniero Hicham Dokali, quien se lanzaba en Meknes contra un autobús repleto de turistas armado con una bomba rudimentaria pero con la que podría haber provocado una matanza - obedecen al perfil de terrorista espontáneo y autodidacta estimulado por los mensajes que impunemente circulan en soporte electrónico y que son accesibles a cualquiera.
 
La presencia de predicadores radicales procedentes de Pakistán en la emblemática ciudad maliense de Tombuctú, que desapareció con la llegada de militares estadounidenses adscritos a la Iniciativa Transahariana Antiterrorista (TSCTI, en sus siglas en inglés); la incorporación de yihadistas procedentes de Nigeria a los campamentos móviles de entrenamiento terrorista del GSPC/AQMI en el sur de Argelia y el norte de Malí; la aparición de una sucursal de la iraquí Ansar Al Islam en Marruecos, donde en mayo de 2007 habría reivindicado en un vídeo los atentados del 11-M en Madrid y donde al mes siguiente anunciaba a través de Internet su despliegue en el Magreb con la intención de liberarlo y de luchar por la recuperación de Al Andalus; la reivindicación en un vídeo del número dos de Al Qaida, Ayman Al Zawahiri, emitido el 19 de julio, del ataque contra las tropas españolas en Líbano a la que añade un renovado llamamiento a recuperar Ceuta y Melilla y también Al Andalus; o la reivindicación de nuevo en un vídeo de Al Qaida transmitido el pasado 6 de agosto de, entre otros, los atentados del 11-M así como del ataque suicida de marzo de 2006 contra la Embajada de los EEUU en Karachi, realizada por el líder de Al Qaida en los EEUU, Adam Gadham (alias, Azzam Amriki), son sólo algunos ejemplos de la globalización del proselitismo y de la propaganda terrorista y de cómo esta se hace en términos de vuelta al Califato. Es significativo que en tal ofensiva no se olvide hasta hoy a pueblos musulmanes que como el checheno o el kosovar están sojuzgados según tal propaganda por infieles en territorio europeo: es significativo recordar en este sentido que en la declaración de culpabilidad emitida por un jurado de Miami el pasado 16 de agosto contra el ciudadano estadounidense José Padilla (alias, Abdullah al Muhajir, juzgado por vinculación con Al Qaida y preparación de atentados) y contra Adham Amin Hassoun y Kifah Wael Jayyousi, estos dos últimos son considerados culpables por haber firmado cheques para una ONG aparentemente dedicada a paliar el sufrimiento de comunidades musulmanas pero que en realidad fijaba como objetivos a batir a soldados rusos en Chechenia o a soldados y policías serbios en Kosovo.
 
La intensificación del proselitismo y de la propaganda defensora del Califato en términos globales en los últimos tiempos ha incluido al propio Osama Bin Laden, de quien se distribuyó un vídeo - aparentemente con mensajes antiguos aunque lo que sí es nueva es su presentación - el pasado 15 de julio, siendo ésta su última aparición tras la anterior, entonces sólo en audio, emitida el 1 de julio de 2006. La figura de Bin Laden como jeque o emir de la red Al Qaida es operativa pero también simbólicamente importante: él y su mucho más presente en los medios número dos Al Zawahiri constituyen la vanguardia de múltiples combatientes llamados a restaurar el Califato sentando las bases para que nunca pueda volver a ser derrotado. Para ello seguirán organizando atentados y, sobre todo, seguirán propiciando franquicias por doquier, algunas antiguos grupos terroristas reconvertidos y otras simples individuos estimulados para emprender el combate. En la biblioteca virtual de los yihadistas salafistas seguirá destacando la nefasta obra del sirio-español Mustafá Setmarian (alias Abu Musab Al Suri) La llamada para la resistencia islámica global, 1.600 páginas colgadas desde fines de 2004 en Internet en las que se enseñan múltiples formas de causar daño al enemigo en el empeño guerrero de restaurar un Califato que se quiere sólido, sin fisuras, llamado a perdurar gracias a la extremada violencia que a diario se predica y que se lleva a término por doquier.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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