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El papel del ejército israelí
Colaboraciones nº 1908   |  4 de Septiembre de 2007
 

(Publicado en Jerusalem Post, 9 de agosto de 2007)

¿Cómo puede el ejército mejorar su posición entre los jóvenes de derechas cada vez menos motivados a unirse a filas, y al mismo tiempo tratar con dureza cualquier insubordinación entre sus filas, como quedaba demostrado en la expulsión del mercado de Hebrón?
 
El ejército confronta actualmente una serie de desafíos importantes.
 
Además de rectificar las debilidades expuestas durante la guerra, cifras crecientes de jóvenes están evitando el servicio militar. El 11% de aquellos aptos para el servicio quedan automáticamente exentos por asistir al yeshivot, y esa proporción se duplicará en menos de 20 años. También existe un fenómeno marginal pero creciente de "celebridades objetoras de conciencia" procedentes de la élite secular postmodernista desprovista de valores judíos. Esta tendencia podría ser infecciosa si no se trata de manera drástica.
 
Ahora hacemos frente a una nueva crisis entre los reclutas nacionales religiosos -- probablemente el sector más motivado del ejército.
 
Estaban ya traumatizados por la desconexión unilateral y desgraciadamente, sus peores miedos se hicieron realidad. La desconexión demostró ser contraproducente política y militarmente y para nuestra eterna desgracia, la mayor parte de los colonos desplazados hasta la fecha siguen sin residencia o sustento permanentes.
 
De modo que comprensiblemente los soldados que se identifican con, o que tienen relación con, los colonos son desesperadamente dados a evitar involucrarse en futuras acciones policiales contra los colonos.
 
Aún así, con el ejército orientado ya hacia un posible conflicto con las implicaciones existenciales para la nación, es inconsciente sugerir que un soldado particular tiene derecho a determinar qué orden -- buena o mala -- aceptará o rechazará.
Los soldados deben obedecer las órdenes - hasta las órdenes moralmente repugnantes -- en tanto esas órdenes no lleven a la muerte de inocentes. Eso está siendo reiterado hasta por los rabinos religiosos nacionales y Hesder.
 
Aún así, es ciertamente el momento adecuado para que el ejército aprenda de errores anteriores y tome todas las medidas posibles para evitar alienar innecesariamente a los soldados.
 
El papel de un ejército es combatir al enemigo externo y defender las vidas de ciudadanos. Ciertamente esta acción particular de expulsar a dos familias se podría haber implementado mediante las fuerzas del orden sin recurrir al ejército.
 
Además, si el ejército está obligado a desviarse de su papel militar tradicional y asumir deberes policiales, debería al menos emplear el sentido común y la humanidad y hacer todos los esfuerzos por evitar cargar a los soldados con papeles en genuino conflicto con su perspectiva moral y su conciencia.
 
Vivimos tiempos tumultuosos e Israel afronta hoy amenazas externas críticas. El ejército y los políticos tienen que evitar polarizar situaciones que podrían minar el activo más importante de la nación. Tenemos que evitar extender nuestros conflictos internos nacionales activos al ejército. Es hora de que todas las partes ejerciten la inteligencia al máximo, la contención y la tolerancia. Nuestro futuro podría depender de ello.


 

 


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