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Kosovo: ¿un nuevo estado musulmán en Europa?
Análisis nº 210   |  1 de Agosto de 2007
 

(Publicado en War Heat Internacional nº 55, agosto de 2007)

La triunfal gira del Presidente George W. Bush por la República Checha, Polonia y sobre todo Albania, donde ha estado el 10 de junio, se contextualiza en el marco de su pulso con Vladimir Putin en torno a diversas cuestiones destacando entre ellas su apoyo a la independencia de Kosovo, provincia denominada “Kosovo” por los serbios y “Kosova” por los albaneses que supone el 15% del territorio de Serbia y donde el 90% de la población es musulmana de origen albanés. La oposición del líder ruso a continuar el proceso que hace de Serbia un Estado menguante en distintos pasos - sobre todo por el precedente que podría crear en la región - coincide por otro lado con importantes movimientos dentro del Estado serbio. Es destacable que no sólo la Federación Rusa, que teme un efecto dominó en territorios situados tanto en el país (Chechenia y otras provincias del norte del Cáucaso) como dentro del espacio ex-soviético hoy representado por la Comunidad de Estados Independientes (CEI), sino también países de Europa Occidental como España, Bélgica y otros, miran justificadamente con aprehensión a un proceso que hecho con precipitación podría tener funestas consecuencias no sólo en la región sino también en otros horizontes, y que por ende no tendría porqué representar un avance significativo en términos de mejora de las relaciones con el mundo islámico.
 
La compleja situación actual
 
El multitudinario recibimiento al Presidente Bush en Tirana, donde el Primer Ministro Sali Berisha calificó su visita como la de la persona más distinguida jamás recibida en el país, se justifica por su sólido apoyo tanto a la entrada de Albania en la OTAN como a la independencia de Kosovo. Este último ha sido mantenido recientemente tanto por él como por su Secretaria de Estado, Condolezza Rice, frente a titubeos como los de Nicolás Sarkozy, quien llamaba en esos días a mantener una nueva ronda de conversaciones de seis meses más para en ese tiempo tratar de convencer a Moscú, o a la oposición frontal de la Federación Rusa mostrada claramente durante la reunión del G-8 donde impidió una declaración al respecto. No hay que olvidar que, como telón de fondo, en su informe presentado en febrero, el Enviado Especial de la ONU, el ex-Presidente finlandés Martii Ahtisaari, proponía la independencia, inicialmente bajo tutela internacional y salvaguardando las garantías de la minoría serbia. El triunfalismo de las autoridades kosovares era tal que su Primer Ministro, Agim Ceku, declaraba el 19 de mayo que la independencia sería proclamada en junio en aplicación de las resoluciones de la UE y de los EEUU presentadas al Consejo de Seguridad de la ONU. Este protectorado de la ONU desde que 60.000 efectivos de la OTAN intervinieran en él el 12 de junio de 1999 desde Macedonia ha llegado a la situación actual tras las fallidas negociaciones de catorce meses entre albanokosovares y serbios en Viena.
 
Mientras tanto, en Belgrado han ocurrido diversos acontecimientos destacándose el acuerdo de varios partidos moderados para formar Gobierno, alcanzado el 11 de mayo con el apoyo del Primer Ministro Vojislav Kostunica y del Presidente Boris Tadic y al que se ha llegado tras duras negociaciones iniciadas el 21 de enero, fecha en la que se celebraron las elecciones parlamentarias. Dicho acuerdo expulsaba de puestos de responsabilidad a los ultranacionalistas del Partido Radical, destacándose el caso de Tomislav Nikollic, quien el mismo día 11 dimitía de la Presidencia del Parlamento. Tal desplazamiento de los ultranacionalistas no supone su desaparición de la arena política y podrían verse revigorizados si Kosovo alcanza la independencia. Por otro lado, el 5 de junio las autoridades serbias comenzaban la investigación sobre una fosa común con unos 500 albanokosovares encontrada en el sur del país que ponía de nuevo al Estado serbio ante la dura historia reciente. Además Belgrado reanudaba el 13 de junio sus negociaciones con la Comisión Europea para alcanzar un Acuerdo de Estabilización y Asociación, y lo hacía con esperanza pues con la celebración en los días 10 y 11 de mayo en Zagreb de la Cumbre entre once países balcánicos incluidos en el denominado Proceso de Cooperación en el Sudeste de Europa (PCSE) la UE había mostrado de nuevo el asfixiante aislamiento de Serbia. Los pragmáticos en Serbia parecen asumir que para salir del ostracismo habrán de tomar decisiones dolorosas, relacionadas tanto con el futuro de Kosovo como con una mayor colaboración con la justicia internacional que parece desbloquearse tras la captura del ex-General Zdravko Tolimir y su entrega al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia el 1 de junio, o la del General de la Policía serbia Vlastimir Djordjevic, detenido el 17 de junio en Montenegro acusado de represión contra los albaneses de Kosovo y pendiente también de ser entregado a dicho Tribunal. Esa Serbia pragmática, o fatalista, preside desde el 11 de mayo el Consejo de Europa, organización a la que se adhirió en 2003 en ese lento proceso de retorno a la Comunidad Internacional tras la oscura década de los noventa.
 
Mientras todo esto ocurre Kosovo sigue mostrándose como la compleja realidad que es: en este territorio poblado por unos 2 millones de habitantes estos se identifican étnicamente - el 90% se consideran albaneses, el 6% serbios y el resto bosniacos o gitanos - y la situación económica es más que preocupante (entre un 35% y un 50% de la población está desempleada y más de un 15% de la población total vive con menos de 1 euro al día) haciendo aún más inviable la independencia. Junto a la presencia/tutela internacional los kosovares sobreviven en gran medida gracias a las remesas que envían los albaneses de la diáspora cifradas en unos 380 millones de euros al año, la mitad del presupuesto de la provincia. El movimiento independentista radical Vetevendosje (Autodeterminación) ha venido anunciando que intensificará sus movilizaciones a partir de fines de junio si para entonces no se ha oficializado la independencia del territorio. En estas semanas los independentistas recuerdan más que nunca cómo su guerra contra las fuerzas serbias dejó cerca de 10.000 civiles albanokosovares muertos y desplazó a cerca de un millón de personas de la provincia.
 
Cautas deberán de ser las decisiones que sobre Kosovo se tomen en los próximos meses para evitar que localidades septentrionales de la provincia, como Mitrovica, vuelvan a ser referencia emblemática de sangrientos enfrentamientos intercomunitarios. No hay que olvidar que Mitrovica, otras tres municipalidades del norte de Kosovo y diversos enclaves a través del territorio albergan al 6% de población total serbia, hoy unas 100.000 personas a las que habría que añadir las 200.000 que  dejaron la provincia en 1999 por los bombardeos de la OTAN. Pero la máquina ya está en marcha y difícilmente se va a parar como lo demostraba la presentación por parte de los EEUU y de la UE, el 20 de junio, al Consejo de Seguridad de la ONU, de un borrador de resolución inmediatamente rechazado por el Embajador de la Federación Rusa que buscaba prolongar cuatro meses las negociaciones sobre Kosovo tras lo cual la independencia sería automática. Una semana después, el 26 de junio, la Cumbre OTAN-Federación Rusa celebrada en Moscú para conmemorar el décimo aniversario del comienzo de la cooperación entre ambas, mostraba de nuevo las severas discrepancias en torno al futuro de Kosovo. Mientras tanto, 17.500 efectivos de la OTAN permanecen desplegados en el territorio y 1.800 policías, jueces, fiscales y expertos en control de fronteras de la UE deben aún esperar para ser desplegados. Mientras tanto las poblaciones de Abjazia y de Osetia del Sur en Georgia, del Alto Karabaj en Azerbaiyán, del Transdniéster en Moldavia o algunos grupos separatistas en Europa Occidental esperan que la Comunidad Internacional les sirva en bandeja un precedente jurídico y político para intensificar sus esfuerzos secesionistas.
 
Kosovo en las relaciones de Occidente con el mundo musulmán
 
En cuanto a las consecuencias que estos movimientos puedan tener en las relaciones del mundo occidental con el orbe musulmán, el retraso en la consecución de la independencia de Kosovo podría seguir alimentando las teorías conspiratorias en el mismo. Ya ocurrió eso cuando en la década de los noventa del siglo XX los países occidentales tardaron años en frenar la sangría en Bosnia-Herzegovina. Así, cuando en 1995 las acciones militares de la OTAN en defensa de la población bosnia llevaron a interpretar a algunos líderes y analistas occidentales que éstas podrían beneficiar el acercamiento entre Occidente y el mundo árabo-musulmán, cuyas relaciones estaban aún afectadas negativamente por la herencia de la Segunda Guerra del Golfo contra Irak (1991) y por el débil entusiasmo con el que se apoyaba el Proceso de Paz para Oriente Medio en el que no se percibían más que continuadas concesiones a Israel, creadores de opinión que incluían al propio Osama Bin Laden explicaban cómo Europa y Occidente habían tardado en reaccionar precisamente para que el primer Estado musulmán que inevitablemente iba a nacer en suelo europeo, Bosnia-Herzegovina, lo hiciera como una entidad diezmada y debilitada tras la cruel represión de los cristianos ortodoxos serbios combinada con la intervención militar de la OTAN.
 
Aunque no se insiste en estos aspectos, al menos en las declaraciones oficiales de los líderes occidentales, es indudable que en términos más simbólicos que operativos sería importante no sólo asegurarse la colaboración de Estados y de poblaciones musulmanas en cuestiones de seguridad y de política exterior y de defensa sino también rentabilizarla lo más posible. Así lo ha hecho Washington cuando ante la susodicha visita del Presidente Bush a Albania se ha recordado cómo este país europeo perteneciente al orbe islámico acaba de triplicar su contingente militar en Afganistán, hasta los 140 hombres, y tiene a 120 hombres desplegados dentro de la Coalición en Irak. Estas cifras son modestas pero simbólicamente importantes, y simbólicamente se habrían de presentar también los esfuerzos diplomáticos para garantizar a ese 90% de la población kosovar que es musulmán la independencia política tras décadas de dominación serbia.
 
Viéndola en perspectiva la presencia de las organizaciones internacionales - en especial de la ONU y de la OTAN - en Kosovo desde fines de los noventa no ha sido fácil. Tras el fin de las grandes operaciones militares contra las fuerzas serbias hubo que poner orden en la provincia y, para ello, uno de los primeros pasos fue la difícil desmovilización del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) y su transformación en el Cuerpo de Protección de Kosovo (TMK). Es significativo que algunos elementos del UCK se reconvirtieron a los tráficos ilícitos - en especial de armas ligeras y también de drogas pues la ruta albano-kosovar controla el 80% de la heroína consumida en Europa Occidental - y otros hacia las actividades terroristas.  En abril de 2003 la Misión de la ONU en Kosovo (UNMIK) declaraba a un grupúsculo surgido de las anteriores siglas, el Ejército de Liberación Albanés (ANA-AKSh), organización terrorista y un año después, en marzo de 2004, se le hacía responsable de provocar los violentos choques entre ciudadanos albano-kosovares contra otros de origen serbio. La violencia generada por grupos albano-kosovares y por sus réplicas entre la minoría serbia, y que en ocasiones se ha vuelto contra las fuerzas internacionales desplegadas en el territorio, se ha visto reforzada por la presencia de islamistas radicales venidos del exterior. Estos últimos no ven sino ventajas dada la yuxtaposición de instrumentos oficiales y no oficiales sobre el terreno, realidad esta que dificulta el combate antiterrorista hasta extremos insospechados. A la difícil coordinación entre UNMIK, KFOR, los Estados que componen los contingentes de una y otra, las múltiples Organizaciones No Gubernamentales allí desplegadas o que vigilan estrechamente el territorio - y que incluyen a vigilantes como Amnistía Internacional que fiscalizan cómo se lleva a cabo la lucha antiterrorista -, los medios de comunicación y los propios actores locales les hacen frente individuos y medios islamistas radicales que no tienen grandes dificultades para detectar contradicciones y presentar a su público Kosovo en los victimistas términos de un ejemplo más de cómo el Islam es sojuzgado y mancillado.
 
El carácter de territorio habitado mayoritariamente por musulmanes sitúa a Kosovo dentro del “Dar Al Islam” para los islamistas radicales y en especial para los yihadistas salafistas haciendo por ello obligado el compromiso con la tierra y con sus pobladores. Aunque tal compromiso no se ha manifestado aún en forma de una presencia sólida o de un activismo letal cuantificable sí es cierto que desde un lustro a esta parte diversos acontecimientos muestran la importancia de Kosovo en el campo de batalla universal de grupos como Al Qaida. Junto a la importancia que tiene Kosovo como vía de infiltración hacia el resto de Europa - aprovechando además sus utilísimas redes de delincuencia organizada - también la ha tenido de cara al proselitismo y al activismo sobre el terreno, más obligado aún si cabe dada la presencia militar occidental que se añade a los miles de soldados de la UE desplegados en el suelo también musulmán de Bosnia-Herzegovina. Desde la detención de 5 islamistas argelinos por fuerzas de la KFOR en 2002 hasta la detección del denominado Ejército de Allah en el año 2005, diversas investigaciones y algunas operaciones realizadas por las fuerzas internacionales demuestran que como ya ocurriera en los años noventa en Bosnia-Herzegovina hay un aprovechamiento por parte de grupos y redes yihadistas que hacen de Kosovo una de las referencias importantes en su campo de batalla universal. Los disturbios de 2004 sirvieron precisamente para asesinar a un policía de la UNMIK, a un policía local y a un intérprete: un invasor extranjero y dos de sus sicarios locales en la deleznable retórica de los terroristas.
 
Kosovo seguirá siendo campo de proselitismo y de batalla para los yihadistas salafistas independientemente de que alcance o no la independencia: si la alcanza, porque la opción de crear un Estado, ubicado dentro del mundo occidental y que deberá de fijar relaciones de vecindad con Serbia y que previsiblemente intentará seguir el camino de otros en términos de pertenencia a la UE y a la OTAN es inadmisible para los yihadistas salafistas; y si no la alcanza, porque se podrá seguir explotando esta causa en términos de victimismo, tratando de demostrar que Occidente en particular pero también otros actores y bloques de la denominada Comunidad Internacional tienen un doble rasero cuando se trata con musulmanes y que en la agresión contra estos sigue ocupando un lugar preferente uno de los enemigos tradicionales percibido como tal por los islamistas radicales: la Federación Rusa de hoy, heredera de la atea y materialista Unión Soviética de ayer, que otrora reprimía a los afganos y hoy lo hace con los chechenos. En suma, ni la independencia ni el mantenimiento más o menos modificado del status actual librará a Kosovo de seguir en el punto de mira de un yihadismo salafista que sigue día a día tratando de ganar adeptos en su suelo. Igualmente lo intentará allá donde también haya población de origen albanés y por ello musulmán, como es el caso de Macedonia, país que aunque ha avanzado mucho en la integración de sus habitantes de dicho origen estos están concentrados en el norte del territorio, cerca de la frontera con la parte meridional de Kosovo.


 

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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