En el país más poblado de África, con 132 millones de habitantes, más de 60 millones de nigerianos votaban el 21 de abril para elegir a su Presidente y a su Parlamento en los terceros comicios desde que en 1999 cayó el último gobierno militar que había dominado el poder en Nigeria desde su independencia en 1960. El hasta entonces Jefe de Estado, Olusegun Obasanjo, quien ganara las elecciones tanto en 1999 como en 2003, había intentado perpetuarse en el poder promoviendo una reforma constitucional que le hubiera permitido ser ahora candidato pero que fue rechazada en el Senado en mayo de 2006. Las elecciones del 21 de abril son presentadas en el mundo como un escandaloso revés para el avance de la democracia en África. Por otro lado, y aunque afectado por conflictos de diverso tipo, el Estado nigeriano es también en el frente africano del yihadismo salafista uno de los campos de batalla en los que los seguidores de esta ideología destructiva se afanan por implantarse.
El norte del país como zona de implantación tradicional del islamismo radical
El 50% de la población total nigeriana es musulmana - lo cual hace de los musulmanes nigerianos la comunidad islámica más numerosa de toda el África Subsahariana - mientras que el 40% es cristiana y el 10% restante seguiría creencias animistas tradicionales. El norte Hausa-Fulani, el suroeste Yoruba y el sureste Ibo han sido las regiones tradicionalmente dominantes en la vida política de la Nigeria independiente. Los más de 60 millones de nigerianos musulmanes se concentran en su mayoría en la mitad septentrional del país. Las divisiones étnicas, entre norte y sur, entre cristianos y musulmanes, han tenido momentos de extremada dureza y unos 15.000 nigerianos han muerto desde 1999 en diversos enfrentamientos que han provocado también unos 3 millones de desplazados.
En conexión directa con la convulsa región del Sahel la porción septentrional de Nigeria ha vivido y vive la tensión constante provocada por la aplicación de la Sharía o Ley islámica, adoptada desde 1999 en 12 de los 36 Estados nigerianos que conforman una sociedad compleja y por la penetración de corrientes rigoristas dentro del Islam que hacen de tal complejidad motivo frecuente de conflictos, algunos de ellos con trascendencia internacional. Todo ello ha permitido crear un escenario idóneo que llevó a Osama Bin Laden a calificar en su comunicado de 11 de febrero de 2004 a Nigeria como “uno de los países más preparados para la Yihad”.
Aparte de los 2.000 muertos producidos por enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en Kaduna en el año 2000 hay algunas situaciones que se han conocido por el resto del mundo y que ponen en evidencia la cotidianidad de la tensión. En el año 2002 Amina Lawal fue condenada a morir lapidada en el Estado de Katsina acusada de adulterio, recurrió la sentencia y esta fue anulada en 2003 por el Tribunal de Apelación de la Sharía. En 2001, en otro caso similar, el de Safiya Hussaini, condenada también a morir lapidada en el Estado de Sokoto, esta vio su sentencia revocada gracias a que el adulterio se produjo antes de la entrada en vigor de la Sharía. La persecución por parte de la policía islámica de Aunty Maiduguri, una lesbiana que el 27 de abril desafiaba a la Sharía al casarse con cuatro mujeres, es el caso más reciente del que aún no se conocen sus consecuencias. Aunque para los observadores más posibilistas la aplicación de la Sharía en Nigeria es moderada comparada con otros países como Arabia Saudí es evidente que el pulso es cotidiano y que también afecta a no musulmanes creando por ello tensión; a título de ejemplo el Estado de Kano impuso en 2003 que todas las niñas, musulmanas o no, llevaran el “hiyab” o velo islámico en las escuelas. Por otro lado, las nefastas consecuencias de algunas decisiones tomadas según interpretaciones de los preceptos religiosos no deben ser desdeñadas: el boicoteo en 2002 por parte de clérigos y autoridades políticas musulmanas contra la campaña nacional de vacunación contra la polio permitió la expansión de la enfermedad. En el Estado de Kano, una de las regiones más afectadas por la enfermedad, el Gobernador impuso una prohibición de la vacuna durante 11 meses que no fue levantada hasta el verano de 2004: la consecuencia según la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue un importante incremento de la enfermedad entre sus habitantes.
El activismo de los yihadistas salafistas en el contexto de las elecciones
Días antes de estos comicios, el 15 de abril, se habían celebrado elecciones para designar a los gobernadores de los 36 Estados que componen el complejo país y fueron seguidas por disturbios que provocaban la muerte de 50 personas tras anunciarse los resultados que daban una rotunda victoria al oficialista Partido Democrático del Pueblo (PDP), que vencía en 26 Estados. Mientras la oposición exigía anular los resultados de las regionales y retrasar las presidenciales y legislativas la violencia entre ambos comicios se ha dado en varios escenarios y pone de manifiesto la inseguridad reinante en un complejo país en el que conviven 250 grupos étnicos y donde los índices de corrupción son extremadamente altos. El 17 de abril un grupo islamista autodenominado “talibán” asesinaba a 13 policías en la ciudad septentrional de Kano en el segundo ataque de este tipo en una semana y el día 20 otros 7 policías eran asesinados en Karu, en el céntrico estado de Nassarawa. En paralelo, en la meridional región del Delta del Níger, rica en petróleo y desde donde salen buena parte de los 2 millones de barriles diarios que exporta Nigeria y que aportan al Estado el 65% de sus ingresos, miembros del Movimiento para le Emancipación del Delta del Níger (LEND) atacaban con lanchas una base militar. El LEND, que surgió en el seno de una población depauperada y marginada por el Gobierno como es la de dicho territorio, secuestró a más de 150 trabajadores extranjeros en 2006 y ya lleva 70 secuestrados en 2007; parte de ellos ya han sido liberados tras el pago de fuertes rescates y esta situación está provocando el éxodo de algunas compañías. En este ambiente de caos fuentes gubernamentales acusaban a quienes provocaban tal violencia de buscar un golpe militar para acabar con la aún frágil democracia, pero es evidente que si desde la Jefatura del Estado no se favorece en el futuro un reparto más equitativo de los beneficios del petróleo y no se corrigen las rivalidades entre Estados y la inestabilidad dentro de algunos de ellos todo el sistema federal del país quedará en entredicho y con él la seguridad nacional.
Desde las filas del islamismo radical son diversas las corrientes y grupos que desafían cotidianamente al Estado y a la sociedad nigerianas: en primer lugar la Hermandad Musulmana, dividida en suníes y shiíes - los Hermanos de la Oración y la Hégira, respectivamente - que propician enfrentamientos con las fuerzas de seguridad; los “talibán” ya citados, activos en los Estados de Kano, Kobe y Corno y que cometen atentados; y el movimiento Izala, rigorista y violento que entrena en campos próximos a la frontera con Camerún a yihadistas de Malí, Níger o Camerún en la misma línea de lo que hace Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico (AQMI) en sus campos móviles en el Sahel. Precisamente AQMI, el antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino, recluta y entrena a yihadistas nigerianos dentro de esa globalización acelerada del activismo terrorista yihadista que no conoce fronteras en África.
Volviendo a la arena política en Nigeria, la victoria del PDP en las regionales se repetía días después en las presidenciales y generales, en beneficio de un norteño con escasos apoyos a nivel nacional, Umaru Musa Yar’Adua, antiguo Gobernador del Estado de Katsina y designado por el Yoruba Obasanjo para sucederle en la Jefatura del Estado. Según algunos observadores el Presidente saliente habría designado como sucesor a una figura endeble para poder así conservar influencia política desde su retiro. Ante el anuncio hecho público el 23 de abril por la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) de que Yar’Adua había ganado con 24.968.063 votos frente a los 6.605.299 de su inmediato rival, el también norteño y más conocido por la sociedad nigeriana Muhammadu Buhari, candidato del Partido de Todos los Pueblos de Nigeria, la oposición denunció un fraude masivo exigiendo la repetición de unas elecciones que habrían estado plagadas de irregularidades según los observadores internacionales acreditados. Ahora, a la vista de la situación tras las elecciones y dadas las irregularidades cometidas, el país entra en un período lleno de incógnitas ante la expiración del mandato del Presidente Obasanjo el 29 de mayo que le hace especialmente vulnerable a los zarpazos del terrorismo yihadista salafista.