Sigue siendo motivo de enorme preocupación para Colombia nuestro vecindario. Venezuela, Ecuador y Bolivia transitan hacia un sistema político extraño, mezcla de totalitarismo medio comunista, y medio fascista. Hasta ahora ha resultado, además, muy corrupto. El presidente Hugo Chávez lo ha llamado "el Socialismo del Siglo XXI". El pintoresco personaje además se proclama sucesor de Fidel Castro. Y ya sabemos como es el "socialismo" de Fidel. Hasta ahora, además de concentrar todo el poder del Estado en sus manos, destruye unas empresas, pero deja a sus amigos hacer mucho dinero. Nadie sabe bien, por otra parte, como se financia en el largo plazo una sociedad bajo ese sistema, porque destruye empresas y riqueza.
Por el momento, en Venezuela, el dinero del petróleo ha entrado a reemplazar los ingresos de las actividades empresariales destruidas del país. Chávez está empeñado en acabar con las empresas privadas tradicionales de ese país, salvo aquellas cuyos dueños le son afectos. Ha caído vertiginosamente la producción agropecuaria e industrial, y aun la cantidad de petróleo que se extrae. Los altos precios del petróleo han permitido contratar para cargos públicos innecesarios a muchos de quienes van quedando sin trabajo en el sector privado. Así las cosas, el aumento en el gasto público es vertiginoso, aun sin contar con el dinero que Chávez le regala a países que siguen su línea política, las inversiones que ha hecho y promete hacer en esos países con el dinero de los venezolanos o el armamento que compra en Rusia.
Como la producción de alimentos se ha reducido, Venezuela compra en Colombia cantidades crecientes de carne y huevos. Algo bueno, por supuesto, para los productores colombianos, pero malo para los consumidores aquí pues presiona los precios al alza.
Pero los ingresos petroleros muy altos de Venezuela no serán eternos. A la inevitable reducción de precios por hallazgos en otros países y sustitución por combustibles de origen vegetal, hay que añadir el hecho de que la producción se ha venido reduciendo por la pérdida de técnicos de Pedevesa. Hacia el futuro la exploración sufrirá también, porque Chávez ha desmejorado las condiciones para las compañías extranjeras. Varias prefirieron irse antes que aceptar los nuevos términos, contrarios a lo contratado inicialmente.
Los gastos, mientras tanto crecen sin mesura. Aparte del gasto interno, Chávez ha prometido una refinería para Nicaragua, bases militares para Bolivia, auxilios al Ecuador y además subsidia a Cuba y a varias islas del Caribe. Compró bonos argentinos por varios miles de millones de dólares. ¿La cobija le dará para tanto?
¿Cuál es, entre tanto, el ambiente en Venezuela? Chávez cada vez pierde más apoyo. La constitución actual la hizo a su gusto, pero ahora quiere otra nueva; una que le permita la reelección permanente, entre otras cosas. Legisla además por decreto, porque la Asamblea Nacional, órgano de bolsillo del caudillo, le dio lo que allá se llama una "ley habilitante". Puede hacer las normas que quiera sin necesidad de preguntarle siquiera a la Asamblea. En el campo político, aun los partidos que lo apoyaron, como el MAS, están descontentos porque el caudillo ha ido concentrando todo el poder, reduciendo a nada el poder de los Estados y de los gobiernos locales. Está creando estructuras de poder paralelas por todos lados. Unos consejos comunales tendrán tanto poder como las legislaturas de los Estados y sus gobernadores. Las milicias que está creando no dependen del Ministerio de Defensa, o sea que habrá también unas Fuerzas Armadas paralelas. En medio de esta anarquía todo el poder queda, finalmente, en manos del caudillo, que se verá obligado a administrar todo. ¿Lo podrá hacer bien? Recordemos que esa concentración de manejo fue lo que dio al traste con el sistema comunista en la Unión Soviética y Europa Oriental. Es lo que ha empobrecido a Cuba y Corea del Norte.
Todo este desquiciamiento, tristemente, tiene una ventaja a mediano plazo para Colombia, por lo menos en el campo militar. La amenaza de que el caudillo se aventure a una guerra regular contra Colombia se reduce porque, así tenga el más poderoso armamento, la guerra requiere oficiales y cuadros competentes. Los mejores cuadros se han ido o han sido expulsados de la Fuerza Armada Nacional (FAN). Tomará tiempo reconstruir las Fuerzas. Las milicias son un peligro para los ciudadanos venezolanos, pero no para Colombia, porque carecen del entrenamiento y los mandos necesarios para ser una fuerza militar efectiva.
Mientras tanto, la corrupción se ha disparado y también la criminalidad. Los amigos del régimen se enriquecen y la Guardia Nacional participa en todos los negocios turbios. Venezuela se ha convertido en la ruta predilecta del narcotráfico, con todo lo que ello implica. La guerrilla colombiana, acogida por Chávez, no deja de hacer lo suyo: el secuestro y la extorsión dentro de Venezuela. Los milicianos de Chávez, y todos quienes pertenecen a los círculos bolivarianos, se sienten con derecho a robar y atracar. La seguridad personal se ha convertido en una pesadilla para los venezolanos. Una encuesta reciente muestra que más de un tercio de los venezolanos quieren abandonar el país. La emigración está disparada. ¿Quiénes se van? Los mejores, por supuesto. Precisamente aquellos que se necesitan para administrar el país.
En Ecuador las cosas toman un camino similar. El presidente Correa insulta, fiel émulo de Chávez, al Congreso, a la prensa, interviene en el poder judicial, y está en proceso una reforma constitucional. Es la misma película de Venezuela, pero a mayor velocidad. También parece empeñado en crearle problemas a Colombia. Aunque lo niegue, Ecuador es refugio de la guerrilla colombiana y está cada vez más penetrado por el narcotráfico, que aumentará la corrupción tradicional de ese país. Aunque la corrupción es un mal de todos los continentes y en el nuestro ningún país se escapa, el narcotráfico siempre hace que el fenómeno se dispare y penetre profundamente todas las instituciones. Las políticas económicas del gobierno ahuyentan la inversión extranjera y nacional. Aunque Ecuador siempre ha sido políticamente inestable, la economía era relativamente sana. ¿Seguirá así? No parece.
Bolivia es lejana y no tiene frontera con Colombia, pero es socio en la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Allí también la agresiva política de Evo Morales va por el camino del intervencionismo del Estado. El país amenaza con fraccionarse porque algunas provincias, entre ellas las más ricas, como Santa Cruz, no aceptan las políticas del pintoresco presidente Morales. También en Bolivia se está redactando una nueva constitución. Los asesores para la redacción son los mismos españoles y argentinos.
Chávez ya le recomendó a Daniel Ortega cambiar la constitución de Nicaragua para poder mantenerse en el poder. La redacción de una constitución, que elimine la rotación en la presidencia y concentre el poder en el ejecutivo, es la constante en el camino de esta nueva mezcla de comunismo y fascismo que es el socialismo del Siglo XXI.
Aunque Colombia va muy bien, pues hay un buen crecimiento, inflación controlada, desempleo en descenso y seguridad en aumento, estos problemas del vecindario pueden afectar muy negativamente la marcha del país. Especialmente porque Chávez, que tanto habla de soberanía, no tiene vergüenza cuando se trata de intervenir en la política de otros países en forma descarada. Así lo hizo en Bolivia, Ecuador, Perú, Nicaragua y Méjico. En las próximas elecciones locales veremos los primeros resultados. La creación de los famosos círculos bolivarianos y el apoyo a candidatos del Polo Democrático con dineros de Venezuela, sea en forma indirecta, con becas y prebendas, o con dinero, tendrán un efecto. Por otra parte, con las fronteras sirviendo de refugio y retaguardia se hará más difícil la reducción de la narcoguerrilla.
Aparte entonces de que es doloroso ver que pueblos hermanos desaprovechan sus oportunidades de progreso por mal gobierno, los malos vecinos, Chávez, Correa, Morales, y Ortega son una amenaza para nuestro propio desarrollo y seguridad, así en el corto plazo su fracaso brinde oportunidades a los productores nacionales. Esas oportunidades a la vez generan una vulnerabilidad extrema frente a los caprichos de gobernantes autoritarios. La realidad es que, por el momento, estamos rodeados por una alianza de países hostiles que dan albergue a la guerrilla, se arman para amenazarnos y dan apoyo económico a ciertos grupos políticos.