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¿Paz en el Congo?
Colaboraciones nº 1869   |  8 de Agosto de 2007
 

(Publicado en The Washington Post, 25 de julio de 2007)

A través de Sudán, el norte de Uganda y el este del Congo, muchos han vivido a la sombra de la violencia durante décadas. Unos cuantos salvajes son leales a la oscuridad.
 
Hace dos años visité el campo de un barrio de casas de barro y alcantarillado al descubierto a las afueras de Kampala, en Uganda, donde miles de personas han buscado refugio del Ejército de Resistencia de Dios -- un grupo rebelde de tipo sectario que ha provocado quizá 100.000 muertes y desplazado a 1,5 millones de personas. Una joven que conocí había sido secuestrada por el Ejército junto con otros miembros de su aldea. Calmadamente describía la "cena de bienvenida" de su primera noche, en la que uno de los aldeanos fue asesinado y el resto obligado a comérselo con el fin de instigar un miedo conveniente.
 
Muchos de los chicos del asentamiento habían sido secuestrados por el Ejército de Resistencia y entrenados como soldados -- obligados, me dijeron, a hacer "cosas terribles" como asesinar a vecinos de su aldea natal, de modo que los chicos nunca pudieran volver. Uno de los ex soldados infantiles que conocí rondaba los 16 años. Cuando el líder del Ejército, un loco mesiánico llamado Joseph Kony visitaba a sus prisioneros, todos eran obligados a postrarse -- pero este joven miró hacia arriba por curiosidad, y uno de sus ojos fue arrancado de su cuenca.
 
El hombre al que atisbó brevemente es un inteligente criminal con un toque de demencia -- un hombre, en palabras de Joseph Conrad -- de "pasiones complacidas y monstruosas". Kony toma por esposas a esclavas sexuales secuestradas, es dado a los trances y las visiones, y afirma poder convertir las balas en agua. Su habilidad demostrada es convertir a niños en asesinos que intimidan a los aldeanos arrancando labios, orejas y narices.
 
Pero las fuerzas de Kony, bajo presión militar, se han retirado ahora a lo remoto del Parque Nacional de Garamba, en la República Democrática del Congo. El norte de Uganda ha experimentado un año de relativa paz, y muchos campesinos desplazados están volviendo a sus hogares. Con la mediación africana, Uganda y el Ejército están implicados en conversaciones de paz que han dado parte de crecientes progresos. Kony tiene un historial de sabotear las conversaciones con exigencias irracionales, pero hay esperanzas de que un Ejército arrinconado pueda eventualmente aceptar un acuerdo y deponer las armas.
 
Algunos en el Congreso piden ahora el nombramiento de un enviado especial para presionar en favor de un acuerdo final. Tales nombramientos han sido útiles en otros casos. Aquí, los mediadores africanos procedentes de Mozambique, el sur de Sudán y la Unión Africana quieren tomar la iniciativa -- y tienen necesidades más apremiantes que conseguir un enviado.
 
En primer lugar, un acuerdo de paz necesitará recursos. Los soldados del Ejército desmovilizados necesitarán asistencia médica y psiquiátrica, trabajo y educación -- una nueva vida para reemplazar las antiguas costumbres de saqueo. Los "caminantes nocturnos" ugandeses -- niños que evitan la captura alcanzando la ciudad a pie cada noche con el fin de dormir en bajos y colectores del alcantarillado -- necesitarán asistencia también. Que el Congreso y la administración Bush demuestren su seriedad con un acuerdo de paz necesitará de más que el salario de un diplomático nuevo.
 
En segundo lugar, la presión militar debe continuar. El Parque de Garamba puede sonar a destino de turismo de aventura. En realidad es un asilo para algunos de los peores asesinos de la tierra -- primero los autores hutus del genocidio de Ruanda y ahora el Ejército de Resistencia de Dios. Las fuerzas del Ejército están sembrando y buscando recursos. Hay rumores de que pueden estar rearmándose con suministros procedentes vía aérea de Eritrea o sus aliados tradicionales en Jartoum. Y contra más seguro y confiado se sienta el Ejército, menos probable es que se disuelva.
 
Naciones Unidas tiene actualmente más de 18.000 efectivos de pacificación en el Congo, con mandato para oponerse a las fuerzas de desestabilización. Deberían actuar agresivamente para evitar que el Ejército eche raíces en el Parque de Garamba. Y Estados Unidos debería apoyarlas compartiendo Inteligencia, proporcionando quizá un radar para rastrear los vuelos sospechosos a la región y pagando lo que debe a la pacificación de la ONU.
 
El obstáculo final a un tratado de paz es probable que sea el trato al propio Kony, que teme la justicia que merece. Kony está actualmente bajo el procesamiento del Tribunal Penal Internacional, y teme particularmente el juicio de La Haya. Garantizar su rendición podría implicar la promesa ugandesa de arresto domiciliario o el exilio a un país sin acuerdo con el Tribunal Internacional -- el soborno tradicional de los tiranos.
 
Al igual que Idi Amin en su exilio saudí, Kony podría vivir muchos años y morir en la comodidad. Esto no sería justicia. Pero muchas de sus víctimas parecen preferir la paz en lugar de grandes ajustes de cuentas. Y al menos la enorme oscuridad de Kony sería confinada por fin a su propio corazón.


 

 
 
© 2007, The Washington Post Writers Group


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