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Villepin, el hombre al que aplaudió la ONU
Colaboraciones nº 1860   |  1 de Agosto de 2007
 
Conocida la imputación penal de Villepin, conviene recordar que fue la persona encargada, como ministro de Exteriores, de defender la posición de su Gobierno en la ONU durante la crisis previa a la guerra de Irak. Fue aplaudida entonces su intervención, en contra de las convenciones que rigen el funcionamiento de la institución, por lo que se consideraba una defensa de la veracidad, el honor y la dignidad, frente a la mentira. Cabe preguntarse dónde quedan hoy esos valores.
 
“¿Podemos acaso considerar, en conciencia, que el desarme por las misiones de inspección, es ya una vía sin salida?”. En conciencia, lo que se reprocha a Villepin como delito es el uso de documentos falsos con la intención de dañar intereses ajenos, a la sazón la carrera presidencial de Nicolas Sarkozy. Según las más recientes declaraciones a los jueces de los implicados en el asunto, Villepin ordenó a estas personas, actuando al servicio del Estado, desvelar a la justicia una lista falsa de implicados en el cobro de comisiones ilegales, entre los que aparecía Sarkozy http://gees.org/articulo/3417/. Al parecer, según las mismas fuentes, obró bajo instrucciones del Presidente de la República, Jacques Chirac. Los jueces han prohibido que le vea.
 
Su admirado Napoleón dijo: “Puede uno detenerse mientras sube, nunca cuando desciende”. De ser esto así, las averiguaciones hechas por los jueces pueden llevarle pronto a una condena. Se conjetura que tratará de defenderse pidiendo que los hechos que se enjuician lo sean a la luz de su actuación como ministro de Exteriores, lo que le sacaría de las manos de estos magistrados, para ponerle ante la Alta Corte de Justicia, encargada de las acciones de los altos representantes de la República en el ejercicio de sus funciones.
 
“Esta intervención (bélica), ¿acaso no agravaría las fracturas entre las sociedades, entre las culturas, entre los pueblos, fracturas de las que se nutre el terrorismo?”. A esta parte de su discurso en el Consejo de seguridad, podría añadirse: ¿acaso la mentira y la intriga en el uso del cargo público no agravan la desconfianza de los ciudadanos? Si se recuerda el argumento del caso Clearstream, se advierte hasta qué punto hay abuso de poder. Lo hay sin duda cuando se calumnia a un rival de partido y se lastima su imagen para apartarlo de una ambición legítima. Lo hay sin duda cuando se usa para ello el aparato del Estado como si fuera patrimonio privado del tenedor del puesto. Por hablar de agravar fracturas.
 
La clave del asunto yace hoy en conocer si Villepin y, aparentemente Chirac, a las órdenes de quien actuaba, sabían – y quizá lo sabían porque lo ordenaron ellos - que la inclusión en las listas nefandas de Sarkozy era deliberada y falsa. Hasta ahora hay indicios que se derivan de las declaraciones de los demás implicados. Además, el presunto redactor de la lista dichosa, Imad Lahoud, está casado con la hija de un jefe de gabinete de Chirac. Por fin, dada la vaguedad de las fronteras entre algunas empresas y la República, especialmente la estrecha vinculación con directivos de la empresa aeronáutica de defensa EADS, Gergorin y Lahoud, tan cercana al poder público francés desde siempre, no resulta desorbitado pensar que sean ellos los contactados por el Jefe del Estado a través de uno de sus ministros para actuar como servicio secreto bis. 
 
“Sólo hay dos tipos de planes de campaña – según Napoleón – los buenos y los malos. Cuando los buenos fallan, es debido casi siempre a las mismas circunstancias imprevistas que hacen que los malos salgan bien”. Las circunstancias imprevistas de este, en principio, buen plan de campaña, han sido las siguientes. La elocuencia del general Rondot, encargado por Villepin de llevar en secreto la investigación sobre el asunto, y la de Gergorin, ex vice-presidente de EADS cuya misión era divulgar las listas al poder judicial. A ellas se ha sumado la ineludible informática que ha sacado del ordenador de Rondot las notas que iba tomando de sus reuniones con Villepin. Entre ellas, una clave:
 
Según la fuente MAHDI (Imad Lahoud), con la que se reunió el 24 de mayo de 2004 Jean-Louis Gergorin, este habría recibido las instrucciones de Dominique de Villepin, formuladas a su vez por el presidente de la República, de “quitarse de en medio a Sarkozy”.”
 
Resulta además que otras declaraciones no privadas de Villepin le colocan en una situación lejana a la inocencia. Así, tras el consejo de ministros de 7 de julio de 2004, según publica L’Express, dice “Nicolas está vendido, tiene un sucio asunto que le persigue”, al entonces primer ministro Raffarin. Al director de Le Point le comenta imprudentemente poco tiempo después “Sarkozy está acabado. Si los periódicos hacen su trabajo y tienen h…, no sobrevivirá a este asunto”. Y según el siempre locuaz general Rondot, después de averiguar este mismo que la lista tiene elementos falsos, Villepin le confiesa el 19 de julio de 2004 “Si aparecemos, el presidente de la República o yo, salimos despedidos” http://www.lexpress.fr/info/france/dossier/clearstream/dossier.asp?ida=458952&p=3 .
 
“En este templo de las Naciones Unidas, somos los guardianes de un ideal, somos los guardianes de una conciencia. La pesada responsabilidad y el inmenso honor que nos invaden deben conducirnos a dar la prioridad al desarme en la paz. Y es un viejo país, Francia, un viejo continente como el mío, Europa, el que se lo dice hoy, que ha conocido guerras, la ocupación, la barbarie. (…)Fiel a sus valores, quiere actuar con decisión junto con todos los miembros de la comunidad internacional. Cree en nuestra capacidad de construir juntos un mundo mejor”. Resulta que Francia cree efectivamente en un mundo mejor. De ahí que este guardián de la conciencia, este responsable lleno de honor, que apela a la paz desde su autoproclamada superioridad, esté hoy imputado penalmente por mentir y falsificar, tratando así de lograr un provecho político para sí y su jefe. Esto que dijo al Consejo de Seguridad el 14 de febrero de 2003, y ante lo que hubo que aguantar un aplauso, era probablemente tan sincero como cuando anunciaba el 27 de julio de 2007, a la salida del tribunal:
 
He actuado para hacer frente a amenazas internacionales, a amenazas relativas a nuestros intereses económicos. Es estrictamente en este marco en el que he actuado, era mi deber como ministro”.
 
Es así probable que trate de evitar a la justicia ordinaria e intente lograr un juez más comprensivo en la Alta Corte de la República, si puede hacer creer a alguien que hay algo en el caso Clearstream que tenga que ver con las funciones de ministro de Exteriores. Sin embargo, como a todo progre en una situación de apuro, se le abre una oportunidad de oro para decir la verdad. Lograría así salvar su dignidad y la de los cargos que ocupó, dando incluso la opción a Chirac para que se defienda, si puede.
 
Napoleón dijo: “Imposible, no es una palabra francesa”. No es imposible que Villepin trate de enmendarse, de hacer lo que a un privilegiado como él, al que se le ha dado todo y que tiene mimbres con los que se puede construir a una persona decente y hasta cultivada, Francia tiene derecho a exigirle. Pero es improbable. Como habla bien el español, no se enojará porque se le recomiende. En todo caso, muchos sectores serios de la Francia actual, desde los intelectuales a los tribunales, pasando por una ciudadanía hastiada de que la mientan y le hurten dinero a través de los fondos públicos, han pasado una página. Una página que va desde el primer intento real de reformar el Estado para acabar con la deuda pública (http://www.lepoint.fr/content/debats/article?id=193061), hasta la responsabilidad penal de los políticos corruptos. La limpieza del Estado irá tan en serio en un ámbito como vaya en el otro. Sólo son síntomas, pero como síntomas, no son malos.

 
 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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