Uno de los problemas más frustrantes en Irak parece ser su capacidad de generar una cantidad ínfima de rabia.
En una especie de experimento químico maligno, potencias hostiles están añadiendo catalizadores al emulsionador caos de Irak. Irán introduce de contrabando los dispositivos explosivos avanzados que matan y merman a los soldados americanos. Siria permite el tránsito de terroristas suicida que asesinan a iraquíes en mercados y mezquitas, alimentando el odio sectario.
Esta no es una explicación completa de las dificultades en Irak. El gobierno pobre y la parálisis política existirían si Irán y Siria se entrometieran o no. Pero sin estas influencias ajenas, me decía recientemente Tony Blair, la situación en Irak sería "casi maleable".
América no tiene simplemente desafíos en Oriente Medio; tenemos enemigos que contribuyen a las muertes de nuestras tropas. Pero aún así, los americanos han demostrado poco valor, y la reacción militar ha sido muda.
Una respuesta más firme estaría justificada, pero con las elecciones no es ni obvia ni fácil.
Irán, la principal amenaza estratégica, tiene dos tendencias enfrentadas: no quiere caos a largo plazo en el vecino Irak, pero quiere que América fracase allí estrepitosamente. La segunda tendencia es actualmente ascendente porque los iraníes tienen esperanzas de que América se encuentre al borde de un humillante colapso de voluntades -- una irresistible fuente de placer inmediato para ellos. De modo que los grupos paramilitares iraníes se entrenan y arman a las milicias chiitas radicales, y proporcionan dispositivos explosivos que también se abren camino hasta los grupos sunitas radicales.
No es probable que la diplomacia diestra cambie el interés iraní en la derrota americana.
Irán exigiría un estímulo inaceptable para dejar de interferir en los intereses americanos en Irak: la autorización para proceder con su programa nuclear. América adquiriría ventajas tácticas en Irak a un precio colosal -- una pesadilla estratégica para todo Oriente Medio.
Las presiones económicas adicionales sobre Irán y sus satélites incrementarían el precio de su presente curso. Esta semana, el Presidente Bush suscribía una orden ejecutiva que pone financieramente sus miras en grupos y particulares que reclutan y envían terroristas a Irak. Pero cualquier presión real en esta zona exigirá que los europeos tomen medidas propias.
También hay enfoques más directos. A comienzos de este año, el Presidente Bush anunciaba una operación coordinada dirigida contra las actividades paramilitares iraníes en Irak, y el incremento de efectivos se ha ocupado de las milicias radicales más directamente. Las acciones adicionales podrían implicar incrementar los registros contra los iraníes en Irak que explotan puestos de trabajo legítimos como tapadera.
Más allá de las fronteras de Irak, las opciones pasan a ser más difíciles: meterse a capturar las líneas de suministro de armamento a lo largo de la frontera iraní, o golpear las fábricas de explosivos y zonas de tránsito dentro de Irán. A este tipo de escalada se oponen tanto el gobierno iraquí como los líderes militares americanos. El Departamento de Defensa teme lo que se llama "tensión de escalada" -- que significa que en un conflicto más extendido, los iraníes podrían complicar nuestras vidas en Irak y la región más de lo que complicamos las suyas.
Siria, sin embargo, es lo que un ex funcionario de la administración llama "la fruta más a mano". Las provocaciones son casi igual de severas. El régimen baazista de Siria proporciona una base de operaciones para sus camaradas baazistas iraquíes involucrados en la insurgencia sunita. Terroristas suicida procedentes de Arabia Saudí y el norte de África llegan en avión a Damasco. Se calcula que entre 50 y 80 cruzan la frontera de Irak cada mes. Los sirios afirman carecer de la capacidad para detenerles; de lo que carecen es de la intención.
Presionar a Siria no carece de sus propias complicaciones. El régimen puede provocar más sufrimiento a su rehén libanés, o incrementar las tensiones con Israel. Y nuestros aliados europeos son más reticentes a las sanciones contra Siria que contra Irán, porque Siria no es una amenaza nuclear.
Pero aquí las opciones apremiantes son más serias. Las recientes operaciones con éxito en la provincia de Anbar fueron llevadas a cabo, en parte, para dar al traste con el suministro de terroristas suicida que atraviesa Siria. También tendría sentido perseguir objetivos en Siria según esta teoría: los sirios dicen estar indefensos a la hora de impedir el flujo de asesinos que matan a iraquíes inocentes, de modo que lo intentaremos nosotros.
Incrementar la presión de todo tipo sobre Siria demostraría que formar parte de una alianza antiamericana con Irán conlleva consecuencias desagradables. Y cuando esa presión pese lo suficiente, se hace posible ofrecer a Siria un camino de salida que la desvincule de Irán.
Estas son respuestas realistas a las serias provocaciones de Irán y Siria: incrementar la presión económica sobre ambos regímenes; intensificar las operaciones dentro de Irak contra la influencia extranjera; y tomar medidas limitadas pero contundentes contra la caravana de terroristas del Ho Chi Minh de Siria.
En combinación con la estrategia Petraeus, estas medidas mantienen la promesa de algo impensable hace unos meses: América, una vez más, a la ofensiva estratégica.