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La integración de los inmigrantes pasa por la adopción de valores democráticos
Análisis nº 208   |  31 de Julio de 2007
 
La visión paternalista del Estado frente a los inmigrantes solo ha traído fracaso. No son víctimas de nuestro sistema de valores. Precisamente vienen con la intención de buscar un futuro en nuestro engranaje social, político y económico.
 
Las sociedades avanzadas están creciendo por los flujos migratorios. Las viejas naciones occidentales están cambiando su estructura social a un ritmo vertiginoso, como es el caso de España, por la afluencia de nuevos vecinos que traen consigo su cultura, sus valores y su visión del mundo.
 
La integración de los recién llegados necesita una política que conecte con otras muchas, cuyo común denominador sea la integración basada en valores democráticos, en la libertad del individuo como protagonista de su propio proyecto vital.
 
Asunción de valores democráticos
 
Hace años que se ha podido comprobar la laxa política de inmigración que apoyan los que se llaman de izquierdas. Sobre todo, porque está basada en actitudes demagógicas cuyos frutos estamos padeciendo en España desde hace un par de años.
 
La proclamada Alianza de Civilizaciones de Zapatero no es más que una tapadera a la falta de ideas y de conceptos claros. Se confunde la libertad con el mal llamado multiculturalismo. Hay que ser inflexible con aquellos que se escudan en la diversidad cultural e ignoran el legado democrático de las sociedades occidentales, para seguir manteniendo códigos de conducta contrarios a la libertad, tanto individual, como colectiva. La culpa no es de ellos, sino de la crisis de valores por la que atraviesa Occidente. No podemos exigir que los que llegan de fuera asuman un modelo de convivencia, que hasta ahora ha resultado ser el menos malo, si nosotros tampoco lo reconocemos, lo impulsamos y lo defendemos. No hay que tener miedo a un cambio de pigmentación, sino a perder la libertad que tanto ha costado conquistar. 
 
Hay una serie de principios que no podemos perder de vista, ni nosotros, ni los que llegan, como es el caso de la igualdad ante la ley, la dignidad para el hombre y la mujer, la igualdad de oportunidades, la tolerancia y la pluralidad de opinión, el valor del esfuerzo. Si eso lo tenemos claro, será más difícil que nuestro sistema de valores se destruya, que la democracia se debilite.
 
Por eso ha fracasado la Alianza de Civilizaciones. No se pueden establecer coaliciones con quienes no comparten los principios antes mencionados. No hay civilización posible si no se dignifica al ser humano, sea del sexo que sea, si no se le permite vivir en libertad, opinar y participar ordenadamente en la estructura social. La asimilación de estos valores debe constituir una exigencia para los que llegan. Y hay que estar atentos para detectar si se asumen estos valores democráticos o no. De lo contrario, los Estados estarán en su perfecto derecho de mandarlos de vuelta a su lugar de origen.
 
Se habla de la idoneidad de la llegada de inmigrantes porque nos ayudarán a resolver nuestros problemas demográficos y de mano de obra. Esto debe completarse con su plena integración social que pasa por la asunción de los valores democráticos. No se les puede contemplar solo desde la perspectiva de la conveniencia económica. No es tan difícil si se les facilita, ya que sabemos que solo un 7% no se quiere integrar y que un 14% viven en guetos (chinos, principalmente). Es cuestión de tener las ideas claras y de desarrollar políticas ad hoc.
 
La educación, una clave
 
Nuestro modelo educativo hace aguas. Es malo en casi todos los aspectos porque no hemos sido capaces de establecer estrategias educativas a largo plazo. El sistema educativo no es constante y por eso, las generaciones que se van sucediendo reciben formas y estructuras de comportamiento distintos que repercuten en nuestro estilo de vida y la adopción de valores, tanto de los que estamos, como de los que llegan.
 
No está preparado para la nueva sociedad que se perfila. Hay que evolucionar hacia un modelo integrador perdurable en el tiempo, independientemente de los gobiernos de turno. Necesitamos instituciones educativas fuertes, con reglas del juego claras, que premien el esfuerzo y el trabajo. Si no tenemos claros nuestros valores no seremos capaces de defenderlos.
 
La Hispanista sueca Iger Enkvist, proponía un ejemplo durante su intervención en el Seminario sobre “Demografía e Inmigración, consideraciones y consecuencias”, del Campus Faes 2007. Explicó que en Suecia se puso en marcha un experimento educativo basado en la libertad absoluta como medida de integración de los nuevos vecinos, sin tener en cuenta al alumno como educando, solo desde la perspectiva de su origen.
 
Tampoco se tuvo en cuenta el curricula del docente, sino que se prestó más atención a su capacidad de empatizar con el alumno. Resultó que la teoría del entorno como vehículo de integración fue un rotundo fracaso porque se permitió que cada alumno se guiara por sus propias motivaciones, costumbres y origen. Los grupos donde se erigió un buen líder avanzaron favorablemente. El resto, fracasó. El sistema no contemplaba una igualdad de oportunidades, ni de curricula, ni de valores que había que asumir.
 
Lo que es claro es que hay que ir hacia una integración siempre que haya una cohesión interna. Hay que integrar de acuerdo a algo concreto. La educación debe tener una calidad formal, debe enseñar a pensar, a estructurar el pensamiento. Hay que enseñar de forma sistemática, no pasar sistemáticamente. El alumno debe aprender la democracia practicándola, respetándola en su entorno, no con asignaturas de pensamiento único, como es el caso de Educación para la Ciudadanía, que está más cerca de ser una arenga política que una verdadera educación en valores.
 
Para completar el circulo de la integración en valores democráticos, hay que observar el entorno familiar del educando. La madre es una pieza clave. Es muy importante facilitar formación a las madres de estos nuevos niños para que no haya divergencias entre lo que aprenden y lo que se les enseña en el hogar: conocimiento del idioma, el respeto a la mujer, a la integridad de la persona, a la ley.
 
Es importante que el Estado desarrolle programas de integración a través de la cultura y el ocio, que los medios de comunicación se involucren en ello, e incluso, que patronal y sindicatos establezcan mecanismos de capacitación para mejorar la cualificación de los nuevos trabajadores, de acuerdo a la demanda del mercado.
 
En definitiva, el alumno inmigrante debe sentir la democracia como algo suyo que hay que conservar y mejorar. No se trata de despedirse del país de origen, se trata de asumir la nueva cultura de acogida. Generalmente, el inmigrante está muy abierto al cambio, suelen emigrar los mejores, y los más valientes. Esta buena disponibilidad de partida es fundamental como base para la integración.
 
Una visión liberal del inmigrante
 
El modelo de Estado de Bienestar que disfrutamos en occidente puede llevar a visiones paternalistas de los ciudadanos, si no se gestiona adecuadamente y se cae en políticas demagogas.
 
El ejemplo claro son las prestaciones a los dependientes. Es absolutamente necesario que el Estado ofrezca una cobertura sanitaria, económica y social a las personas dependientes. Ello no quiere decir que, automáticamente, todos los ciudadanos seamos dependientes.  No hay que considerar a los ciudadanos “menores de edad”.
 
La excesiva dependencia del Estado del Bienestar genera un efecto llamada, sobre todo, si está basado en la destrucción del individuo con su entorno familiar, si lo único que se pretende es crear más Estado, que hace las veces de “cuidador” y de familia. La socialdemocracia ha creado un falso individualismo basado en la alta dependencia del Estado.
 
Hoy, los inmigrantes están salvando nuestra carencia de niños. Mañana ellos también formarán parte de una población envejecida porque a medida que se vayan integrando en nuestro modelo social, en nuestra mentalidad y costumbres, llegará un momento es que se conduzcan como nosotros.  La segunda  generación será la de reducción en número de hijos. Por tanto, los servicios para atender a las personas dependientes serán cada vez mayores.
 
No hay que fomentar la cultura de la dependencia por que sí.
 
La ex ministra alemana, Ursula Lehr, afirma que el 63% de los inmigrantes llegados a Alemania son autónomos, frente al 20% que representan los ciudadanos nativos. Según sus datos, los inmigrantes españoles fueron regresando a España y por eso, hay pocos mayores en Alemania de origen español. Es bueno desarrollar programas de cooperación para el retorno al país de origen, con la capacitación adecuada para poder emprender también allí.
 
El Consejero de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández Lasquetty sostiene que “los inmigrantes no son víctimas, son emprendedores. Los sistemas de solidaridad deben ser para los que realmente lo necesitan, como el resto de la sociedad”. Desde su Consejería se ha puesto en Marcha un Plan de Integración 2006- 2008, que integra todo un programa de cooperación al desarrollo, donde el protagonista es el inmigrante como alguien individual, no como un colectivo con necesidades idénticas.
 
Conclusiones
 
Hoy, existe una multietnicidad en Europa que no comparte cultura y valores comunes, de modo que el reto está en integrar a los nuevos vecinos en la sociedad de valores democráticos occidentales, que son los que mayor prosperidad y paz deparan. La educación y los programas de integración- que no de dependencia- parecen ser un camino adecuado a tal fin.
 
Hay que controlar los flujos migratorios y hay que controlar las fronteras. Los gobiernos que no lo hacen son irresponsables porque la capacidad de acogida de calidad tiene unos límites. El sistema “papeles para todos” se volverá en contra de los nuevos vecinos sin tener culpa de ello, y serán víctimas de respuestas agresivas de una sociedad que tiene la sensación de saturación. Es preferible controlar antes y no sufrir las consecuencias después, cuando no haya condiciones, ni servicios que ofrecer.
 
En España, el peso de la política inmigratoria recae sobre las Comunidades Autónomas.  En Madrid, por ejemplo, de cada 100€, solo 2’5 son aportados por el Gobierno Central.
 
En Canarias, uno de los problemas es la atención a todos los menores que llegan en los cayucos. Los cabildos insulares están haciéndose cargo de la custodia de estos menores, porque la responsabilidad recae sobre la Comunidad Autónoma.
 
Comparto la filosofía del diputado del Parlamento Sueco de origen chileno, Mauricio Rojas: ni asimilación,  ni multiculturalismo. La asimilación como tal es imposible porque no se puede- ni se debe-  quitar la cultura de base para adoptar otra nueva. El multiculturalismo como lo vivimos hoy es ineficaz, porque una sociedad abierta y libre no es compatible con otras que niegan valores fundamentales, como es la libertad de opinión y expresión (recuérdese el escándalo como consecuencia de las caricaturas de Mahoma en Dinamarca), la igualdad del hombre y la mujer, la igualdad ante la ley, la libertad de Credo.
 
Por un complejo de inferioridad de las sociedades occidentales, se ha permitido que se formen islas multiculturales que han perjudicado la estructura social. El “modelo pizza” de Mauricio Rojas parece el adecuado: hay que fabricar la diversidad dentro de un fondo común, que incluya las leyes, su conocimiento, el origen y de las mismas, así como la identidad de los valores occidentales.
 
En este modelo también cabe un Islam europeizado, donde se desechen prácticas de exclusión y fundamentalismo. Hay que trabajar para que esta religión premoderna se adecue a los tiempos modernos. Hay que apoyar, reconocer y dialogar con los imanes que trabajan en esta línea- que los hay- y tratar de trabar todas esas inversiones que provienen de países fundamentalistas para que ese paso hacia la modernización se trunque.
 
Debemos creer y defender nuestros valores para poder ofrecerlos a los que llegan, para que los asuman y comenzar a construir una verdadera convivencia en el mundo globalizado que nos ha tocado vivir.

 
 
Ana Ortiz es Analista Adjunta en el área de Inmigración y Seguridad Interior.


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