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Abandonar a Petraeus
Colaboraciones nº 1852   |  27 de Julio de 2007
 

(Publicado en The Washington Post, 13 de julio de 2007)

La clave para dar un vuelco [a Anbar] fue el cambio de lealtades por parte de los jeques tribales. Pero los jeques cambiaron solamente después de una prolongada ofensiva por parte de las fuerzas americanas e iraquíes, comenzando en noviembre, que puso a la huida a los grupos de al -Qaeda”.
-- New York Times, 8 de Julio.
 
Por fin, tras cuatro años terriblemente largos, sabemos lo que funciona. O lo que puede funcionar. Hace un año, un informe confidencial de la Inteligencia marine declaraba perdida la provincia de Anbar (que comprende alrededor de un tercio del territorio de Irak) frente a al-Qaeda. Ahora, en lo que John Burns, del Times, llama "un éxito sorprendente", los jeques tribales se han unido a nuestro bando y comprometido grandes cifras de guerrilleros que, en concierto con las fuerzas americanas e iraquíes, han expulsado en gran medida a al-Qaeda y convertido su anterior fortaleza de Ramadi en una de las ciudades más seguras de Irak.
 
Comenzó con una ofensiva encabezada por Estados Unidos que mató o mermó a más de 200 guerrilleros enemigos y capturó a 600. Más importante fue lo que vino después. No una retirada de vuelta a las bases americanas, sino el despliegue de pequeños destacamentos dentro de la población que, junto con las fuerzas tribales y nacionales iraquíes, han traído relativa estabilidad a Anbar.
 
Lo mismo ha comenzado a suceder en muchas de las zonas sunitas alrededor de Bagdad, incluyendo la provincia de Diyala -- considerada tan perdida como Anbar hace apenas un año -- donde, por ejemplo, el grupo insurgente sunita “Brigadas de la Revolución” se han revuelto contra al-Qaeda y se han unido a la lucha del lado de Estados Unidos y las fuerzas gubernamentales iraquíes.
 
No sabemos aún si esta estrategia funcionará en los vecindarios mixtos sunitas-chi'íes. Tampoco podemos estar seguros de que esta cooperación entre fuerzas sunitas esencialmente tribales y un gobierno central esencialmente chiíta vaya a durar. Pero lo que no puede decirse -- aunque ahora se escuche a diario en Washington -- es que el incremento gradual, que es el anticipo de la nueva estrategia de contrainsurgencia del General David Petraeus, haya fracasado. La tragedia es que, al mismo tiempo que se ha descubierto una estrategia que funciona, algunos Republicanos del Senado han perdido los papeles y quieren suspender la financiación.
 
Es comprensible que los Senadores Lugar, Voinovich, Domenici, Snowe y Warner ya no confíen en el juicio del Presidente Bush cuando les pide que esperen hasta que Petraeus informe en septiembre. Lo que no es comprensible es la moción de censura contra Petraeus que están aprobando. Éstos son los mismos Senadores que le enviaron de vuelta a Irak mediante una votación 81 a 0 para instituir su nueva estrategia de contrainsurgencia.
 
Hace un mes, a Petraeus se le preguntaba si aún podíamos ganar en Irak. En general, que había asistido recientemente a dos sepelios de soldados caídos bajo su mando, respondió que si pensase que no podíamos ganar, no estaría arriesgando la vida de un solo soldado.
 
Justamente esta semana, Petraeus decía que lo que necesita por encima de todo es tiempo. Suspender el plan de Petraeus justo cuando empieza -- las últimas tropas del incremento apenas llegaban el mes pasado -- bajo la premisa de que no podemos tener éxito es declarar a Petraeus o engañado o deshonroso. Engañado en que, como el americano de más alta graduación en Bagdad, aún cree que podemos tener éxito. Deshonroso al simular creer en la victoria y enviar soldados a morir en lo que realmente sabe que ella una estrategia fracasada.
 
Esa es la lógica de la temblorosa postura de los Republicanos. Pero en lugar de culpar a Petraeus, prefieren echar la culpa al Primer Ministro Nouri al-Maliki y señalar la incapacidad de su gobierno para cumplir "los plazos" políticos exigidos. Como crítico veterano del gobierno Maliki, estoy de acuerdo en que ha demostrado ser incapaz de aprobar leyes importantes para la reconciliación nacional a largo plazo.
 
Pero primero viene el plazo corto. Y ahora mismo tenemos la posibilidad de seguir aislando a al -Qaeda y, provincia a provincia, negarle el sustento sunita del que se alimenta. Hace un año, parecía que el único modo de ganarse otra vez a los sunitas y neutralizar a los extremistas era con grandes pactos nacionales sobre el reparto de poder y el petróleo. Pero Anbar ha demostrado de pronto que incluso sin estos acuerdos constitucionales, la insurgencia se pueden neutralizar y al-Qaeda ser derrotada a niveles local y provincial con una estrategia de contrainsurgencia nueva y robusta.
 
Los costes son desgarradoramente elevados -- bajas americanas incrementadas al hacer frente al enemigo y atentados suicida espectaculares diseñados para aterrorizar a los iraquíes y desmoralizar a los americanos. Los riesgos también son extremadamente elevados.
 
A largo plazo, los acuerdos sobre petróleo, federalismo y des-baazificación son cruciales para estabilizar Irak. Pero su ausencia en este momento no es motivo para abandonar con desesperación, ahora que por fin tenemos una estrategia de contrainsurgencia en vigor que está demostrando éxito contra el enemigo con diferencia -- al-Qaeda -- que tanto críticos como partidarios de la guerra sostienen que tiene que ser combatido en todas partes y a cualquier precio.


 

 
Charles Krauthammer fue Premio Pulitzer en 1987, también ganador del National Magazine Award en 1984. Es columnista del  Washington Post desde 1985.
 
 
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