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ETA: avances políticos, dudas estratégicas.
Colaboraciones nº 1834   |  18 de Julio de 2007
 
Es inminente un atentado de ETA. En ello coinciden los expertos de los cuerpos de seguridad, los analistas políticos y los propios portavoces de los movimientos cercanos a la actividad terrorista. Es posible, incluso, que estemos en medio del dolor en el momento de leer esto. La banda terrorista, reforzada políticamente por una errónea política del gobierno de Rodríguez Zapatero, quiere iniciar una ofensiva criminal, confusa entre sus avances políticos y las diversas opciones que ellos califican de “militares”.
 
ETA salió reforzada de los tres primeros años de gobierno de Rodríguez Zapatero. La banda terrorista llegaba a marzo de 2004 sometida a presión total en todos los frentes: político, con la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista; financiero, con el cerco a los mecanismos de recaudación del “impuesto revolucionario”, el bloqueo de sistemas de blanqueo de dinero y el corte de algunas fuentes de aportación de dinero desde colectivos nacionalistas en Latinoamérica; judicial, con una ofensiva sin precedentes contra cualquier expresión de complicidad, solidaridad, colaboración o ayuda a la banda o sus organizaciones encubiertas, y, obviamente, el policial, que ha permitió la desarticulación de varias direcciones del grupo criminal a ambos lados de los Pirineos.
 
Pero la reorientación estratégica frente al terrorismo que comenzó con la victoria socialista en las elecciones generales les facilitó el oxígeno que necesitaban de urgencia. Ya hemos escrito sobre eso: la insistencia en convertirlos en interlocutores “para la paz”, la admisión de concesiones que permitieron levantar el cerco judicial, la admisión de discutir sobre “el conflicto vasco” y algunos gestos simbólicos devolvieron a ETA la moral, la presencia en algunos ayuntamientos vascos, el protagonismo en la sociedad y los medios de comunicación y redujeron a casi nada la acumulación de estímulo, legitimación y esperanza que había atesorado la sociedad española en torno a las victimas y a sus representantes y autoridades democráticas.
 
Una cosa es avanzar, otra es explotar los avances
 
Sin embargo, la banda terrorista no está en condiciones de explotar ese avance y eso se  debe a  distintos factores. Uno de ellos ha sido la firmeza y la evolución política de Francia.
 
Paris ha venido observando con atención minuciosa las evoluciones del gobierno de Rodríguez Zapatero en torno a la banda ETA en sus esfuerzos por conseguir una neutralización de las acciones terroristas desde el apaciguamiento. Observada la nueva estrategia, Francia ha tenido que moverse entre la firmeza necesaria contra el terrorismo y no chocar abiertamente con el gobierno español, no solo por compromisos anteriores con España sino también como parte de un mensaje a su propia sociedad además de no facilitar la posibilidad, remota pero no descartable, de un crecimiento del nacionalismo vasco en territorio francés.
 
Una sensación de victoria, incluso aunque solo fuera subjetiva y aparente, por parte del nacionalismo vasco en general, le dicen a Sarkozy sus asesores, llevaría el contencioso a territorio vasco francés aunque esta vez con los elementos invertidos. Desde la base española se diseñarían campañas de propaganda, y quien sabe si acciones violentas, para “extender a Iparralde el conflicto vasco” y la “necesidad de que Paris negocie”. De ahí se derivó una doble jugada francesa: de un lado facilitar los contactos entre el gobierno y español y ETA controlándolos todo lo posible (de ahí el teléfono de un asesor de Sarkozy encontrado al etarra Jon Iurrebaso detenido cuando iba a reunirse con un emisario español en una operación rutinaria de la policía francesa), y de otro lado mantener la presión policial sobre ETA, denunciando al gobierno español cómo aprovechaban la tregua para reamarse, cómo en su agenda no estaba llegar a ningún compromiso sino arrancar concesiones imposibles y avisar a Rodríguez Zapatero con toda delicadeza pero con firmeza que el camino emprendido iba a un callejón sin salida.
 
Por cierto, que aquella detención de Jon Iurrebaso ha acabado en una comedia de enredo  en la Audiencia Nacional. De la operación policial francesa pueden acabar desprendiéndose consecuencias políticas inesperadas para el presidente del gobierno español.
 
El etarra detenido no solo llevaba el teléfono de un asesor de Sarkozy sino también dos números de móviles de tarjetas prepago españolas que la policía francesa tiene bastante identificados y cuyos usuarios podrían resultar una nueva incomodidad para las autoridades de Madrid. Además, el etarra tenía en su poder una unidad USB, ahora en manos de los jueces franceses sin que el gobierno de París pueda neutralizar sus efectos, con la agenda de los contactos, algunos apuntes sobre las reuniones ya sostenidas y un protocolo de negociación. Una requisitoria judicial francesa para que se investigue todo esto acaba de llegar a la Audiencia Nacional que ha encargado la investigación al juez del Olmo, cuya instrucción del juicio del 11-M no ha sido precisamente modélica.
 
Al final, a pesar de los esfuerzos etarras y del gobierno para que no hubiera filtraciones interesadas (ahora solo ETA las hace a través de Gara) y de decidir que las actas de las reuniones se guardaran en manos de los intermediarios suizos tras una propuesta etarra de que las guardara el Vaticano pero que el Vaticano rechazó, las discutidas actas puede que lleguen a la opinión pública española desde los jueces franceses… ¡las vueltas de la vida!
 
Por eso, la llegada de la solicitud francesa de investigación ha creado consternación y luchas entre jueces en la Audiencia Nacional. El gobierno prefiere que sea el inefable juez Garzón el que la lleve a cabo, el juez que no ha avanzado en la búsqueda de quien le filtró a ETA una operación policial por orden de un juez en plena negociación.
 
Un segundo factor es la situación internacional. Es verdad que ETA se ha rearmado y reestructurado durante la tregua pero cada vez esto se produce en situaciones mas adversas para el terrorismo nacionalista vasco: el mercado de armas de los Balcanes está cada vez más controlado; la duplicación de los sistemas de control antiterrorista por la amenaza islamista, que ha llevado a la detención accidental de etarras, reduce los  márgenes de actuación de ETA y les quita protagonismo, y los viejos amigos de ETA o se han diluido, o han optado por la derrota honrosa como el IRA, o forman parte de intereses mas complejos, como el caso de Cuba o Venezuela, en lo que la banda terrorista vasca es, a lo sumo, una herramienta de usar y tirar. Criminal, peligrosa, pero perfectamente prescindible si hay concesiones suficientes.
 
Otro factor lo constituye la red de información y penetración de los servicios de inteligencia y de seguridad españoles en el entorno etarra desde hace casi una década.
 
A pesar de la caída de la red “Hurón” como consecuencia de la incontinencia verbal del espía Perote en sus aventuras político-judiciales, lo esencial se mantuvo. Y a pesar también de que, para facilitar la nueva estrategia, el gobierno de Rodríguez Zapatero quiso contener algo las cosas y algunos de sus colaboradores mas entusiastas crearon el clima que hizo posible incluso un chivatazo a ETA para impedir una operación policial en medio de las bailes de seducción, los agentes españoles en el sur de Francia mantuvieron sus posiciones y su información. Ahora, los frutos de aquel trabajo han servido para neutralizar tres grandes proyectos criminales de ETA y, aunque no son una garantía para el futuro, porque nadie puede ofrecer esa garantía, han golpeado la moral de la banda terrorista.
Pero, lo mas importante, la acción de las fuerzas de seguridad han llevado de nuevo al interior de la banda terrorista la sensación de estar infiltrados y agujereados hasta el punto de que su dirección ha puesto en marcha “mecanismos extraordinarios” que han llevado a purgas de supuestos confidentes, que han sembrado la desconfianza y que, a la vez, puede precipitar una acción criminalmente descomunal como intento de salida a la crisis.
 
El Gobierno no busca la derrota sino “la paz negociada”
 
En ese contexto favorable a las acciones del Estado, el Gobierno sigue en sus trece aún con los actuales éxitos policiales. Esta ofensiva policial, de la cual hay que felicitarse y felicitar a los servicios de seguridad y de inteligencia, no está orientada sin embargo a la derrota policial de ETA sino a convencer a la banda que no le queda mas remedio que aceptar sentarse en la mesa de negociación planteando propuestas “asumibles”. El gran trauma del presidente Rodríguez Zapatero es que, cuenta él mismo a sus íntimos, “habiendo hecho un esfuerzo tan grande por la paz, no ha encontrado receptores ni en el bando terrorista, que no acaba de entender que está ante una oportunidad única y tal vez última, ni en la derecha de siempre que solo quiere la confrontación”.
 
En esa frase, ampulosa como todas las suyas, se esconde toda una filosofía del problema del terrorismo en España. Para Rodríguez Zapatero se acaba con el terrorismo integrándolo al sistema porque, en el fondo, es la consecuencia de un problema no resuelto.
 
Más de lo mismo. Para Rodríguez Zapatero el terrorismo es una sucesión de acciones criminales. Si se acaba con éstas, “cueste lo que cueste” la paz estará mas cerca. Esa es su posición ideológica y en ella están también los terroristas. Lo que negocia se negocia es “cuánto” debe costar esa paz y en eso no acaban de ponerse de acuerdo porque el presidente quiere evitar dar la razón a quienes afirman que está dispuesto a romper España y los terroristas solo quieren precisamente eso: garantizar esa ruptura.
 
Porque el terrorismo, obviamente, no es la organización de acciones criminales sangrientas. Es, fundamentalmente, una estrategia para un proyecto totalitario en el que el la “lucha armada” y sus crímenes tan son solo una parte. Cuando dirigentes del PNV han afirmado en el pasado, y algunos en la actualidad, que solo les separa de ETA los métodos no los fines, está todo dicho.
 
Para los nacionalistas, ningún pueblo ha cumplido su “misión en la historia” sin la organización de un Estado propio. El Estado no es para ellos, resultado y necesidad de la organización de un sistema de libertades, de legalidad y de bienestar sino la plasmación plástica de un mito, la reparación de un agravio histórico, la realización de un sueño colectivo aunque con ello arrollen los derechos individuales, porque un pueblo mítico asume mas derechos que los ciudadanos que lo componen.
 
Esa idea, que lleva hasta Hitler, no es combatida desde el gobierno español sino reafirmada al aceptar la existencia de un contencioso, al sentarse a negociar la gestión del mismo y renunciar a una derrota con las armas y las leyes de la democracia para conseguirlo en un “pacto sobre el conflicto mismo”.
 
Todo eso hace que ETA se enfrente con confusión a la siguiente etapa. Sus divisiones internas, presentadas desde el gobierno y sus aledaños como disputas entre “duros” y blandos” no son mas que discusiones sobre como afrontar la siguiente fase. No hay quienes se opongan al crimen sino quienes difieren de la forma de presionar al gobierno. El gran argumento de José Ternera y los suyos frente a Eciolaza Galán, “Dienteputo”, y Garikoitz Aspiazu, “Txeroqui”, es que una excesiva presión puede llevar al PP al gobierno y entonces se habrá acabado “la gran oportunidad que nos ofrece ahora el gobierno de Rodríguez Zapatero”.
 
Recomposición pero no tanto
 
La banda terrorista se ha recompuesto durante la tregua. Ha conseguido reponer su arsenal de armas cortas, como las pistolas robadas en Francia, y acumular algunos explosivos o componentes y elementos que permitan fabricarlos. A la vez, ha aprovechado para reforzar sus estructuras organizativas y de seguridad y agilizar los mecanismos clandestinos. Pero no ha sido suficiente. ETA venía de una crisis profunda, no le es tan fácil reclutar pistoleros y ponerlos en la calle con la suficiente preparación, la presión francesa se ha mantenido y, como decíamos mas arriba, la situación internacional, los referentes ideológicos cada vez mas escasos y confusos en el pistolerismo vasco y la falta de renovación de la propia base sociológica del nacionalismo radical han planteado tareas que exigen mas tiempo y veteranía.
 
ETA se ha rearmado moderadamente, ha iniciado una línea de experimentación con nuevos materiales para fabricar o aumentar la potencia de los explosivos, ha intentado mejorar los mecanismos de utilización de los teléfonos móviles para activar las bombas y está experimentando con un novedoso sistema de protección electrónica que haría de inhibidor para mecanismos de seguimiento a distancia y para algunos sistemas de escucha eventualmente utilizados por los servicios de seguridad, tanto españoles como franceses. Pero todo esto lo conoce bastante bien la Policía y, a la vista está que, de momento, a la banda terrorista no le ha servido de mucho. La información sobre la banda es abundante, algunas infiltraciones antiguas funcionan, algunos nuevos confidentes de la misma banda han proporcionado datos y de ahí se han derivado unas muy importantes operaciones policiales desde el anuncio oficial del fin del “alto el fuego”.
 
La doble pinza: PSOE-PNV, Francia-España
 
Pero, además, ETA se enfrenta a un problema político doble. Por una parte un conflicto importante y relativamente nuevo en el campo mismo del nacionalismo: el PNV no ha salido indemne de la tregua y de las conversaciones entre ETA y el gobierno. Por otra parte, la nueva correlación de fuerzas políticas en Francia y la aparición de un liderzazo conservador que no ve bien una negociación con ETA en los términos en que se ha planteado y al que España no puede ignorar en ese campo ni en ningún otro de la actual política europea.
 
EL PNV no ha visto sin recelos esas conversaciones. No se les escapaba a los dirigentes del nacionalismo gobernante que, de ir bien las conversaciones, no podían descartar a medio plazo una alianza de la izquierda vasca y el PSOE para sacar al nacionalismo del poder y, lo que es mas grave, de los presupuestos del Estado. El llamado “proceso de paz” situaba a la izquierda nacionalista cercana al terrorismo en un protagonismo que oscurecía al todopoderoso PNV.
 
Aunque el propio José Jon Imaz participó en algunas conversaciones, celebradas en alguna institución religiosa, con Batasuna y PSOE, el PNV no ha estado en el centro del escenario en ese periodo. Eso agudizó las contradicciones internas entre quienes quieren estrechar lazos con Batasuna y creen que es la hora de acelerar el proceso “hacia la independencia”, como es el caso de Eguibar y gran parte del nacionalismo guipuzcoano y parte del navarro, y los que creen que hay que aprovechar el fenómeno Rodríguez Zapatero y hacer avanzar el actual estatus hacia el forzamiento constitucional. Dos posiciones que no están muy distantes pero que acumulan resentimientos personales, luchas de poder y representan a sectores sociológicos diferentes dentro del nacionalismo vasco no terrorista. De esta pugna puede salir mal parado, de manera más o menos inmediata, el presidente Ibarretxe en su intento de mantener el equilibrio entre ambas partes y no facilitar una estrategia clara en uno u otro sentido.
 
Ahí está la explicación del intento desesperado del lehendakari de retomar una ofensiva propia en los próximos meses con una vuelta del Plan que lleva su nombre y una solicitud de un referéndum en Euskadi.
 
Pero, si como todo parece indicar se estrecha la relación PSOE PNV, una vez rota la tregua (con un acercamiento, a la vez, de Imaz a Mariano Rajoy discreto pero evidente), ETA va a tener dificultades añadidas a la hora de trasladar su mensaje sangriento a sectores de la sociedad vasca hartos de la situación de bloqueo político que ha impuesto el terrorismo.
 
En cuanto al eje España-Francia ETA solo puede esperar disgustos, sobre todo una vez rota la tregua. Si durante la misma, la policía francesa mantuvo la presión, alertó al gobierno español de que ETA se rearmaba y el gobierno de París mostró escaso entusiasmo por el “proceso de paz”, ahora va a estar más implicado que nunca en la lucha contra ETA. Lo necesita Sarkozy como expresión de su determinación antiterrorista alejada de tibiezas anteriores y lo necesita el gobierno español electoral y políticamente.
 
Sin duda, ETA está mejor que hace tres años y con una enorme capacidad de hacer daño. Pero eso no la aleja de su declive histórico, de su caducidad evidente y de un irreversible camino hacia el basurero de la historia. Incluso aunque Rodríguez Zapatero y su política se empeñen en retrasar esa fecha inevitable.

 
 


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