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Líbano se pone feo
En letra impresa nº 792   |  12 de Julio de 2007
 
(Publicado en Expansión, 12 de julio de 2007)
 
El gobierno sigue emperrado en decir que la misión de la ONU en el Líbano es una misión de paz y se escuda, independientemente de la violencia en que se desenvuelva, en el acuerdo de las partes para contar con el despliegue de los cascos azules, de los cuales unos 1.100 españoles. Pero el gobierno hace trampas.
 
Las partes teóricamente deberían ser Israel, el país agredido que intervino el año pasado en busca de sus soldados secuestrados por Hizbolá, y el gobierno en Beirut del primer ministro Siniora. Al fin y al cabo la resolución de las Naciones Unidas por la que se enviaron nuestras tropas, la 1701, establecía que el contingente de la FINUL cooperara con el ejército libanés para desarmar las milicias de Hizbolá, a la vez que impusiera un embargo para evitar el rearme de las mismas. Sin embargo, la seguridad de los soldados españoles no depende tanto del gobierno legítimo libanés como de su aceptación por parte de los terroristas de Hizbolá con quien, de hecho, se habla y negocia para evitar un nuevo ataque.
 
El gobierno está cometiendo un gravísimo error no ya porque se digne a hablar con terroristas (al fin y al cabo ya lo hace aquí con los de ETA) sino porque puede que esté poniendo en peligro el futuro de los españoles de la FINUL. Por una sencilla razón: hasta ahora Hizbolá ha necesitado del despliegue de la ONU del que se ha servido como parapeto. En estos meses Hizbolá se ha reconstituido militarmente y ahora necesita retomar su protagonismo político en el país. Si para ello necesita armarse más y actuar menos tapadamente, lo hará. Y para lograrlo en el norte, lo hará desde el sur, esto es, donde están los cascos azules.
 
En todas las misiones en el exterior, los soldados españoles se ven calladamente acompañados por elementos del CNI que compran complicidades a cargo de sus fondos reservados. Si Hizbolá o Irán (el verdadero dueño del grupo) ven que les ha llegado el momento de hacerse con el poder, de poco habrán servido nuestros euros. Al contrario, al igual que los inhibidores que se vayan instalando, sólo ofrecerán una falsa sensación de seguridad.
 
El Líbano se está poniendo feo, pero que muy feo y no porque Israel planee una nueva intervención, sino porque no se ha cumplido la resolución 1701 y Hizbolá es hoy capaz de intentar un golpe de estado para poner punto final a las reformas y a la independencia del país para someterlo a su islamismo, a la agenda de Teherán y, si es posible, evitar que se vuelva una fuerza anti-siria. Dónde encajan los soldados de la ONU en eso está por ver.
 
Rodríguez Zapatero envió a nuestros solados para acabar con la intervención israelí en el Líbano. ¿Estará dispuesto a emplearlos para sofocar una rebelión de Hizbolá? ¿No sueña acaso con una unidad militar apagafuegos que acaba de inaugurar? Pues aquí tiene a Hizbolá sosteniendo la mecha.

 


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