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El inclemente espejo de Gaza
Colaboraciones nº 1819   |  11 de Julio de 2007
 

(Publicado en The Jerusalem Post, 28 de junio de 2007)

Gaza es una bola de cristal a modo de espejo. No solamente revela la grotesca imagen del gobierno palestino, sino que con credibilidad sobrecogedora también proporciona de manera crucial el pronóstico más incisivo, aunque sorprendente, de lo que se avecina.
 
El macabro cristal podrá ser perturbador, pero con un punzante realismo nos alerta de lo que nos depara el futuro. Los fanáticos que obstinadamente pasan por alto a los que nos abren los ojos, ponen en peligro alegremente nuestra continuidad física perdurable. Hasta aquellos que hasta recientemente distorsionaban lo que contenía Gaza y se centraban en su miseria autoimpuesta - a modo de ajuste de cuentas por sus volátiles caprichos - al menos despiertan a la realidad de ella a regañadientes. No obstante, ahora compensan enérgicamente el disgusto de Gaza dispensando tópicos optimistas acerca de su Ramala rival. Igual que los habitantes de Gaza han pasado a representar los "palestinos malos" los criminales de Mahmoud Abbás en Ramala - aquellos que no querían y/o podían poner orden en Gaza - son ensalzados de pronto como "palestinos buenos".
 
La Gaza completamente echada a perder se ha convertido en "nuestra nueva oportunidad" - por utilizar los términos de Ehud Olmert- de engañarnos con que Ramala es el hogar de los verdaderos "socios de paz" al estilo Oslo, a los que podemos entregar más territorio - mucho más vital estratégicamente que la Gaza rendida a este mismo grupo. Los visionarios del "Nuevo Oriente Medio" irradian desde Ramala (donde dos reservistas israelíes que tomaron el desvío equivocado fueron despedazados y mutilados mientras sus asesinos agitaban sus manos en éxtasis untadas en la sangre recién derramada).
El Kadima y los laboristas, ansiosos por aprovechar cualquier excusa trasnochada para promocionar Oslo y su desconexión derivada, ahora inventan nuevos patrones de entrega.
Antes, no obstante, tendrán que convencer a los israelíes deficientes en memoria de que los colegas de Ramala se comportan mejor y que, para mantener tranquilo Ramala, Abbás tiene que ser recompensado. Las concesiones mejorarán su posición y evitarán una debacle de estilo Gaza en Judea y Samaria. El pequeño detalle omitido es que, en la pre-desconexión, no era Hamas quien gobernaba Gaza. Abbás sí. El territorio extorsionado durante su mandato, en lugar de reforzarle, respaldó a Hamas. El apaciguamiento no fomentó la moderación - blindó a los fanáticos.
 
La verdadera diferencia real entre Gaza y Ramala es que no hay presencia israelí en Gaza, al tiempo que Israel aún conserva cierto acceso a Ramala. El único garante contra un estallido de salvajismo es el control israelí. Las retiradas israelíes - tanto del Líbano como de Gaza - reforzaron a los islamofascistas de respaldo iraní - como pronosticaban los detractores a la retirada (etiquetados como "enemigos de la paz" por los comerciantes de sueños Osloítas). En lugar de admitir que estos críticos precoces estaban en lo cierto, los autodeclarados médicos de la cordura nacional ahora aconsejan "intentar" en Judea y Samaria lo que fracasó en Gaza. "En las nuevas circunstancias", anunciaba Olmert, "podemos asumir más riesgos que en el pasado".
 
De ser algo, el fiasco de la desconexión y posterior desastre en Gaza debería descartar mayores juegos, ciertamente no instalar a apostar más. Pero nuestra egocéntrica directiva no solamente no aprende de sus espectaculares errores, sino que planea mega-reproducciones de sus anteriores extravagancias de horror.
 
Después de que el modelo de Gaza se extienda a la Palestina completamente independiente en Judea y Samaria, ninguna ciudad israelí escapará a los torrentes de misiles. Los túneles del terror que violan el perímetro de la barrera de seguridad de Gaza se repetirán con sinuosidad a lo largo del retorcido homólogo en el súper-vulnerable flanco Este de Israel. La Línea Verde será desbordada por furiosas multitudes de "refugiados que retornan" agitando simplemente para "volver a casa" (es decir, inundar y erradicar al estado judío). El ya sedicioso fermento entre la propia minoría árabe de Israel será colosalmente amplificado por una Palestina soberana. Palestina, además, posee potencial de crecimiento - a partir de un mini-monstruo hasta un ogro gigante. El reino hachemita de Jordania - una entidad artificial que ocupa el 80% de la Palestina original - no sobrevivirá. La Gran Palestina se extenderá a lo largo de todo el territorio hasta el Irak que los americanos no pueden controlar. El insaciable apetito de Palestina de los irremediables izquierdistas crecerá al expandirse.
 
La pálida reacción a ultramar a la actual agresión de Gaza es solamente un aperitivo suave de lo que se prepara por parte de la pusilánime comunidad mundial. La deslegitimación de la mera existencia de Israel se intensificará. Los que ahora promueven la panacea de las tropas extranjeras para el pasillo de Filadelfia harán campaña para lo mismo en todas partes, hasta que el ejército quede irremediablemente lisiado y el país sea indefendible. En el mejor de los casos esperaríamos el relevo temporal como protectorado humilde de la ONU - y cualquiera que todavía confíe en la ONU necesita que le examinen la sesera.
 
Lo mismo se refiere a los que, a pesar del ejemplo de Gaza, siguen confiando en la disposición y la inclinación palestinas a hacer lo correcto. El tráfico de armas que hizo de Hamas una fuerza formidable en Gaza predetermina el patrón a lo largo de la frontera jordana. Si Egipto y los entrometidos internacionales no pudieron mantener desmilitarizada Gaza, no evitarían seguramente que la República Árabe Islámica de Palestina se armara hasta los dientes.
 
Los acuerdos complejos y espinosos se pueden suscribir solamente con un socio predispuesto a respetar cada letra de la letra pequeña. Nunca importó cómo Arafat y sus sucesores se saltaron traicioneramente todo lo que juraron al flexible Yitzhak Rabin estar dispuestos a sacrificar. El despiadado espejo de Gaza refleja cómo se valoran las empresas en el entorno palestino. ¡Después de todo, la matanza fratricida de Gaza siguió al acuerdo fraternal en una coalición de unidad nacional!
 
Las sociedades no democráticas son poco proclives a honrar su palabra. Los ególatras palestinos, jactándose del regalo del palique inglés, pueden ser elogiados por la arrogante élite políticamente correcta del exterior y ser invitados de honor del estamento académico progre. Pueden hacer carne picada de las patéticas relaciones públicas de Israel, pero no son apenas heraldos de cambio. No representan a nadie. La multitud no les respalda. Como en Gaza, no hay moderados sofisticados en Ramala.
 
No es que no sepamos esto. Solamente es que evitamos en serie - una y otra vez - los presagios feos que nos deslumbran a través del espejo sin piedad de Gaza. Albert Einstein definió una vez locura como “hacer lo mismo una y otra vez, pero esperando resultados diferentes”.


 

 


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