(Publicado en ABC, 10 de julio de 2007)
Los recientes atentados islamistas en Londres y Glasgow nos sitúan de nuevo ante el reto de comprender la causa por la que un musulmán puede llegar voluntariamente a convertirse en un terrorista. En anteriores ocasiones he insistido en la importancia de restar credibilidad al argumento, tan del gusto de nuestra izquierda, de que la pobreza y la ignorancia abocan al fanatismo. La realidad es que la pobreza y la ignorancia nos acompañan desde el origen de la presencia del ser humano en este planeta y no siempre se ha producido esa conexión.
Lo que sí encontramos en países de mayoría musulmana es un sentimiento de frustración por la falta de desarrollo político, económico y social, que ha llevado a estos países al estancamiento. Como reacción se produce una vuelta a posiciones fundamentalistas, culpabilizando de la situación a las formaciones nacionalistas y a Occidente, que supuestamente controla a los gobiernos locales en beneficio propio.
Pero el origen de lo ocurrido recientemente en el Reino Unido está en relación con los anteriores atentados de Londres o con el 11-S. Me refiero a la reacción de musulmanes de clase media, en algunos casos con importantes carreras profesionales en ciernes, que han nacido o viven en países occidentales y que sufren un choque cultural. Sus valores musulmanes entran en colisión con los occidentales, o con la falta de ellos, con el relativismo que cada día caracteriza más nuestras sociedades. En esa situación establecen relación con islamistas que les trasmiten una doctrina radical, en la que el choque de civilizacio-nes resulta inevitable y los actos de los gobiernos occidentales sólo se explican por su sacrílega voluntad de destruir el Islam. De ahí a la acción terrorista no hay más que un paso.
Actuar sobre este proceso es en extremo difícil, pero ese es el reto que tenemos ante nosotros. No va a ser fácil, pero si no somos capaces de desmontar los mecanismos por los que los «maestros» islamistas atraen a jóvenes educados hacia sus filas, entonces tenemos un problema muy serio ante nosotros.