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El creciente activismo yihadista en la República de Yemen
Análisis nº 201   |  4 de Julio de 2007
 
(Publicado en War Heat Internacional nº 46, octubre 2006, pp. 48-50.)
 
El que las fuerzas de seguridad yemeníes abortaran el 15 de septiembre dos intentos de atentados suicidas con cuatro coches cargados cada uno con diez bombonas de gas además de explosivos contra una instalación petrolífera de la compañía canadiense “Nexen” en el puerto de Dubba, en la provincia de Haramut, y contra una refinería en la provincia de Mareb, ambos objetivos en el noreste del país y contra los que se atacó con un intervalo de 35 minutos, y que costaron la vida a cuatro terroristas y a un guardia de seguridad, constituye la primera buena noticia en lo que a la lucha antiterrorista en este país árabe respecta. Los yihadistas habían hecho de él su campo de batalla desde hace años, desde las actividades desestabilizadoras de Al Qaida a partir de la base de la red en Sudán en la primera mitad de los noventa hasta el activismo de yihadistas nacionales y extranjeros en los últimos meses, y pasando por los emblemáticos ataques  de dos suicidas contra el destructor “USS Cole”, que costó la vida a 17 marines estadounidenses en octubre de 2000 en el puerto de Adén y, también en sus costas, contra el petrolero francés “Limburg” en octubre de 2002 que provocó la muerte de un marinero búlgaro y doce heridos entre la tripulación. El primero de los atentados, producido en un puerto emblemático que permaneció bajo control británico durante 140 años por su gran valor estratégico hasta la independencia de Yemen del Sur en 1967, fue reivindicado por el denominado Ejército Islámico de Adén, un grupo terrorista islamista que recibió financiación de un cuñado de Osama Bin Laden, Mohammad Jamal Khalifa. No hay que olvidar que Yemen es importante en términos simbólicos para Osama Bin Laden dado que su familia es originaria de este país desde donde su padre, Mohamed Awad Bin Laden, fundador del imperio saudí de la construcción que lleva su nombre, se transladó a Arabia Saudí en 1928. Surgida de la unificación voluntaria emprendida en mayo de 1990 entre Yemen del Sur y Yemen del Norte tras un largo proceso de negociación, y que se vió puesta a prueba por feroces combates en mayo de 1994 cuando con retraso se procedía a unificar los mandos y las unidades de los Ejércitos de ambos Estados formalmente desaparecidos cuatro años antes, la República del Yemen ha resuelto en los últimos tiempos sus contenciosos fronterizos tanto con Arabia Saudí como con Eritrea - a título de ejemplo, en diciembre de 1995 soldados yemeníes y eritreos se enfrentaron cuando estos últimos desembarcaron en la isla de Gran Hanish produciéndose numerosas bajas - pero aún sufre tensiones debidas al tribalismo y a los protagonismos regionales sobre las que abundan y de las que se benefician desde el bandidismo hasta el terrorismo yihadista.
 
El crecimiento de la amenaza en los últimos años
 
El hasta ahora más reciente vídeo de Ayman al Zawahiri, el cirujano egipcio que es el “número dos” de Al Qaida y desde una perspectiva ideológica y de movilización tan importante como el propio Bin Laden, de una hora y dieciséis minutos de duración y hecho público el 11 de septiembre de este año, anuncia ataques en el Golfo Pérsico y en Israel así como contra los productores de hidrocarburos en el mundo arabo-musulmán. Yemen es un pequeño productor de crudo (400.000 barriles diarios, de los que exporta unos 330.000) que desde 2004 exporta además gas natural licuado y su Presidente, el General Alí Abdullah Saleh, ha contribuido de forma activa y desde 2001 al esfuerzo internacional contra el terrorismo estimulado por los países occidentales. Aparte de esta amenaza directa que ahora perciben con nitidez las autoridades de Adén, Yemen sentía de forma creciente en los últimos tiempos la amenaza yihadista con el rápido avance de la Unión de Tribunales Islámicos en la vecina Somalia a la que Ayman al Zawahiri también alude en términos elogiosos en el susodicho vídeo: el deterioro de la situación en este país del  Cuerno de África provoca a diario el éxodo de somalíes que arriesgan sus vidas para llegar ilegalmente a Yemen incrementando con ello los problemas internos de este Estado meridional de la Península Arábiga.
 
En efecto, junto al activismo terrorista de Al Qaida, en Yemen existen otros desafíos de seguridad como son los conflictos de origen tribal que han provocado el secuestro de más de 200 extranjeros en quince años: los últimos, cuatro turistas franceses capturados en la turística región de Kasr Osirán el 10 de septiembre y respecto a los que el Ministro francés de Asuntos Exteriores, Philippe Douste-Blazy, insistía el 24 de septiembre ante el Gobierno yemení que éste no utilizara la fuerza para su liberación por los riesgos que ello conllevaría para sus vidas. Aunque los objetivos de estos secuestros son con frecuencia puramente económicos o para forzar la liberación de prisioneros de la tribu de los secuestradores no hay que olvidar que algunos líderes tribales de las áreas montañosas amparan a yihadistas yemeníes con experiencia de combate adquirida en Afganistán y en otros frentes en los años ochenta y noventa. En apoyo a la prudencia francesa cabe recordar que en octubre de 1999 el Presidente Saleh aprobó la ejecución del líder del grupo islamista responsable de un secuestro de turistas que terminó con la muerte de cuatro de ellos en diciembre de 1998.
 
Habiéndose producido en su territorio dos de los atentados más emblemáticos de la red Al Qaida - uno contra el destructor estadounidense “USS Cole” en el puerto de Adén y otro contra el petrolero francés “Limburg” en aguas yemeníes, ataques dirigidos en términos simbólicos contra objetivos del poder militar y del poder económico occidental - el régimen yemení ha venido haciendo serios esfuerzos para intentar neutralizar la amenaza terrorista yihadista en su suelo aunque no sin dificultades. Detenidos en diversas operaciones algunos de los responsables de ambos atentados terroristas varios de ellos se fugaron, el 3 de febrero de 2006, de la cárcel de Sanaa donde estaban recluidos tras cavar un túnel de 140 metros hasta una mezquita próxima al edificio de la prisión. De los 23 fugados 14 siguen aún siguen en paradero desconocido, incluyendo a tres sirios a los que se busca con especial ahínco y que muestran el carácter internacionalista de las células terroristas yihadistas también para el caso de Yemen. La fuga ha dificultado por otro lado las investigaciones y el propio proceso judicial contra las células de Al Qaida detenidas en el país a principios de 2005 y a las que se acusa también de haber organizado atentados abortados a tiempo contra el “Hotel Adén” y otros establecimientos donde se se alojan habitualmente ciudadanos extranjeros. Al igual que les ocurre a otros países que hacen frente a la amenaza del terrorismo yihadista este combate conlleva importantes dificultades en el terreno judicial: según declaraciones del Fiscal General yemení, Abdullah Al Olofi, realizadas a Gulf News y reproducidas por el Yemen Observer el pasado 27 de mayo, hasta 315 sospechosos de pertenencia a Al Qaida habrían sido puestos en libertad en la República de Yemen al no poder ser procesados por falta de pruebas sólidas en su contra.
 
En cuanto a la oportunidad de los ataques ahora abortados el momento político del país era, además, especialmente propicio dado que el día 20 se celebraban elecciones presidenciales  y para los gobiernos locales y entre los aspirantes a reemplazar al Presidente Saleh, en el poder desde 1978, estaba el candidato del partido islamista Al Islah. El 16 de septiembre el Ministro del Interior, Rashad Al-Alimi, anunciaba que sus fuerzas de seguridad habían desarticulado una célula de cuatro individuos, todos ellos de nacionalidad yemení, y conectada con Al Qaida a la que se acusaba de conexiones con los intentos de atentado del día anterior. Su objetivo ahora era atentar con explosivos en la capital, Sanaa, y la detención se produjo tras más de cuatro horas de asedio al escondite de los terroristas que en su defensa utilizaron armas automáticas y lanzaron granadas de mano. En la operación fueron requisadas doce bolsas, conteniendo cada una de ellas 50 kilogramos de material altamente explosivo, y ropas de mujer que los terroristas iban a utilizar para cometer los atentados. A raíz de estas detenciones el Presidente Saleh ofreció recompensas de 25.000 dólares a quienes dieran información que permitiera la desarticulación de células terroristas, una cantidad apreciable en un país cuya renta per cápita es de 350 dólares. Por otro lado, junto a los círculos yihadistas en marcos tribales y células como la ahora desarticulada el régimen teme, y no sin razón, la infiltración de esta ideología combatiente entre las filas de las fuerzas armadas y de seguridad: de hecho, la fuga de la cárcel de Sanaa en febrero de 2006 ha mostrado la connivencia de algunos funcionarios del centro penitenciario con los huídos.
 
Finalmente las elecciones tuvieron lugar en un ambiente de tranquilidad, gracias evidentemente al éxito de las operaciones antiterroristas descritas y a la vigilancia reforzada por un despliegue de 100.000 hombres para evitar ataques. El Presidente Saleh parece haber salido victorioso frente a la coalición de cuatro partidos que, incluyendo a los islamistas de Al Islah, presentaban como candidato a Faisal Bin Shamlan, un antiguo ministro y miembro del Parlamento con reputación de líder íntegro pero al que el régimen presentó hábilmente, horas antes de las elecciones, como vinculado a uno de los detenidos en Sanaa el 16 de septiembre como miembro de la célula de Al Qaida: según fuentes de la investigación dicho detenido sería un antiguo guardaespaldas de Bin Shamlan. Aunque las elecciones se hayan celebrado con normalidad e independientemente de los resultados, que previsiblemente confirmarán la victoria del Presidente Saleh, es evidente que la República de Yemen es y seguirá siendo un objetivo del yihadismo salafista que ve en su régimen a un poder apóstata que contribuye además, y de forma activa desde 2001, el esfuerzo internacional contra el terrorismo liderado por los EEUU.
 
 

 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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