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La multiplicación de los atentados yihadistas salafistas en el mundo: la lógica del terrorismo global hoy
Análisis nº 197   |  26 de Junio de 2007
 
Acostumbrarse a la rutina de los atentados, suicidas o no, en Irak o en Afganistán es muy peligroso pero más aún lo es el no visualizar la proliferación de atentados que con idéntica factura se dan, o se intentan realizar, en otros escenarios del mundo. Tal esfuerzo de inventariar atentados o intentos de atentados es importante porque nos permite aprehender la amenaza a la que nos enfrentamos, paso imprescindible para intensificar nuestros esfuerzos para derrotar a los terroristas. Ahora que un Estado socio y aliado como es Alemania acaba de encender las alarmas, advirtiendo el 22 de junio a través de su Ministro del Interior, Wolfgang Schäuble, de la inminencia de un atentado contra él, es bueno hacer este esfuerzo para que la prevención contra esta amenaza terrorista y el combate contra sus diversos instrumentos a lo largo y ancho del mundo sean más intensos. A ello hay que añadir, trágicamente, el atentado sufrido el 24 de junio por el contingente español desplegado en el sur del Líbano, que ha costado la vida a cinco miembros de la Brigada Paracaidista, un ataque cuya autoría aún hay que aclarar pero que muestra las vulnerabilidades a las que nos enfrentamos y que en el presente análisis se quieren destacar en una aproximación global aunque centrada en tres escenarios concretos: Irak y Afganistán, en un primer bloque; África con referencias a tres subregiones; y Oriente Próximo donde el terrorismo yihadista salafista coincide, e incluso puede competir, con el tradicional de islamismos radicales no yihadistas salafistas representados por Hamás e Hizbollah.
 
En la actualidad la fluida presencia mediática de los líderes de Al Qaida es inquietante, especialmente la de su número dos, el cirujano egipcio Ayman Al Zawahiri, y refleja junto a su activismo terrorista en diversos frentes la vitalidad de una red de redes que en ciertos momentos en estos últimos años algunos analistas habían dado ya por desaparecida. Por otro lado, que Osama Bin Laden sigue vivo podrían demostrarlo dos indicadores recientes. En primer lugar, su autorización expresa al liderazgo del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino para cambiar su nombra a Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico (AQMI), que según el jeque de este sanguinario grupo terrorista, Abdelmalek Drukdel (alias Abu Musab Abd el Wadud) se habría recibido directamente a principios de año. Por otro lado, el segundo indicador sería el pésame personal transmitido al Mullah Mansur Dadulah, actual jefe militar de los Talibán, quien lo hacía público en una entrevista emitida por la cadena Al Jazira el 5 de junio, tras el fallecimiento de su hermano el también Mullah talibán Dadulah Lang, muerto en una operación lanzada por la OTAN en Afganistán el pasado 12 de mayo en las proximidades de Kandahar. Mansur Dadulah es precisamente quien aparece en un reportaje emitido por la cadena ABC el 9 de junio despidiendo en un campo en Afganistán a terroristas entrenados para atentar como suicidas en los EEUU, Reino Unido, Canadá o Alemania y que ha contribuido a que el Gobierno de Berlín de la señal de alarma.
 
Afganistán e Irak como peligrosa rutina
 
El asesinato de 3 soldados alemanes y de 7 civiles producido en un atentado suicida el 19 de mayo en la localidad afgana de Kunduz fue un ataque suicida más de los muchos que se producen en el país centroasiático pero tuvo un enorme impacto mediático al mostrar por televisión las insoportables imágenes de soldados occidentales moribundos. Este hecho fue sin duda un éxito añadido para los terroristas yihadistas porque tales imágenes insoportables provocan inmediatamente reacciones en Occidente, con frecuencia en forma de manifestaciones que piden la retirada de tropas o, también, en debates parlamentarios de urgencia en los que se discute lo mismo. Kunduz era para Alemania - que tiene 3.000 efectivos desplegados en dicha zona -, como Herat lo es para España, una zona relativamente tranquila dentro del caótico Afganistán, pero la experiencia nos demuestra tanto que no hay zona tranquila alguna como que los terroristas no matizan sobre el carácter de las fuerzas desplegadas, de paz o de guerra, como el sangriento atentado en Líbano contra soldados españoles lo acaba de demostrar. Así la intensificación de los atentados suicidas en Afganistán, que lleva la huella inequívoca de Al Qaida, ha hecho crecer la percepción de amenaza incluso entre quienes hasta ahora mantenían en el país un perfil de presencia bajo si lo comparamos con estadounidenses, británicos y otros que combaten a diario a los Talibán y a Al Qaida en el sur, en las regiones limítrofes con Pakistán. La propaganda Talibán asegura contar con más de 2.000 potenciales suicidas dispuestos a morir matando, como lo hiciera el osado terrorista que en febrero lanzó un ataque suicida contra la impresionante base estadounidense de Bagram - otrora soviética - cuando en su interior se encontraba de visita el Vicepresidente Dick Cheney.
 
El frecuente método del atentado suicida - uno de los peores producía el 17 de junio la muerte de 24 policías y 11 civiles al reventar el autobús que transportaba a los primeros en Kabul - se une a los enfrentamientos contínuos y a las emboscadas por parte de elementos Talibán y de Al Qaida que aprovechan muy bien su santuario paquistaní y que explotan los errores, en gran medida inevitables, producidos en las operaciones aliadas contra ellos: el que en lo que va de año se hayan producido casi 1.200 bajas civiles en operaciones antiterroristas en Afganistán está dañando seriamente la imagen de quienes combaten el terrorismo en este país y beneficiando a los terroristas yihadistas salafistas. En esa línea, el 15 de junio un suicida asesinaba en la localidad meridional de Uruzgán a un soldado holandés y a cinco niños afganos y los terroristas conocen bien la doble eficacia de acciones como esta: no dan cuartel a sus enemigos y socavan los apoyos de la población local a la presencia internacional. El susodicho atentado suicida de Kabul - el más grave producido desde que comenzó la guerra seguido a distancia por otro que, realizado en 2002, produjo 26 muertos - es fiel reflejo de los que también se producen en Irak contra policías y soldados. Por otro lado, el 11 de junio policías afganos desactivaban en Kabul una bomba técnicamente similar a las utilizadas en emboscadas en Irak, preparada para estallar en la carretera al paso de un miembro del Gobierno.
 
En Irak los atentados suicidas o no, y con contenido simbólico o no, se multiplican. Como sería prolijo hacer un inventario de estos destacaremos algunos que son recientes y que además muestran claramente la tendencia. La explosión el 19 de junio de un camión bomba cargado con una tonelada de explosivos provocaba 78 muertos en la Plaza Jilani, en el centro de Bagdad, dañando seriamente la Mezquita shií de Al Jilani. Aunque dicho atentado tenía un enorme valor simbólico al estar claramente dirigido contra la comunidad shií hay otro ataque, también reciente pero mucho menos letal, cuyo contenido simbólico es aún mayor y que permite adjudicarlo casi con plena seguridad a la red Al Qaida a través de su franquicia Al Qaida en Irak: el 13 de junio la Mezquita de Hasan Al Askari, en Samarra, más conocida como la Mezquita Dorada, sufría un segundo ataque tras el que dañó su cúpula en febrero de 2006 y provocó un gran baño de sangre en enfrentamientos entre shiíes y suníes. Aunque los atentados suicidas en Bagdad y otros lugares de Irak y también el ataque contra la Mezquita Dorada tienen su lógica en clave de continuidad en los enfrentamientos con las fuerzas de la Coalición, con el Gobierno del Primer Ministro Al Maliki y en los choques interconfesionales parece evidente que tanto el macroatentado de la capital como el simbólico de Samarra buscan intensificar contradicciones y agudizar la violencia en un momento en que jefes tribales suníes irakíes están enfrentándose ya a Al Qaida y cuando en una operación combinada 10.000 soldados irakíes y estadounidenses llevan a cabo una intensa ofensiva antiterrorista en la ciudad de Baquba, sede del Emirato Islámico autoproclamado por los yihadistas en 2006. Como la experiencia pasada nos demuestra puede que, lamentablemente, dicha maniobra de distracción acabe siendo una estrategia eficaz para los terroristas yihadistas salafistas.
 
Por otro lado, y sin salir de Irak, la red de redes también muestra su método de extender sus zarpazos letales a otras latitudes del país y con métodos terroristas bien experimentados en Bagdad y otras ciudades. La explosión de un camión bomba el 9 de mayo provocaba en Erbil, capital del tradicionalmente estable Kurdistán irakí que los yihadistas salafistas se están empeñando en que deje de serlo, una veintena de muertos aplicando una fórmula que terroristas yihadistas salafistas también están empleando fuera de Irak, como nos lo recordaban los dos camiones bomba que el 30 de octubre pasado destruían sendas comisarías de policía en Argel o los colocados también ante comisarías en abril en la región argelina de Bumerdés. El más reciente ataque con un camión bomba en Irak, esta vez conducido por un suicida, se producía el 21 de junio en provocando la muerte a 18 personas.
 
El frente africano del yihadismo salafista
 
La fijación africana de Al Qaida tiene escenarios de aplicación bien evidentes, desde el tradicional activismo en el Magreb y en el Sahel que no cesa hasta la sanguinaria presencia en lugares como Somalia, Sudán o Nigeria.
 
En el Magreb, tras los atentados suicidas que golpeaban Marruecos y Argelia en abril, las fuerzas de seguridad de ambos países están inmersas en operaciones antiterroristas más visibles en el segundo que en el primero pero intensas en cualquier caso. Para el caso argelino la región de la Cabilia, y en concreto la zona limitada por las ciudades de Tizi Uzu, Bumerdés, Beyaia y Buira, lleva semanas siendo escenario de un gran esfuerzo antiterrorista que trata de diezmar los escondites del GSPC/AQMI en arriesgadas operaciones donde las fuerzas de seguridad y el Ejército sufren emboscadas - en una de ellas, y es sólo un ejemplo, morían el 19 de mayo ocho soldados y otros quince resultaban gravemente heridos - y deben de realizar complejas labores de desminado antes de penetrar en refugios fortificados en las montañas. Por otro lado, hablar del Magreb y del GSPC/AQMI nos obliga también a hacerlo tanto de Europa como de Irak, de Afganistán o de otros frentes con combatientes magrebíes en el contexto de un combate global como es el yihadista salafista: la detención el 28 de mayo en Cataluña, Madrid y Málaga de 16 argelinos y marroquíes sospechosos de formar una célula yihadista salafista - 6 de ellos fueron puestos en libertad días después por el Juez instructor del caso, Baltasar Garzón - o la de 9 tunecinos por la policía italiana en la región septentrional de Lombardía el 7 de junio, ponían de manifiesto de nuevo lo tupido de las redes yihadistas salafistas norteafricanas en suelo europeo y su implicación en alimentar el terrorismo en otras latitudes. La operación policial italiana era resultado inmediato de las declaraciones de Tlili Lazar, un terrorista tunecino detenido en Italia en 2006 y extraditado a Francia. En paralelo a la operación de Lombardía, Scotland Yard detenía en Londres a Habib Ignaua, magrebí reclamado por Italia por organizar el envío de yihadistas a Afganistán a fines de los noventa. Por otro lado, el Juez Garzón procesaba el 8 de junio a 32 presuntos islamistas acusados de organizar entre 2003 y 2007 redes de captación de yihadistas hacia Irak, Afganistán y otros lugares, detenidos en España en las Operaciones Tigris (junio 2005), Sello I (junio 2005) y Sello II (enero 2007). Volviendo a AQMI, este grupo terrorista que ya había llamado anteriormente a liberar la tierra musulmana “de Al Qods (Jerusalén) a Al Andalus” pedía en un vídeo colgado el 9 de mayo “limpiar” Ceuta y Melilla “de las impurezas de España”, inquietante orden dada a sus seguidores y simpatizantes que sigue fielmente a la invitación del Ayman Al Zawahiri, de 20 de diciembre pasado, a que se liberen las dos ciudades españolas en el Norte de África.
 
En Somalia el 3 de junio un suicida atentaba en Mogadiscio contra la residencia del Primer Ministro, Mohamed Ali Ghedi, matando a ocho personas e hiriendo a decenas, aunque sin lograr culminar el magnicidio buscado. El 15 de junio otros dos atentados yihadistas, uno de ellos suicida, provocaban la muerte también en Mogadiscio a otras ocho personas. Aunque apartados del poder, los yihadistas salafistas de la Unión de Tribunales Islámicos y sus apoyos de combatientes extranjeros siguen presentes sobre el terreno provocando el 2 de junio la tercera acción militar estadounidense conocida contra ellos: buques de los EEUU disparaban contra un grupo de yihadistas somalíes y extranjeros detectados en la ciudad costera de Barga, en la septentrional región semiautónoma de Puntland. También es importante añadir que en su enfrentamiento en suelo somalí contra el Gobierno y contra sus apoyos militares etíopes los yihadistas salafistas han provocado entre marzo y abril más de 1.000 muertos tan sólo en Mogadiscio, en un combate sagrado que sigue directrices directas de Al Qaida y que trata de diezmar también a las fuerzas de pacificación africanas desplegadas desde principios de año aunque a un ritmo muy lento dada la inseguridad endémica sobre el terreno. Hostigadas continuamente estas fuerzas de pacificación africanas sufrían el 16 de mayo en Mogadiscio un grave ataque con bomba que mataba a cuatro soldados ugandeses y hería de gravedad a otros cinco.
 
Las fuerzas de paz africanas, condenadas expresamente tanto por Bin Laden como por su número dos en diversos mensajes hechos públicos en 2006 y 2007, son objetivo prioritario para los yihadistas salafistas. Ahora que Sudán parece haber aceptado, en principio y con todas las reservas que cualquier manifestación de voluntad por parte del régimen del Teniente General Omar Hassan Al Bashir exige, el que un contingente de fuerzas de la ONU refuerce a las ineficaces fuerzas de la Unión Africana (UA) presentes en Darfur, es buen momento para atraer la atención sobre este hiriente frente del yihadismo salafista. El asesinato del Teniente Coronel egipcio Ehab Nazir el pasado 26 de mayo en Darfur, primer miembro de la pequeña avanzadilla de la ONU muerto violentamente sobre el terreno, es un claro aviso de lo que puede suceder y ello debería de ser tenido en cuenta para revisar el mandato de dichos contingentes - tanto el africano desplegado sobre el terreno como el de la ONU por venir - reforzándolos.
 
En Nigeria, calificada por Bin Laden como “uno de los países más preparados para la Yihad” en un comunicado suyo fechado el 11 de febrero de 2004, el asesinato en la ciudad septentrional de Kano de 13 policías el pasado 17 de abril, en el contexto de violentos incidentes producidos en el país semanas antes de que el 21 de abril se celebraran elecciones presidenciales y legislativas, no pasaba desapercibida ni se diluía en el listado de los numerosos hechos violentos sufridos a lo largo y ancho del territorio nacional. En primer lugar porque tal matanza era reivindicada por un grupo yihadista salafista autodenominado “Talibán”; en segundo lugar porque se producía en Kano, capital de uno de los Estados federados de mayoría musulmana que como Kobe y Corno son cada vez con más frecuencia escenario de hechos violentos; y, en tercer lugar y volviendo a las amenazadoras palabras del líder de Al Qaida, porque cada vez son más visibles los actores yihadistas en Nigeria. Junto a los Talibán, la Hermandad Musulmana y el movimiento Izala constituyen las tres patas del trípode yihadista en un país de 132 millones de habitantes, la mitad de ellos musulmanes, cuya estabilidad o inestabilidad tiene y tendrá consecuencias, positivas o negativas, regionales e incluso continentales. Es importante destacar, a modo de aviso a navegantes, que el movimiento Izala, rigorista y violento, tiene campos de entrenamiento para sus miembros en la frontera con Camerún, o que algunos nacionales nigerianos, y esto nos afecta más de cerca, han venido respondiendo a los esfuerzos reclutadores y proselitistas del GSPC/AQMI y han sido detectados en campos de entrenamiento móviles para terroristas en el Sahel junto con naturales de otros países magrebíes y sahelianos federados por la franquicia de Al Qaida en el Norte de África. El GSPC, que ha sido capaz de federar en el Magreb al Grupo Islámico Combatiente Libio de Abu Abdallah Al Sadek, al Grupo Islámico Combatiente Tunecino de Tarek Maroufi y al Grupo Islámico Combatiente Marroquí que fundara Abdelkrim Al Medjati - muerto en enfrentamiento con la policía saudí en mayo de 2004 -, muestra sus ambiciones y su papel dentro de Al Qaida aproximándose a yihadistas del Sahel y de países más lejanos y extremadamente importantes como Nigeria, y justifica el esfuerzo que la Trans-Saharan Counterterrorist Initiative (TSCTI) de los EEUU le dedica en clave de combate antiterrorista y de reforzamiento de los medios antiterroristas de los países de la región.
 
La creciente penetración de Al Qaida en Próximo Oriente
 
En Oriente Próximo el creciente activismo de Al Qaida se ha venido detectando tanto en Egipto, donde los atentados en la Península del Sinaí a lo largo de 2005 y 2006 fueron una primera llamada de atención al mundo, como en Siria, donde el ataque contra la Embajada de los EEUU en Damasco producida el 12 de septiembre de 2006 fue una inquietante muestra de que este país también es escenario buscado por los terroristas, pero tiene en los Territorios Ocupados palestinos y en Líbano sus campos de batalla más sangrientos en la actualidad, algo confirmado por el atentado que costaba la vida a cinco soldados españoles el 24 de junio. También en Jordania, donde los tres atentados suicidas sincronizados contra hoteles en Ammán que el 9 de noviembre de 2005 provocaban 60 muertos aún son recordados, la inestabilidad en Irak preocupa - el 22 de mayo las fuerzas de seguridad detenían a cuatro sospechosos de conformar una red terrorista en conexión con Irak - y a dicha preocupación se suma ahora el violento avance de Hamás. Aunque Hamás no es yihadista salafista - e incluso ha sido condenada por Al Qaida a través de Al Zawahiri en diciembre de 2006 por presentarse a elecciones y por limitar su objetivo al miserable objetivo de construir un Estado islámico en la Palestina histórica - el pulso de dicho grupo terrorista con el Presidente Mahmud Abbas y con Al Fatah será aprovechado por los yihadistas salafistas para penetrar aún más en la franja de Gaza, también en Cisjordania contagiando a la vecina Jordania y, en la medida de lo posible, en Israel. Mientras consiguen tal propósito operativo, los yihadistas salafistas seguirán canibalizando la violencia interpalestina y los ataques de Hamás contra Israel para alimentar su propaganda que presenta al mundo musulmán las maldades provocadas al apartarse de la recta vía del buen Islam, de la misma forma que aprovechó en el pasado el activismo de Hizbollah. No hay que olvidar que este grupo terrorista shií es para los yihadistas salafistas un “ejército equivocado”, tanto por ser shiíes sus miembros como por apostar por la política en el Gobierno y en el Parlamento libaneses.
Precisamente en Líbano, el pulso de los yihadistas salafistas contra el Gobierno del suní Fouad Siniora se ha puesto de manifiesto en las últimas semanas y además lo ha hecho en un escenario que también afecta a los palestinos: la actitud agresiva de los yihadistas de Fatah Al Islam se mantiene aún hoy. Tras 33 días de combates en los que han muerto al menos 170 personas, 20 de ellos civiles y el resto soldados regulares libaneses y terroristas yihadistas, el Ejército libanés reanudaba el 22 de junio sus ataques contra posiciones de Fatah Al Islam dentro del campo de refugiados palestinos de Naher el Bared, en la norteña ciudad de Trípoli, sitiado desde el 20 de mayo y del que ya han huido más de 40.000 refugiados durante estas semanas de intensos combates. Ahora el atentado contra el contingente español, cuya autoría aún es dudosa, se añade a dicho escenario de inestabilidad crónica: aunque Hizbollah parece haber negado su autoría, e incluso lo habría condenado, tampoco sería descabellado adjudicárselo a dicho grupo, molesto por la labor de las fuerzas internacionales desplegadas en esa zona de Líbano para, siempre según la percepción islamista, proteger a Israel, y que aunque no cuentan con mandato para desarmar a esta milicia sí han puesto en evidencia en diversas ocasiones sus depósitos de armamento, sus sofisticadas instalaciones y su activismo violento. Aparte de Hizbollah, que podría estar preparando una nueva campaña de agresiones contra Israel para el verano para lo cual las fuerzas internacionales son un estorbo, Fatah Al Islam y/o la propia Al Qaida podrían estar detrás de este ataque llevando simplemente a la práctica las reiteradas amenazas lanzadas en los últimos meses.
 
Aunque mucho se ha hablado sobre la instrumentalización por parte del régimen sirio del levantamiento de Fatah Al Islam, como maniobra de distracción para hacer olvidar la presión judicial internacional sobre Damasco por el asesinato en 2005 del ex Primer Ministro libanés Rafik Hariri, y/o como medio para desestabilizar Líbano y mantener en él su presencia e influencia, no hay que olvidar las contradicciones que este asunto encierra. El líder de Fatah Al Islam, el palestino Shaker Al Absi, pasó por la cárcel en Siria condenado por organizar atentados contra Israel en los Altos del Golán y había sido expulsado por su radicalismo del grupo Fatah Intifada, apoyado por Siria como escisión de Al Fatah desde 1983. El resbaladizo terreno de Oriente Próximo con frecuencia genera aproximaciones y alianzas “contra natura”, pero cuando éstas se dan con yihadistas salafistas hay que asumir que tarde o temprano provocarán efectos no deseados dada la naturaleza del socio en cuestión. Por de pronto, yihadistas sirios de Tawhid Wal Yihad, grupo próximo a Al Qaida y por ello enemigo del régimen de Bashar Al Assad, amenazaban el 12 de junio a través de Internet a intereses y ciudadanos libaneses en Siria con “el infierno del secuestro, los tiroteos y las decapitaciones” si no se levantaba el asedio militar al campo de Naher El Bared, en una clara advertencia al Gobierno de Beirut pero también en un claro desafío a la autoridad del Gobierno de Damasco. Este último, que en algunas ocasiones ha colaborado tanto con países occidentales como árabes controlando el paso por su frontera con Irak de yihadistas - algunos de los cuales habrían sido incluso extraditados a Marruecos y a otros Estados - debería recordar cómo grupos yihadistas locales como Yund Al Sham han venido desafiando su autoridad como lo demostraron los ataques terroristas, ambos en Damasco, contra la Embajada de Canadá, que provocó cuatro muertos en 2004, o contra el Ministerio de Defensa, que provocó cinco muertos en 2005, y sumarse al esfuerzo internacional contra un terrorismo yihadista salafista que sitúa a regímenes como el sirio en la diana de sus ataques.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.


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