El fascinante proceso de convergencia europea se ha desarrollado en una permanente tensión entre un modelo federal y otro confederal, entre el deseo de unos de disolver los estados en una entidad soberana y la voluntad de otros de retener su papel como actores fundamentales. Sin embargo hay otras tensiones no menos interesantes, como la que mantienen los déspotas ilustrados asentados en Bruselas y en las respectivas cancillerías y los ciudadanos de a pié. Veamos algún ejemplo.
Sarkozy ha planteado a Merkel que el futuro primer presidente permanente de la renovada Unión Europea sea Blair. Un conservador francés y una democristiana alemana acuerdan que un socialista británico, de clara vocación europeísta, acceda a tan relevante cargo. Dan por hecho que se va a aprobar un Tratado reducido, que en esta ocasión no va a haber incómodos referendos nacionales y que, finalmente, se consolidará la figura de una presidencia permanente que tendrá un papel relevante en la coordinación política y en la representación institucional.
¿Y a usted qué le parece? Puesto que Europa es un ámbito democrático ¿cómo vamos a expresar nuestras opiniones? Según un sondeo realizado por el periódico Financial Times y la empresa Harris el 75 por ciento de los españoles, el 71 por ciento de los alemanes, el 69 por ciento de los británicos, el 68 por ciento de los italianos y el 64 por ciento de los franceses queremos decidir en referendo si nos gusta o no el nuevo Tratado ¡Cuántas razones para no convocarlo! ¡Hasta aquí podíamos llegar!
Si de lo general pasamos a lo particular, la posibilidad de que Blair se convierta en el primer Presidente permanente de la Unión despierta las pasiones que cabía imaginar. Si ha perdido su puesto por que en el Reino Unido la izquierda a la que él pertenece no está de acuerdo sobre los fundamentos de la Guerra contra el Terror ¿Qué cabía esperar de la opinión de los mucho más pacifistas y antinorteamericanos ciudadanos del continente? Donde Blair ha cosechado mayores simpatías es en Italia, con un 27% de respaldo. En la Francia de Sarkozy sólo un 16% apoya la elección. ¿Afectarán estos datos a la decisión que vayan a tomar?
Dejando a un lado cuál sea su posición sobre la candidatura del todavía Premier británico, lo que resulta evidente es que quienes lideran el proceso de construcción europea lo hacen conscientemente de espaldas a la opinión pública. Ya sabemos que no somos quién para hacerles perder el tiempo con nuestras preocupaciones, pero que no se extrañen de que a la primera oportunidad les hagamos un corte de mangas y de que hayamos perdido toda ilusión en un proceso arrebatado a la ciudadanía y secuestrado por unas minorías “ilustradas”, tan incompetentes como poco democráticas.