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Palestino contra palestino
En letra impresa nº 778   |  19 de Junio de 2007
 

(Publicado en La Razón, 17 de junio de 2007)

Nos gusta tanto que preferimos dos, decían los soviéticos de Alemania en la Guerra Fría. ¿Pensarán los israelíes lo mismo de los palestinos? Afirmativo, si se aplica el divide y vencerás, no, desde cualquier otro punto de vista. El estado judío siempre ha estado escaso de interlocución en el otro bando, ahora, definitivamente, no hay nadie que los represente a todos. Si Palestina nunca ha dejado de ser una úlcera sangrante, el Hamastán que les nace a los sionistas por debajo puede convertirse en un absceso en incontenible erupción. Un posible alQaidastán, quizás, aunque quién se lleve el gato al agua de los delirios extremistas islámicos está aún por ver.
 
Hamás es una rama de los Hermanos Musulmanes, radicalismo suní que se halla también en los orígenes de la organización de bin Laden. Pero las connotaciones nacionalistas de la versión palestina resultan execrables para el gran maestro terrorista. No es que sean dominantes, como entre sus hermanos enemigos ahora barridos de Gaza. Lo que motiva a los islamistas es recuperar una porción de la tierra del Islam, usurpada propiedad de Alá,  ni más ni menos que nuestra al Andalus. Esa es la doctrina, pero la prioridad absoluta que le conceden a su patria chica los hace sospechosos a los ojos de quienes los rebasan en ortodoxia. Por otro lado, las finanzas de los que se han tenido que refugiar en remotas cuevas de la frontera afgano-paquistaní no están como para sostener un precario estado, por diminuto que sea.
 
Muy distinta es la situación de otros revolucionarios islámicos, los chiíes de Irán, con una economía en continuo desplome, pero nadando en petróleo. No cuentan con correligionarios entre los palestinos y Jerusalén nunca ha tenido para ellos una significación religiosa, pero la oportunidad geopolítica puede más que los inveterados odios de secta. Con dinero, armas e instrucción militar, Irán está jugando a fondo la carta de Hamás. Adoptando su causa y a Jerusalem como símbolo apelan a la unidad islámica, a cuya cabeza quieren situarse. Y con la poderosa y fraternal Hezbolá en el Líbano, meten Israel en una pinza que ya dio lugar a una poco concluyente guerra el pasado verano.
 
Los acontecimientos de Gaza abren una etapa radicalmente nueva del conflicto medio oriental, que ya abarca dos completas generaciones. Las esperanzas puestas en un estado palestino se esfuman. Los acuerdos de los noventa, Oslo, Taba, ya no sirven ni como referencia. Mientras que, por engañosa comparación, el Fatahstán, que se perfila al este del estado judío, en la Cisjordania ocupada, suscita el aplauso universal.  


 

 


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