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Ponte a la cola, Einstein
Colaboraciones nº 1760   |  14 de Junio de 2007
 

(Publicado en The Washington Post, 1 de junio de 2007)

Cualquier propuesta de ley que tenga 380 páginas está destinada a tener recovecos y resquicios reflejo de acuerdos privados, sobornos discretos y arreglos ad hoc de los que con frecuencia no tienes conocimiento hasta que es demasiado tarde.
 
Cuidado con los monstruos legislativos. Cuidado con "la exhaustiva reforma de la inmigración". Cualquier propuesta de ley que tenga 380 páginas está destinada a tener recovecos y resquicios reflejo de acuerdos privados, sobornos discretos y arreglos ad hoc de los que con frecuencia no tienes conocimiento hasta que es demasiado tarde.
 
Las principales provisiones del mamotreto de la reforma de la inmigración son bien conocidas. ¿Pero cuántos sabían, antes de leer el Post del sábado pasado, que si Einstein estuviera intentando obtener una tarjeta verde, tendría que hacer cola entre fontaneros argentinos y contables taiwaneses para presentar solicitud bajo el nuevo "sistema de puntos" que concede crédito por cosas como fluidez en el inglés o historial laboral friable? Qué oportuno que Albert fuera funcionario de la oficina de patentes, y que el cuidado personal no sea parte del sistema de puntos. Hasta la fecha hemos tenido una categoría para el talento indispensable superdotado de fama mundial. Grandes músicos, atletas y gerentes de tecnológicas entran hoy bajo el visado EB-1. Aparentemente esto va a ser derogado en nombre del egalitarismo imbécil.
 
Sospecho que esta provisión es una especie de disculpa para una de las buenas ideas de la propuesta - tener en cuenta las habilidades, la educación y la fluidez en inglés en vez de solamente los vínculos familiares, interrumpiendo una cadena del sistema de inmigración en la que un obrero yemení se trae a todo el clan mientras que ingenieros y profesores desesperados por entrar languidecen en el país de origen.
 
El precio de giro al raciocinio parece ser la abolición de la vía rápida VIP, que constituye menos del 2% de la inmigración total y, desde el punto de vista de los intereses nacionales, es la más valiosa económicamente. Esta idea sobrecogedoramente estúpida es motivo en sí misma para votar contra la propuesta de ley de inmigración. Más allá de la estupidez, la ley ofrece farsa, Mi parte favorita es la jugada de los impuestos atrasados. John McCain ha estado por ahí diciendo a todo el mundo que para poder ser legalizados, entre otras cosas, los inmigrantes ilegales tendrán que pagar impuestos atrasados. Tales son los estrictos requisitos del "camino a la ciudadanía".
 
El problema es que McCain descubría entonces que los impuestos atrasados no estaban en la ley. El Departamento de Seguridad Nacional había argumentado que recaudar dinero pagado en negro -- normalmente en efectivo, con frecuencia sin factura -- es en gran medida imposible. En la práctica, el precio de calcular y recaudar el dinero probablemente sobrepasaría a la recaudación. Bien, el impago de impuestos no es el tipo de cosa que quieres defender cuando intentas vender una reforma de la inmigración a ciudadanos que pagan sus impuestos - los atrasados y los demás. Pero la campaña por la legalización no se detiene en la estupidez y la farsa. También añade mezquindad. Como la noticia de portada del New York Times del pasado viernes, afirmando que "La gran mayoría de los americanos pide cambiar las leyes de inmigración para permitir a los inmigrantes ilegales obtener el estatus de legal".
 
Suena increíble. Y lo es. Una encuesta Rasmussen había demostrado que el 72% de los americanos juzga muy importante la implementación de la seguridad fronteriza y la reducción de la inmigración ilegal. Solamente el 29% juzga muy importante la legalización. En la práctica, cuando se plantea una cuestión distinta en la encuesta del Times - una que no salió en la portada - a los participantes, si quieren ver deportados y procesados a los inmigrantes ilegales, el 72% decía que sí. Yo busqué la pregunta de la encuesta que justificaba la afirmación pro-legalización. Es la Pregunta 61. Como sospechaba, era perfectamente tendenciosa. Daba a los encuestados dos opciones: (a) permitir a los inmigrantes ilegales que soliciten la legalización (una caracterización engañosa en sí misma dado que la presente ley concede estatus legal instantáneo a todos los aspirantes sin antecedentes), o (b) deportarlos.
 
Sorpresa. El 62% decía (a). Es como preguntar sobre el aborto: ¿prefiere usted (a) la legalización, o (b) la pena capital para el médico y la madre? Existe, por supuesto, una tercera alternativa: aquella con la que hemos estado viviendo los últimos 20 años - una cierta tolerancia hacia los inmigrantes ilegales que permite quedarse y trabajar a 12 millones, pero que les niega la mayor parte de las prestaciones sociales y los subsidios gubernamentales reservados a los ciudadanos legales, y que así sirve por lo menos como desincentivo suave de cara a aún más inmigración ilegal masiva.
 
En la práctica, a menos que la ley de inmigración sea enmendada, esa alternativa es lo que elegirá el país en esencia cuando la propuesta de ley fracase. Mi opinión es que podría ser arreglada con una provisión de control fronterizo muy firme. Pero asegurémonos de saber lo que dice realmente la propuesta de ley y no distorsionar lo que pide realmente el pueblo americano, que es control fronterizo antes que nada. Y por Dios bendito, mantener al Einstein en la vía rápida.


 

 
                                                                                                                 
Charles Krauthammer fue Premio Pulitzer en  1987, también ganador del National Magazine Award en 1984. Es columnista del  Washington Post desde 1985.
 
 
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