En 1977, ETA crea Herri Batasuna, concebida para ser su brazo político en las instituciones y las calles vascas. Constituía, junto a LAB, las Gestoras Pro-Amnistía y Jarrai su aparato de agitación y propaganda. Y desde el primer día, Patxi Zabaleta perteneció al grupo de personas que gestionaban políticamente el terror. El terror de los 21 muertos, mujeres y niños, de Hipecor; los once de Zaragoza (1987) o los diez de Vic (1991). Ante éstos y el resto de crímenes, Zabaleta se encogía de hombros y “lamentaba las muertes que provocaba el conflicto”.
Su salida de HB no fue por motivos morales, sino estratégicos; siempre ha rechazado la “lucha armada” por ser contraproducente para los objetivos políticos abertzales. De condena moral del terrorismo, nada de nada. Ha recibido la crítica de Batasuna y ETA por robarles votos –calcule usted de quiénes hablamos-, pero nada más, pues constituye el caballo de troya de los terroristas en su asalto al poder. Que nadie se engañe; si Patxi Zabaleta hubiese dado un paso al frente y condenado a ETA como la banda inhumana y criminal que es, estaría muerto o iría escoltado las 24 horas. En vez de eso se pasea con total libertad de movimientos.
La democracia exige la posibilidad del arrepentimiento y reinserción democrática. Pero en el caso de Patxi Zabaleta, es inexistente. Combatió la democracia y hoy ni se le pasa por la cabeza combatir el terrorismo. Sabe que su lugar es tendiendo el puente entre Zapatero y ETA; rechaza los crímenes de ésta para a continuación recordar que hay que pactar con ellos cuanto más mejor. Nafarroa Bai ha sido el más entusiasta apoyo de ZP en el Congreso en su apaño con los terroristas, y el más entusiasta defensor de privilegios y prebendas para los presos etarras y sus alevines callejeros.
Este es precisamente su papel; Nafarroa Bai es el intermediario que hace falta a Zapatero para pactar con ETA sin ensuciarse directamente las manos. Sabe que pactar con Zabaleta, ahora o tras las generales, le permite pactar con ETA. Razón por la cual estamos asistiendo a un blanqueo masivo en los medios de comunicación de Nafarroa Bai, pese a que ninguno de sus miembros cree en el pluralismo constitucional español. Y su líder, menos que nadie. Pero la maquinaria gubernamental ya está machacando con la idea de que es una coalición democrática como cualquiera otra. Pues no lo es.
Ha hecho falta poco tiempo para que ETA ofrezca sus votos a Uxúe Barkos, la tertuliana de PRISA, que se ha apresurado a aceptarlos; tal es la catadura política de la coalición de Zabaleta, el ex-miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna al que ZP quiere hacer presidente. Claro que fueron Rubalcaba y Conde Pumpido quienes metieron a los etarras en las instituciones, así que todo queda en casa. La pregunta, cada vez más, es si el blanqueo acabará en las próximas semanas o si será masivo hasta las próximas generales.