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Navarra ocupada: tiempos difíciles, pero no últimos
Análisis nº 193   |  7 de Junio de 2007
 
En Madrid, Rodríguez Zapatero seguirá persiguiendo con saña a la derecha navarra, por derecha y por Navarra. En Navarra, Nafarroa Bai pondrá todos los medios disponibles en el poder para acabar con toda oposición democrática y foral.
 
1. 14M, el Frente de la Paz o el cambio de régimen
 
En julio del año 2000, más de un año antes del 11S y más aún de la guerra de Irak,  José Luís Rodríguez Zapatero es elegido secretario general del PSOE. Hoy, en una España desmemoriada, incapaz de ver más allá de los problemas judiciales de Isabel Pantoja y lo último de Salsa Rosa, en una época de apoteosis de lo instantáneo, las memorias flaquean. Hace siete años, el joven político leonés que hacía la uve de victoria en el XXXV Congreso del PSOE, traía consigo sus propias ideas, su propio proyecto para el PSOE, para la izquierda, para España.
 
Ideas no desarrolladas en ningún gran discurso, pero de una intuición política evidente; la renovación de la izquierda, y tras ella, España entera “El socialismo moderno tiene que ser un gran cauce que dé cabida a los muchos afluentes que hay- históricos y modernos- para elaborar un pensamiento atractivo, reconocible y que, sobre todo, esté libre de dogmas. Quiero que el PSOE abra las puertas a todas las posiciones ideológicas progresistas”(El Mundo, 8 julio 2001)
 
¿Todas? El 14 de diciembre de 2003 se produce el Pacto del Tinell, y se forja el Frente de la Paz que acosa con violencia a los enemigos de los tratos con ETA y la rendición preventiva en Irak; ERC, partido revolucionario, nacionalista y pancatalanista, firma con el PSOE la marginación del PP. Tres años después, Rodríguez Zapatero aclara el motivo, explica en que consiste su proyecto de cambio de régimen; “Estamos culminando un proyecto con las bases de finales de los años 70” (entrevista Cuatro, 26 de enero 2006). Un poco después, en una España que apestaba a tratos con ETA, explicaba los cambios sociales que tenía previsto realizar; Lo que estamos haciendo es aplicar en su letra la Constitución, actualizarla demostrando su enorme capacidad para integrar la convivencia (El Mundo, 17 de abril de 2006). ¿Actualizar? La constitución política, ley fundamental, es referente de la acción política, no instrumento de ella; es límite exterior o marco. Ahora ya no; es el comienzo del camino, el punto de partida, el pasado irremediable. Rodríguez Zapatero no se equivoca, sí parecen hacerlo quienes afirman sin inmutarse la falta de un proyecto futuro. El Frente de la Paz está pensando en un más allá de la propia Constitución de 1978, en un cambio de régimen al que están invitadas todas las posiciones ideológicas progresistas.
 
Desde el inicio, el proyecto político de Rodríguez Zapatero es el cambio de régimen para España, el cambio institucional y social del país. Nuevo régimen político del que conocemos, como afirma Ignacio Cosidó, dos cosas, la transformación de España en una confederación y la conversión institucional en una democracia progresista, donde la derecha queda perennemente fuera del poder: “El nuevo régimen al que pretende conducirnos el Gobierno actual tiene dos ejes fundamentales: la transformación del actual Estado de las Autonomías en un Estado Confederal y la evolución de un régimen pluralista a un régimen de partido institucional, en una versión postmoderna del PRI mexicano de hace unas décadas”. (Ignacio Cosidó, Diario Palentino, 22 mayo 2005)
 
El proyecto de cambio de régimen había sido esbozado anteriormente por el expresidente Felipe González, y el periodista-empresario Juan Luis Cebrián en el libro “El futuro no es lo que era” (2001), donde éste último sitúa la línea a seguir; “Sentarse a comer con los nacionalistas, vascos, catalanes, con el Bloque Galego, con Izquierda Unida, etcétera, y que se vea que la oposición, aun estando en minoría, posee todavía una legitimidad histórica respecto a la construcción de la democracia, tiene algo que decirle a ese poder absoluto de la derecha que, aunque haya sido elegida y legitimada por las urnas, todavía carece, al menos en parte, de ese otro tipo de legitimidad, por más que sus líderes piensen de otra forma” (cit, Enrique de Diego, Época diciembre 2005)
 
Así las cosas, en lo institucional no hay declaración o discurso del Presidente del Gobierno que no denuncie a la derecha extrema, forma de llamar a la derecha extrema derecha sin cargar con la responsabilidad de hacerlo. Entre 2004 y 2007, la denuncia progresiva de Rodríguez Zapatero hacia la derecha extrema ha ido paralela al acercamiento progresivo a la izquierda más radical. En lo nacional, la denuncia del carácter crispador y autoritario del PP ha ido paralela a la defensa de los nacionalismos identitarios y esencialistas, en Cataluña, Galicia, País Vasco o Navarra. En la práctica, el consenso constitucional es sustituido por otro tipo de consenso.
 
En el año 2000, las intenciones de Rodríguez Zapatero podían pasar desapercibidas, pese a que él nunca las ocultó; en 2004 quizá estaban más claras; en el año 2007, engañarse carece de sentido. Desde el poder del Estado, apoyado en las fuerzas políticas que combaten la Constitución sin disimulo y sin contemplaciones, llega a acuerdos y firma pactos contra la derecha democrática que está llamada, en lógica constitucional, a alternarle en el poder. Sin mayores contemplaciones recuerda que el trabajo de 1978 está inconcluso, que ahora es el momento. Y efectivamente parece serlo, también en el caso de Navarra; la Constitución y el Amejoramiento del Fuero que en ella se apoya están, en la lógica del Presidente, llamados a desaparecer.
 
2. Zapatero: "¿Qué problema hay con que un ciudadano sea vasco navarro?"
 
¿Y en clave terrorista? En marzo de 2006 ETA declara su alto el fuego, y Rodríguez Zapatero esboza las intenciones del Gobierno, que no son otras que negociar políticamente con los terroristas. Quienes se escandalizan de que se acuse a Rodríguez Zapatero de negociar políticamente con ETA olvidan pronto sus propias palabras; “No me cabe ninguna duda de que en la medida en que el fin de la violencia se toque con las manos y que vaya acompañado por el compromiso de la izquierda abertzale con los métodos democráticos, eso producirá un nuevo escenario político, que deberá inspirarse en la búsqueda de un gran consenso de todas las fuerzas políticas para plantear el futuro político de Euskadi. Sólo con un gran consenso se podrá hacer que el nuevo escenario político que nazca del final de la violencia pueda dar futuro, estabilidad y convivencia” (El País, 26 de marzo de 2006). , En plena ofensiva pactista tras la declaración etarra de 2004, Rodríguez Zapatero es claro, a fuer de esconder las palabras; cuando el fin de la violencia se toque con las manos, se buscará un gran consenso de todas las fuerzas políticas en busca de un nuevo escenario político.
 
En 2004, Rodríguez Zapatero inicia desde el poder un proyecto de cambio de régimen, cuyo primer paso es la superación del sistema constitucional de 1978; es recibido con entusiasmo por aquellos que tienen en la Constitución el enemigo a batir. En ese año ETA estaba, afirman los informes, a dos o tres años de desaparecer; pero tras cuarenta años denunciando que la Constitución era antidemocrática, los terroristas se encuentran que el diagnóstico desde La Moncloa es idéntico al suyo. La cuestión vasca se solucionará mediante la superación de la Constitución, afirman Otegi en Anoeta y Rodríguez Zapatero en las páginas de El País o los mítines de domingo.
 
La versión oficial, según la cual ETA ofreció a Rodríguez Zapatero el inicio de un proceso de negociación a cambio de reinserción de presos y poco más, se ha demostrado falsa; fueron los enviados del Presidente quienes contactaron primero con ETA, y no al revés, antes de las elecciones de 2004. Un año después de llegar al poder, Rodríguez Zapatero comienza a eliminar obstáculos: En el año 2001, Redondo Terreros, después de una persecución política que el socialista vasco calificará de “caza del hombre”, es sustituido al frente del PSE por aquellos que llevaban años negociando con ETA y Batasuna; Jesús Egiguren llevaba años defendiendo que a ETA no se le vencería, sino que era necesario negociar con ella.
 
Lo cierto es que a nadie engañaba Egiguren, y a nadie engañaba Zapatero cuando sustituyó a Redondo Terreros por él.  En marzo de 2006, ni ETA estaba dispuesta a rebajar sus exigencias, ni pretendió hacer creer lo contrario; legalización de HB, liberación de presos, territorialidad, independencia. Lo que había cambiado no era la cúpula etarra, ni siquiera una de sus facciones, sino el Gobierno español, que por primera vez estaba abiertamente decidido a desmontar la Constitución contra la que combatían los terroristas. Un año después, en enero de 2007, ETA ha asesinado ya a dos personas en Barajas, lo que no impide que el proceso de negociación siga a buen ritmo; Rodríguez Zapatero negoció con ETA antes de 2004, y lo siguió haciendo después del 30D. La solución al terrorismo, afirmaba quince días después, está en la negociación política; “exige no sólo lo que es la fortaleza del Estado de derecho, sino que también exige la política. En el terreno de las ideas, exige ganar más voluntades, más compromiso de cuantos más ciudadanos, especialmente en Euskadi, y especialmente en eso que se llama la izquierda abertzale, están a favor del fin de la violencia y de que se logre la paz (El País, 14 enero 2007). En clave vasca, el cambio de régimen de Rodríguez Zapatero incluye la inclusión de la izquierda abertzale en un frente político que abarca, desde el PSOE hasta ANV y Batasuna; la incorporación de posiciones progresistas que defendía Rodríguez Zapatero en 2001; ¿porqué no incluir a Batasuna junto a ERC en el conjunto de las fuerzas progresistas?¿cómo no hacerlo si, signifique lo que signifique, el fin de la violencia se toca con las manos?
 
En relación con Navarra había algo más, naturalmente; el Frente de la Paz sostiene que en marzo de 2006 Navarra no estaba sobre la mesa, y que fue a mediados de año cuando ETA coloca la exigencia sobre la mesa, lo que motiva la ruptura de la tregua. Hoy también sabemos que fue falso; los enviados de Rodríguez Zapatero, antes de 2004, defendían por sí mismos la incorporación de Navarra a Euskadi. Aquí mismo ha sido recordado, y Jaime Ignacio del Burgo ha recogido textualmente los textos en su obra “Navarra, el precio de la traición” (Encuentro, 2007); antes de que ETA declarara la tregua, Rodríguez Zapatero no era neutro respecto a la cuestión navarra; se mostraba firme partidario de darle la solución que Egiguren proponía, la de la anexión lenta pero incuestionable.
 
Navarra no sólo estuvo en la mesa de negociación de Rodríguez Zapatero con ETA, sino que estuvo desde el principio; probablemente, la posibilidad de que el Gobierno de España, a través de Egiguren, conveniera con los terroristas en la posible anexión de Navarra, fue el desencadenante del proceso que culminó en marzo de 2006. Embarcado en un nuevo proyecto constitucional, Rodríguez Zapatero buscaba partir de finales de los setenta, y por tanto retomaba la cuestión que había quedado zanjada con la Constitución de 1978; mientras afirmaba que Navarra será lo que quieran los navarros, continuaba; "¿Qué problema hay con que un ciudadano sea vasco navarro? (El Semanal Digital).
 
Las consecuencias últimas del Pacto del Tinell llegaban a Navarra, pero además el fin de la derecha navarra venía incluido en el pacto con ETA. Hoy, el primer mandamiento es el realismo; desalojar a UPN del Gobierno de Navarra es una necesidad tanto para Rodríguez Zapatero como para ETA; el pacto con los anexionistas agradaba tanto al inquilino de La Moncloa como al terrorista escondido en Bretaña. Así ha sido desde 2004 y así es en junio de 2007.
 
Así las cosas, el 27M trascendía la simple elección municipal y autonómica. En ella se jugaban, en primer lugar, la necesidad de satisfacer las demandas de ETA, que no eran otras que un pacto que metiera a los panvasquistas en el Gobierno de Navarra. Y en segundo lugar, más allá, desalojar a la derecha de más instituciones. En el caso de ETA y del panvasquismo, se trataba de quitar el poder a su más encarnizado enemigo político, aquel que desde los ochenta impedía que Navarra se acercara a la órbita de Euskal Herria. Así, en Madrid y en Vitoria, socialistas y nacionalistas prepararon las elecciones del 27M en Navarra como lo que eran; el punto de no retorno del cambio de régimen.
 
3. La campaña contra la derecha navarra y el blanqueo de Nafarroa Bai
 
Nafarroa Bai une en su seno a cuatro partidos distintos; El PNV, sin presencia en la Comunidad Foral, músculo económico dependiente de Vitoria; EA, representante en Navarra del nacionalismo radical no criminal; Batzarre, pintoresco partido vasquista y republicanista, coartada progresista de unos partidos ideológicamente reaccionarios, y de cierta implantación en la ribera navarra. Coalición demasiado variada, dice el optimista; pero coalición con la conciencia de a quién hay que batir como sea.
 
Aralar nació como una escisión política de Euskal Herritarrok. Escisión puramente estratégica, pero no moral; Patxi Zabaleta siempre ha criticado y condenado la violencia por ser un obstáculo para lograr los objetivos políticos. En 1997, abandonó HB con el argumento de que acciones como la de Miguel Ángel Blanco hacían retroceder al nacionalismo. Ni antes de entonces condenó moralmente los crímenes etarras, ni después de esa fecha se ha enfrentado y ha combatido a ETA. Ha defendido las ayudas a los presos, a los detenidos por kale borroka, al tiempo que criticaba las acciones policiales.
 
Pero el cambio de Gobierno en Navarra, y con él el cumplimiento de los compromisos de Rodríguez Zapatero con ETA y su propio proyecto estatal, exigían el pacto con la coalición; el mismo pacto que Juan Luis Cebrián, dirigente destacado de PRISA, defendía unos años antes, y que hoy, tras las elecciones, defienden con ahínco sus columnistas e intelectuales estrella. El pacto no es posible tras el 27M, sino que hunde sus raíces en las conversaciones, que desconocemos, entre Rodríguez Zapatero y los terroristas etarras.
 
Así que la izquierda intelectual española se lanzó a la aventura de blanquear a una coalición que era contraria a la Constitución, y que recibía toda su fuerza del proyecto revolucionario de una escisión de Batasuna. El 27 de abril de 2006, Rodríguez Zapatero recibe a Uxúe Barkos en La Moncloa para hablar de ETA y Navarra; a esas alturas, el presidente Miguel Sanz aún esperaba una llamada que jamás se produciría, pero que no le impediría ver por TVE al sonriente presidente de España posando con la no menos sorprendente cabecilla de Nafarroa Bai. Es el pistoletazo de salida. entre marzo de 2006 y mayo de 2007, la izquierda mediática acoge en su seno a los representantes de Nafarroa Bai, Uxúe Barkos y Patxi Zabaleta, y los presenta como la alternativa política a la derecha navarra, condenada, en cuanto derecha, por Rodríguez Zapatero.
 
En la Cadena SER, de la noche a la mañana, Uxúe Barkos se convierte en estrella mediática a través de varios de sus programas.  Desde la privilegiada tribuna de la radio más poderosa de España, Uxúe Barkos denuncia cada semana la situación de Iruña y Navarra bajo la derecha navarra, el recorte de libertades, el ahogo de la ciudadanía. La izquierda española ofrece sus medios a NaBai, y NaBai esconde bajo la alfombra un proyecto nacionalista, esencialista y anexionista para ofrecer una cara amable que la izquierda, voluntariamente ciega, esta ansiosa por promocionar. Mientras, en Navarra, UPN muestra su inquietud, entrando sin saberlo en la red progresista-nacionalista.
 
Durante un año, ocultando los objetivos últimos, Nafarroa Bai se pasea por los medios denunciando a UPN como la negación de la pluralidad y la diversidad, la negación del debate, el ataque a la convivencia. Lo cierto es que el nacionalismo vasco en Navarra goza de una capacidad de maniobra y acción que para sí quisieran los constitucionalistas vascos allí donde PNV y EA gobiernan, pero la máquina se ha puesto ya en marcha, difícilmente parable. Al comienzo del año 2007, los foros de opinión de elpais.com, las llamadas de los oyentes a la cadena de radio, las intervenciones de los dirigentes de Nafarroa Bai, agasajados en cada programa de radio o televisión, claman contra el irrespirable clima se vive en Navarra. En Navarra la campaña es idéntica por parte de unos partidos que llevan treinta años negando la libertad en Euskadi, pero da igual; El País, la SER, Tele 5, ETB, Diario de Navarra se convierten en altavoz nacionalista. En el penúltimo último acto, tras años y años de llenar autobuses de Euskadi con destino a Navarra, los nacionalistas no toleran que UPN decidiera tomar las calles; la manifestación del 17 de marzo, fue acogida con una hostilidad entre los nacionalistas vascos sólo comparable a la que suscitó en la izquierda española, entregada ya a los encantos del panvasquismo navarro. Ese día UPN temió provocar una reacción que ya estaba escrita en las hojas de ruta.
 
Ideológicamente, Rodríguez Zapatero, el PSOE y el Grupo PRISA, con Jesús Polanco al frente, advierten contra el peligro del PP para la democracia, recuerdan su aislamiento respecto a las fuerzas democráticas, entre las que se cuenta Nafarroa Bai, comandado por el ex miembro de la Mesa Nacional de HB, Patxi Zabaleta. El blanqueo de aquellos llamados a pactar con el PSOE es paralelo a la demonización de UPN. La formación regionalista, más antigua que el propio PP, se ve incapaz de escapar del huracán que se desarrolla a su alrededor; no sabe que el futuro de Navarra se ha negociado a tres bandas, entre Nafarroa Bai, Rodríguez Zapatero y ETA, pese a que todo parece indicarlo con claridad.
 
Entre 2006 y 2007 se produce el blanqueo de Nafarroa Bai y la demonización de UPN; intensamente en todos los medios del Frente de la Paz. El climax se produce en la campaña electoral; Rodríguez Zapatero alerta en cada mitin de que el PP supone un problema para la convivencia y el pluralismo, y advierte en Navarra contra UPN; al mismo tiempo, Nafarroa Bai realiza campaña en nombre del pluralismo, la tolerancia. Unos y otros señalaban en cada mitin, en cada entrevista, el carácter antidemocrático de la derecha navarra. Así las cosas, la misma tarde del día 27M, los sondeos a pie de urnas daban por ganadora a la estrella política del grupo PRISA y miembro de Nafarroa Bai, Uxúe Barkos. Muchos españoles la conocían de sobra, pero ¿quiénes entre ellos conocían a Yolanda Barcina, que representaba a un número mucho mayor de navarros?. Durante el año que va de la tregua de ETA a las elecciones, Barkos y Zabaleta se pasean por los medios; Sanz y Barcina lo hacen esporádicamente el primero, jamás la segunda.
 
La izquierda española abrazó con entusiasmo el proyecto político de Rodríguez Zapatero, por oportunismo o por convicción. La hostilidad total contra la derecha se extendió a Navarra, donde se hizo amigos a los enemigos del enemigo; Nafarroa Bai, de credenciales constitucionales inexistentes, se convirtió en el aliado del PSOE. Al tiempo, la presión sobre UPN se hizo desde toda la izquierda española, sin distinción. A principios de 2007 el aislamiento intelectual de UPN era un hecho; faltaba, no obstante, darle el golpe de gracia. Ocurriría antes de las elecciones
 
4. Pactos bajo la mesa y El escándalo del Ayuntamiento de Pamplona
 
Así las cosas, antes de la campaña electoral el pacto entre Rodríguez Zapatero y ETA incluía arrebatar el Gobierno a la derecha para aproximar el futuro a lo que Egiguren y los etarras habían previsto en los últimos años; expulsar a UPN del Gobierno de Navarra era la clásica ambición etarra, y desde 2004, también del PSOE de Rodríguez Zapatero.
 
Así se produce el pacto preelectoral entre el PSOE y Nafarroa Bai para repartirse las instituciones navarras; el Parlamento de Navarra, para Fernando Puras; el Ayuntamiento de Pamplona para Uxúe Barkos, la estrella de PRISA y ETB. Antes del 27M, tanto socialistas como panvasquistas negaron la existencia de ese pacto, que reconocieron apenas se cerraron las urnas; la política del cinismo rara vez no va envuelta entre las palabras supremas de la paz, y en este caso no fue una excepción.
 
Lo cierto es que la derrota de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona era más difícil que la derrota en el Parlamento de Navarra; mientras Uxúe Barkos paseaba jaleada por los medios de la izquierda en toda España, Yolanda Barcina no salía o no podía salir de los límites de su cargo, la alcaldía de Pamplona. Pese a su silenciamiento, presentaba una gestión que en nada envidiaba a la de Esperanza Aguirre o Rita Barberá, razón por la cual su ventaja electoral parecía mayor, y más difícil de recortar para los estrategas en La Moncloa, Ferraz o Vitoria.
 
Ventaja subsanable con facilidad, a condición de no tener excesivos escrúpulos. Los pactos de Rodríguez Zapatero con Nafarroa Bai han sido y son paralelos a los pactos de ambas formaciones con la banda terrorista ETA. Así, en la espiral de progresiva demonización de UPN, se produce la exigencia de ETA ante las elecciones municipales y autonómicas; legalización de ANV o muertos sobre la mesa, amenazan los terroristas cuando ya De Juana se paseaba por las calles donostiarras.
 
En buena lógica, Pérez Rubalcaba y Conde Pumpido legalizan un número suficiente de listas batasunas como para calmar las ansias de la bestia etarra, pero lo suficientemente bajo como para enmascarar la decisión ante su electorado. Estamos en el mes de abril; el Frente de la Paz disfraza la decisión como inevitable, y ETA finge indignación. Hoy está ya demostrado que el criterio de legalización venía dado en dos direcciones; a favor de ETA, la legalización en aquellos lugares donde los terroristas no consentían en absoluto una ilegalización. A favor del PSOE, la legalización en aquellos lugares donde su concurso podría favorecer a éste frente a PNV u otras fuerzas.
 
En esta doble lógica de pacto electoral con NaBai y pacto bajo la mesa con ETA, se produce la ilegalización de la lista de ETA al Parlamento de Navarra; la mitad de los votos proetarras irían a parar al final a NaBai, al hijo díscolo Patxi Zabaleta. La composición de la lista etarra era diáfana, evidente. Tan diáfana y evidente como la lista de Pamplona, encabezada por una histórica de HB y EH. Pero ante la sorpresa de todos, el Fiscal General del Estado legalizó una lista cuya contaminación saltaba a la vista. La maniobra quedaba a la vista de todos.
 
En Navarra vencer a UPN era asequible para el bloque PSN-NaBai; no tanto en Pamplona. Con la ley electoral en la mano y la actual composición de ese ayuntamiento, las encuestas daban a UPN como asegurados los 13 concejales, a uno de la mayoría absoluta. Y matemáticamente, el concejal de la mayoría absoluta caería de parte de UPN a cambio de que la participación fuese alta y los votos, los esperados. Si esto ocurría, si el concejal número 14 fuese a parar a UPN, éste conservaría el Ayuntamiento; el pacto de PSOE con Nafarroa Bai sería imposible, y arrastraría consigo el pacto entre Rodríguez Zapatero y ETA. Destino irremediable a no ser que el último concejal en liza, el número 14, se disputara entre la lista más votada y otra lista minoritaria que pudiera pugnar por él y arrebatárselo matemáticamente según la ley d´hont.
 
Dicho y hecho, la conocida dirigente batasuna Mariné Pueyo vio legalizada su lista, y efectivamente, el concejal número 14 fue a parar a ETA en vez de a UPN, por un número mínimo de votos. La cosa no pudo salir mejor; hoy, sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que si Conde Pumpido no hubiera legalizado ANV en Pamplona, UPN conservaría el Ayuntamiento y el pacto PSOE-NaBai y Rodríguez Zapatero-ETA hubieran acabado el mismo día 27M. Pero los ministros del Interior y Justicia realizaron la zapa legal correspondiente, y en consecuencia salvaron el proceso de negociación de Rodríguez Zapatero con ETA.
 
El escándalo de Pamplona, la utilización de la ley con criterios oscuros y antidemocráticos, permitió desbloquear las negociaciones pasadas y presentes entre Nafarroa Bai y el PSN, y salvar los pactos de Rodríguez Zapatero con la banda terrorista ETA. UPN comenzó a perder el ayuntamiento de Pamplona desde el Tribunal Supremo y la Fiscalía General del Estado, y sus sospechas fueron ahogadas por unos medios que empezaban a dar por seguro su derrota electoral.
 
5. Todos contra UPN y la esperanza en la lealtad
 
Así las cosas, en mayo de 2007, Nafarroa Bai se había convertido en la niña mimada del Frente de la Paz, aquel que aglutina a políticos, intelectuales y medios de comunicación, incluídas todas las televisiones nacionales. Al mismo tiempo, el PSOE de Rodríguez Zapatero seguía advirtiendo del peligro que la derecha implicaba para la convivencia y la concordia nacional; mientras tanto, mandaba a casa a De Juana Chaos y legalizaba la lista de ANV en el Ayuntamiento de Pamplona. Mientras el Presidente del Gobierno advertía del peligro que para la convivencia suponía la derecha, Nafarroa Bai hacía una campaña electoral en nombre de la pluralidad y la convivencia.
 
Acostumbrado a la lealtad a la Constitución y al mejoramiento, UPN observaba entre pasmada y distraída el curso de los acontecimientos. Temía introducirse en el choque titánico entre Rodríguez Zapatero y Rajoy, teniendo en cuenta que éste había sido ya juzgado por “crispador”. Con una envidiable gestión y demasiados años en el poder, dos hechos pasaron inadvertidos en el partido regionalista.
 
En primer lugar, el hecho de que NaBai se había convertido en el monstruo ideológico y social que después se situaría como segunda fuerza política. A largo plazo, los Gobiernos de UPN, PSN y CDN habían ido aceptando la progresiva infiltración política  cultural desde el País Vasco; ¿cómo ignorar que el dinero fluye desde Vitoria a Navarra en cantidades ingentes en un mal disimulado proceso de euskaldunización? Durante la Transición, Arzallus fue claro y contundente; “llevaremos la guerra política a Navarra”. Y cierto es que lo hicieron; durante treinta años, la guerra cultural la ganó el panvasquismo, ante los complejos de un constitucionalismo que hacía carreteras en vez de educar en la Constitución y el Amejoramiento.
 
Engordado por el dinero del PNV e impulsado por el populismo de Aralar, Nafarroa Bai se convirtió ante las narices de UPN en el sueño de todo revolucionario; capacidad revolucionaria heredada de los hijos de ETA y capacidad material y económica recaudada de los hijos de Neguri. El panvasquismo tenía, por fin, una ideología y unos medios para el asalto al poder. Durante años, esta estrategia se desarrolló ante un Gobierno de Navarra dedicado a la construcción de carreteras tanto como de ikastolas hostiles. El 27M todo ello había cristalizado, queda por ver a partir de ahora si necesariamente.
 
Demasiados años de Gobierno pesaron en una reacción lenta y de escaso recorrido; hoy, la administración navarra parece copada de altos funcionarios llegados para servirse y no para servir a la sombra del Gobierno de un partido que parecía no tener fin. Ante una izquierda española que les despreciaba, ante un nacionalismo vasco que les había declarado la guerra ideológica, el calor de los despachos impidió que nadie, más allá de pocas excepciones, saliera a la calle a pelear con unos y con otros. Entre la desgana arrastrada y la desesperación de última hora, UPN perdió Navarra sin apenas presentar batalla. Enfrente, sin embargo, la batalla de las ideas estaba bien planteada y planeada.
 
UPN no lucho ni política ni ideológicamente, en la creencia de que su excelente gestión bastaría. Barcina y Sanz creyeron que la bonanza económica y social serían suficientes para una población cuyo PIB es comparable al de Madrid. Situada a la cabeza de Europa, con una sanidad envidiable y un nivel de vida placentero, ¿cómo prever el rechazo de los principales beneficiarios de la estabilidad constitucional? Error del optimista; fue precisamente el bienestar lo que adormeció a una población que ni intuía ni intuye aún el proyecto revolucionario que se le presenta en el futuro. Las carreteras, los baluartes, la educación y sanidad no bastaron ante la propaganda convenientemente preparada.
 
Mientras el nacionalismo, criminal o moderado, hacía de las calles el campo de batalla de sus ideas, UPN buscó evitar la crispación, evitar presentar las cosas con idéntica crudeza a como las presentaba el proyecto revolucionario que se le oponía. Honrosa posición que condujo a un problema mayor del que buscaba evitar; rodeado, acabó siendo declarado culpable de una crispación que siempre evitó buscar, y no gozó de la oportunidad de que si contaron sus oponentes.
 
En el fondo latía la convicción y la lealtad a una tradición pactista foral que Patxi Zabaleta y Rodríguez Zapatero desprecian profundamente. En 1983-1987 y 1987-1991 el PSN gobernó en minoría; en 1991 lo hizo UPN también en minoría; en 1995, la coalición CDN-PSN-EA acabó en escándalo, y en 1996, UPN pactaba el Gobierno de Miguel Sanz; en 1999-2003 pactaban el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona. ¿Cómo intuir la tormenta política actual?, se pregunta el regionalista desengañado. UPN conocía la historia; en Navarra gobernaba la lista constitucionalista más votada, con la leal oposición de PSN y UPN, según los casos.
 
¿Tenían motivos los miembros de UPN para pensar en un nuevo pacto tras las elecciones? Sí, a condición de obviar que la defensa de la Constitución y del Amejoramiento han sido abandonados por Rodríguez Zapatero. En 2007, UPN parecía estar pensando en un PSOE que había dejado de existir cuando Rodríguez Zapatero fue nombrado secretario general y persiguió con saña a Redondo Terreros para sustituirlo por los socialistas anexionistas. Ni siquiera el relevo apresurado y sospechoso de Carlos Chivite por Fernando Puras sirvió para que los regionalistas intuyeran que esta vez se quedarían solos y que la cosa iría en serio.
 
UPN creyó poder escapar del cordón sanitario que desde 2004, y antes, acosa al Partido Popular. Olvidó que el cordón sanitario no es contra el PP, sino contra la derecha española en sí; en el proyecto de cambio de régimen de Rodríguez Zapatero, no hay distinción entre unos y otros, no hay lugar para un comportamiento leal que se basa en una fe en la Constitución que el presidente no tiene.
 
6. ¿Y ahora qué? El Anschluss foral
 
En junio de 2007, sólo el ingenuo y el mentiroso pueden afirmar que el pacto de Rodríguez Zapatero con ETA no existe. Existió antes de marzo de 2006 y antes de marzo de 2004; existe desde después del 30 de diciembre de 2006 y después de mayo de 2007. El pacto incluye la creación en Navarra de un Gobierno anexionista, que comience un proceso de desestructuración cultural e institucional que dará sus frutos más adelante. Ni uno ni otros tienen prisa alguna, más allá de que el proceso de aculturación no pare y llegue hasta el final, el de la autonomía común primero y el de la independencia bajo la confederación, después.
 
En un proceso de cambio de régimen, la izquierda española ha dado la espalda a Navarra, y lo hace actualmente; la oposición de parte del PSOE a entregar el Gobierno de Navarra al panvasquismo no lo es ni por principios morales ni políticos o institucionales. Ninguno de los barones del PSOE, ni Chaves, ni Barreda, ni el aparato del partido, niegan la legitimidad de pactar con Patxi Zabaleta el futuro de Navarra. Todos ellos admiten el pacto con naturalidad. Lo que temen son las consecuencias que pueda tener electoralmente en sus propias regiones; ¿Cómo dudar que estos escrúpulos desaparecerán tan pronto como los votos se depositen en las urnas? Preocupados por las elecciones de 2008, no parecen tener interés ni curiosidad por el futuro del proyecto autonomista de Navarra después de entonces.
 
Así las cosas, el PSN pactará con Nafarroa Bai ahora o después de las elecciones de 2008. Hoy, el PSOE da la razón al PP precisamente pretendiendo quitársela; puesto que insultabais diciendo que pactaríamos con Nafarroa Bai, pactaremos con Nafarroa Bai. Presa del pánico, UPN se apresura a buscar el deshielo, a pedir perdón, a apelar a los buenos sentimientos. Sus dirigentes ven ya la zarpa del anexionismo crisparse sobre el Palacio de Navarra, y se lanzan desesperados a pedir clemencia por unos pecados que no han cometido; el pacto del PSOE con Nafarroa Bai está firmado, y lo estaba ya hace demasiado tiempo, antes de que Miguel Sanz mostrase su inquietud por los pactos con ETA.
 
No hay nada que UPN pueda hacer para impedir que el pacto firmado entre Rodríguez Zapatero y ETA se cumpla inexorablemente; salvo imprevisto, Puras y Patxi Zabaleta ocuparán el sillón de Miguel Sanz, y el segundo comenzará el proceso de aculturación y euskaldunización de Navarra ante la sonrisa complaciente del Presidente de la nación y el aplauso de la izquierda del Tinell. Así está pactado y a ello están dispuestos los principales actores.  Queda por ver si las presiones etarras forzarán a un acuerdo ahora o si los equilibrios internos del PSOE llevarán el acuerdo tras las elecciones calmando a la bestia etarra; tanto si gana como si no, si Rodríguez Zapatero continúa dentro de un año como secretario general del PSOE, el PSN y Nafarroa Bai pactarán en Navarra y comenzará el Anchluss en el Viejo Reyno.
 
¿Cómo no prepararse para una época difícil? Cercada por la opinión pública trabajada durante meses, con el PP celebrando una victoria pírrica, UPN se encuentra en la más absoluta soledad; sus dudas y predicciones se han cumplido, y el PSOE amenaza con pactar con Nafarroa Bai con la excusa de que UPN afirmaba que pactarían con Nafarroa Bai. En la más absoluta soledad, o UPN e expulsada del poder en dos semanas o Rodríguez Zapatero lo mantendrá enchufado al respirador de la negociación con ETA durante un año.
 
Soledad, eso sí, en la que le acompañan casi la mitad de los navarros de manera directa, habrá que ver cuantos de manera indirecta. En los próximos cuatro años, dos fuerzas poderosas les perseguirán allí donde se escondan. En Madrid, Rodríguez Zapatero seguirá persiguiendo con saña a la derecha navarra, por derecha y por navarra. Primero en el Gobierno y después fuera de él, o fuera de él desde el principio, UPN no esperará clemencia de quien no desea dársela. En Navarra, si Nafarroa Bai accede al Gobierno, pondrá todos los medios disponibles en el poder para acabar con toda oposición democrática y foral; para que la revolución triunfe, sólo hace falta una minoría bien organizada, una mayoría pasiva y una élite cómplice.
 
Tanto si tiene un año de prórroga en el Gobierno para preparar la resistencia de la Constitución y del Fuero frente al espacio vital vasco, como si desde ya es expulsado por Rodríguez Zapatero, Patxi Zabaleta y la banda criminal ETA al infierno de la oposición con un gobierno nacionalista, la responsabilidad de UPN afecta a partir de ahora al futuro. La conciencia y la denuncia de que tenían razón cuando alertaban de los tratos de Rodríguez Zapatero con ETA no permitirán salvar el Gobierno de Navarra, pero permitirán salvar la honra de UPN y forjar un proyecto de futuro para oponerse a una absorción anunciada.
 
Y la conciencia de que, enfrente, tendrán en cualquier caso a un Gobierno de la nación que llevará el proyecto anexionista hasta el final, permitirá recoger una dignidad democrática que Rodríguez Zapatero ha arrebatado durante tiempo al PSN. En el desierto de la oposición o en el Álamo de un Gobierno con los días contados, la resistencia debe empezar ya. La oposición de UPN debe basarse en la creencia en unos principios que nos retrotraen a su nacimiento; la creencia, contra viento y marea, en el futuro de la Constitución y del Amejoramiento, y una capacidad de sacrificio y lucha que ha sido capaz en el pasado y puede serlo en el futuro de vencer un proyecto antiliberal y anticonstitucional. Tiempos difíciles. Pero no últimos.
 
PS; ¿Cambia las cosas el comunicado de ETA del 5 de junio? El pacto de Rodríguez Zapatero con la banda terrorista no es el origen de la entrega de Navarra; más bien es la consecuencia de un programa de cambio de régimen que la incluye. Ello permitió continuar el proceso después de los dos crímenes de Barajas, y ello permitirá el diálogo entre uno y otros después del comunicado. Tras el panfleto del 5 de junio, Rodríguez Zapatero sigue contemplando la posibilidad de una comunidad vasco-navarra que Otegi adora y ETA exige. Y sigue contemplando la posibilidad de superar la Constitución y el Amejoramiento. No lo hace forzado, sino desde una convicción ideológica que va más allá de marzo de 2006, del 27M o del 5 de junio. Navarra no está hoy menos negociada que antes.

 
 
Óscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.


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