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Mayo de 2007: año I de la nueva revolución francesa
Colaboraciones nº 1704   |  18 de Mayo de 2007
 
El 6 de mayo en París, algunas de las fieras callejeras a las que va a enfrentarse Sarkozy, tiraban adoquines - vieja tradición - en la plaza de la Bastilla. Lo que no sabían es que las piedras procedían de la demolición del viejo muro del 68.
 
Amour sacré de la Patrie
Conduis, soutiens nos bras vengeurs !
Liberté ! Liberté chérie,
Combats avec tes défenseurs ! (Bis)
Sous nos drapeaux que la Victoire
Accoure à tes mâles accents !
Que tes ennemis expirants
Voient ton triomphe et notre gloire !
Aux armes, citoyens ! Etc.
 
“Amor sagrado por la Patria/ Lleva, sostiene, nuestros brazos vengadores/ ¡Libertad! querida Libertad / Combate junto a tus defensores/ Bajo nuestras banderas, que acuda la Victoria a tu timbre varonil/ Que tus enemigos expirando/ ¡Vean tu triunfo y nuestra gloria!”
No se trata del himno del liberalismo, aunque bien podría serlo, sino de una estrofa menos conocida de La Marsellesa. se canta en la versión de la famosísima cantante en el país vecino Mireille Mathieu,. Y esa versión es más verdadera que la oficial. Y la estrofa, que se repite, acaba: “¡Que una sangre impura riegue los surcos de nuestro campo!”. Todo ello muy bucólico y pastoril como se ve. No en vano es un canto de guerra. Se supone que de guerra por la libertad. ¿Por la libertad?
 
En la celebración de la Plaza de la Concordia por la victoria de Sarkozy, habló el presidente electo y para terminar cantó Mireille Mathieu, y unas cuantas miles de voces más. ¿Qué libertad esperan esas voces?
 
Primero, que en las elecciones legislativas de mediados de junio gane la UMP de Sarkozy para cumplir con la naturaleza de las instituciones de la Vª República. Estas son reacias a la cohabitación, a pesar de que la ambición política y la falta de respeto por ellas, la hizo posible en varias ocasiones recientemente. Es probable que la UMP consiga esa mayoría en las urnas para la Asamblea. Entonces podrá comenzar en franquía el programa de Sarkozy. Hay que recordar, no obstante, que el Gobierno, según la Constitución gaullista del 58, no procede de la Asamblea, sino del Presidente de la República. Esto, en dos sentidos, el Presidente nombra al Primer ministro y, en consulta con él, a los ministros. Y ningún ministro puede ser parlamentario. Cierto que pueden presentar un programa de gobierno a la Asamblea, pero no es obligatorio. Es decir que el Gobierno es tal mientras no deposite la Asamblea una moción de censura contra él y la gane.
 
Segundo, el Presidente quiere hacer el núcleo de las reformas - la ruptura - que propone, en breve tiempo. Buen conocedor de la historia francesa sabe que se puede perder en la calle de París lo que se ha ganado en las urnas. Por ello tiene ya preparadas las líneas maestras de los textos que quiere someter a la Asamblea.
 
Tercero, las reformas esenciales deberán estar en marcha en cien días. La costumbre del número redondo de los cien días evoca un sentido especial en Francia. Después del primer exilio de Napoleón, vuelve a Francia con setecientos de sus fieles y desde Antibes en la Costa Azul, hasta París en el Norte, recorre el país volviendo por donde solía y recuperando el poder sin disparar un tiro. Desde entonces hasta la definitiva derrota de Waterloo pasarán,… 100 días. Y ya se sabe: “Waterloo podrá borrar mis victorias, pero nadie borrará mi Código civil”. Así que para que nadie borre la Ley, habrá que hacerla. ¿Qué Ley?
 
En primer lugar se pretende promover una conferencia entre los agentes sociales para mejorar el poder adquisitivo y los salarios. Rama por rama de actividad se premiará el logro de consensos en el menor tiempo con una reducción más sustancial de las cotizaciones sociales.
 
Varios proyectos de ley, por otra parte, se encuentran ya esbozados y serán remitidos al Consejo de ministros. El propósito principal del primero: revitalizar la economía mediante una reducción de impuestos. También hay previsto otro proyecto para reforzar la seguridad, y uno que regule la inmigración y otro que reforme la Universidad. Todo ello mediante la habilitación de una sesión extraordinaria del Parlamento en el mes de julio, en pleno Tour de Francia. A paso militar, que Francia espera.
 
Junto con la finalización de la formación del nuevo Gobierno, nombramiento de secretarios de Estado y demás altos cargos, habrá que nombrar una comisión de reforma constitucional. Se pretende permitir al Presidente de la República que se presente ante el Parlamento a hacer balance de su actuación.
 
Las reformas fiscales previstas se desarrollarán a través de una ley de reforma presupuestaria. Se tratará de incluir la reducción de la fiscalización de las horas extraordinarias, tanto para empleadores como trabajadores, para fomentar el trabajo.  Por otra parte, como resulta que muchos españoles y británicos tienen casa en propiedad, y como Bush propuso en su día una “ownership society”, se pretende deducir los gastos de hipoteca, incluso las ya en vigor, de los impuestos. En el mismo sentido se suprimirán los derechos de sucesión y donación para entre un 90 y un 95% de los casos. Aquellos que pagan Impuesto sobre el patrimonio podrán deducir hasta 50.000 euros si invierten esta cantidad en una pequeña  o mediana empresa.
 
Las cuestiones de seguridad son claves y pasan por reducir la edad penal de los 18 a los 16 años. Se prevé crear penas mínimas para los reincidentes y se plantea la creación de hospitales-prisión que puedan castigar y cuidar a la vez, especialmente a los delincuentes sexuales.
 
Respecto a la inmigración se propondrá que el reagrupamiento familiar sólo pueda producirse a condición de que se cuente con un empleo y una vivienda en donde pueda juntarse la familia. Se requerirá también pasar un examen de idioma.
 
También se pretende que antes del verano se resuelvan normativamente las cuestiones de los servicios mínimos durante las huelgas, y lo que ya se denomina un “plan Marshall” para el empleo. Sobre lo primero se reunirá a los sindicatos para acordar planes de servicios mínimos. Como siempre, hay incentivo. Si no se logra, se votará una ley sobre la cuestión a la vuelta del verano, o incluso antes si es menester. Se fomentará la creación de hasta 250.000 empleos con la vista puesta en los “jóvenes de los barrios”, mediante la prohibición de rechazar más de dos ofertas de empleo de acuerdo con las características de cada uno, y la correspondiente obligación de que cada receptor de ayudas sociales tenga que realizar una actividad a cambio.
 
Para el reinicio de actividades otoñal, por si lo anterior no lo eran, están previstos cuatro debates. Uno sobre la implantación de la igualdad salarial entre hombres y mujeres con la invitación a las empresas a implantarla en dos años salvo denuncia de la inspección de trabajo. Dos, sobre la regulación del empleo (con el desgraciado nombre de flexi-seguridad) en donde se pretende flexibilizar el despido al tiempo que se aumentan las indemnizaciones por paro, adoptando reglas más claras y generales sobre el contrato de trabajo. Tres, sobre las condiciones de trabajo. Cuatro, sobre la democracia sindical, con la voluntad de abrir más el campo en las elecciones a representantes del personal, y la obligación de votar con sufragio secreto para continuar la huelga pasados ocho días, en ciertos sectores. Además, discusión de medidas sobre el medio ambiente, estableciendo un impuesto sobre el dióxido de carbono, y fiscalidad ecológica en general.
 
Y ya en octubre, que se antoja un mes lejano después de tantas medidas normativas, la discusión parlamentaria sobre el presupuesto. El programa incluye la interdicción del carácter confiscatorio del impuesto sobre la renta, limitando al 50% el tipo máximo - que ya está bien -, incluidas las aportaciones a la seguridad social, así como reducción de impuestos para las empresas, esencialmente a través del Impuesto de sociedades.
 
Pero más allá de las medidas concretas, algunas de las cuales son excelentes y otras no tanto, hay otra cosa. Entre las menos acertadas: en la propuesta de mini-tratado europeo, aparte de que España pierde en la ponderación de los votos, se incluirá un control político del Banco central europeo, y unas medidas para evitar la sobrevaloración – sea eso lo que fuere – del euro. La otra cosa que hay es el auténtico sentido revolucionario del voto de los franceses, a los que les han prometido esfuerzo, trabajo y ruptura, y han dicho sí.
 
Sarkozy se ha pasado la campaña de la segunda vuelta denunciando las ideas de mayo del 68 y ahora ha llegado el mayo de 2007 que significa un notable cambio de actitud al respecto. Cuando Mitterand ganó las elecciones de 1981 supuso el auténtico triunfo del programa del 68, un verdadero intento de lograr un “comunismo democrático”, valga la contradicción. En efecto, el plan inicial de Mitterand, que asustó tremendamente a los franceses sensatos en su día, era el famoso “programa común de la izquierda”. Significaba la “nacionalización” de la economía; o sea, lo contrario, la estatalización de la economía. A los pocos meses se encendieron todas las alarmas, y Mitterand, un oportunista y malabarista de la política, moderó todos los afanes. Pero el mal estaba hecho.
 
Desde entonces, el cauce por el que había de transcurrir todo el ámbito público era el socialista, mucho más cercano del socialismo real de lo que jamás se ha estado en Europa Occidental. Y nadie disputaba esta premisa que, izquierda o derecha, asumían como inamovible. El 130% de deuda pública acumulada y unas cuantas obras preclaras de algunos intelectuales, que no dimitieron de su condición como ocurrió con mayo del 68 y la famosa “Traición de los intelectuales” de Julián Benda, han dado a entender a los franceses que no se puede seguir, y han derribado el muro.
 
El 6 de mayo en París, algunas de las fieras callejeras a las que va a enfrentarse Sarkozy, tiraban adoquines - vieja tradición - en la plaza de la Bastilla. Lo que no sabían es que las piedras procedían de la demolición del viejo muro del 68. Cuando se conoce hasta qué punto es relevante para el acontecer de las ideas desde hace un par de siglos lo que pasa en Francia, se cae en la cuenta de lo importante que es esto para toda Europa.
 
¿Podrá Sarkozy con los poderes establecidos o chocará con ellos como sugiere Michel Gurfinkel http://www.commentarymagazine.com/cm/main/viewArticle.aip?id=10869 en un excelente artículo? Es difícil saberlo, pero invocando a los dioses laicos del panteón republicano, podemos pedirles,
 
“¡Libertad! querida Libertad / Combate junto a tus defensores/ (…) / Que tus enemigos expirando/ ¡Vean tu triunfo y nuestra gloria!”. En sentido figurado, claro está.

 
 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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