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Un personaje para la historia
En letra impresa nº 759   |  11 de Mayo de 2007
 
(Publicado en ABC, 11 de mayo de 2007)

 
Siempre me ha sorprendido la cantidad de biografías que se publican en el Reino Unido sobre las grandes personalidades de su historia política. Si los editores se atreven a sacar al mercado estos libros es porque hay interés. Los dilemas que caracterizaron las biografías de Disraeli o de Chamberlain están vivos en la memoria de las elites británicas, cuando no están todavía vigentes en del debate de nuestros días. Sin lugar a dudas, tanto Thatcher como Blair entrarán a formar parte de esa lista de grandes personajes que han determinado, con su personalidad sobresaliente, la historia de una gran nación.
 
Desde un primer momento su programa socialista fue recibido con expectación en toda Europa. Representaba el abandono de los restos de marxismo, del excesivo intervencionismo estatal y de la cesión de poder a los sindicatos que habían caracterizado los gobiernos de Wilson y Callaghan. Sin rubor, asumió parte del legado de Thatcher, asegurando una economía dinámica como condición imprescindible para ejercer la solidaridad. Defendió un socialismo de firmes convicciones, en las antípodas del relativismo que asola a sus partidos hermanos en el continente, que le llevaba a aplicar el uso de la fuerza cuando las circunstancias lo hacían imprescindible.
 
El Reino Unido mantiene unas constantes en su política exterior que están por encima de los vaivenes electorales. Blair se ha mantenido dentro de la tradición, pero imprimiendo su sello a la acción exterior británica. En línea con el gran dirigente liberal de la segunda mitad del siglo XIX William Gladstone, Blair trató de que la diplomacia fuera una expresión de los principios y valores de la no escrita Constitución británica. De ahí su empeño en promocionar la democracia y, en especial, los derechos humanos.
 
Europa fue su obsesión. Fue el principal promotor del segundo pilar, el relativo a la política exterior, de seguridad y defensa. Una iniciativa que quedó truncada por la opción antinorteamericana de Chirac y Schröder.
 
El paso del tiempo nos ayudará a valorar la importancia de su legado.


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