(Publicado en ABC, 8 de mayo de 2007)
Por tercera vez consecutiva el socialismo francés ha sido derrotado en unas elecciones presidenciales. El haber llegado en esta ocasión a la segunda vuelta no parece suficiente consuelo. El domingo Ségolène Royal agradecía a sus fieles el apoyo recibido y se presentaba como la dirigente que les llevaría finalmente a la victoria. Para reforzar ese liderazgo se dio dos sucesivos baños de masas. El primero antes de intervenir, paseando por la sala entre sus seguidores. El segundo, a la finalización del acto, mezclándose, para desesperación de la policía, entre los que la aclamaban en la calle.
Nada había de espontáneo. Mientras Royal trataba de afianzar su posición, los dos barones más significados del socialismo francés, Strauss-Kahn y Fabius, proclamaban sin tapujos la derrota de la alternativa presentada por Royal y la necesidad de afrontar una reforma del programa del partido que les devolviera la condición de alternativa de poder. Sus posiciones sólo coincidían en el no a Royal, aunque sin demandar expresamente su retirada. No era el día para hacerlo, pero no caben dudas sobre sus intenciones.
En la conferencia del pasado verano en La Rochelle, Royal sorprendió imponiéndose a los viejos pesos pesados del partido como candidata a la Presidencia. Representaba algo nuevo, pero vacío. Allí empezó la crítica demoledora contra su figura, que fue continuada por el centrista Bayrou. En ningún momento de la campaña consiguió reponerse de dos acusaciones: carecía de peso específico para asumir la Presidencia de la República y su programa económico era inconsistente. A Sarkozy sólo le quedó refrendar lo que ya era obvio.
Pero Royal no ganó por casualidad. Representa una nueva corriente de la izquierda europea, que ya no es socialista sino progre, que carece de convicciones y valores, que se siente cómoda en el relativismo moral y en una concepción de la política anticonservadora y cortoplacista. Saben lo que rechazan y poco más. Los barones la pueden despreciar, pero sería un error ignorar hasta qué punto es mujer de su tiempo.