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Esa caverna neocon
Apuntes nº 39   |  4 de Mayo de 2007
 
Entre volver a la caverna de Platón o seguir atentamente la caverna de Irene Lozano en ABC, me decanté por esta última. Dónde va a parar.
 
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante.
 
En estos términos explica Platón, en el libro VII de La República, la situación del hombre respecto al conocimiento de la verdad, y en esas estaba un servidor cuando se topó con el excelente análisis publicado en el diario ABC el 12 de abril de 2007, que la premio Espasa de ensayo Irene Lozano hace a propósito del libro “Qué piensan los neocon españoles” que sin duda el lector ya debe conocer a estas alturas. Así que el abandono de el de las espaldas anchas era una obligación ante el prometedor artículo “¿Qué es un neocon?”.
 
Pues bien, ya no hace falta comprarse el libro de José María Marco sobre el conservadurismo americano, porque la escritora hace un brillante análisis que nos evitará cualquier otra lectura; “Los nuevos conservadores que mejor ilustran ese proceso son los denominados Intelectuales de Nueva York, que apoyaban el gasto social del Estado al tiempo que defendían un comunitarismo moral y cultural de la más rancia estirpe” Vaya, ya empezamos; ¿Rancia estirpe? Diríase que los asuntos referidos al gasto social del Estado son históricamente modernos; el comunitarismo, aún más, ¿no? Pues no; resulta que son de rancia estirpe. Lo de rancio se entiende, pero  no se si me queda muy claro que tiene que ver la estirpe con el gasto, como no se refiera al familiar de los Kristoll o los Podhoretz. Eso debe ser.
 
Pero parece que no; Ahí estuvieron entre otros Philiph Rahv, Nathan Glazer o Daniel Bell, que transitaron desde la marginalidad de Partisan Review al centro de la sociedad norteamericana y desde lo que en su espectro político se considera extrema izquierda hasta el centro-derecha (aquí derechota o caverna)
 
Vaya, sí que era fácil: He aquí la profunda caverna de Irene Lozano; la caverna es la derechota. Muy buena licencia literaria, muy buena; el sufijo –ota es aumentativo, y sobre todo, despectivo. ¿Qué se creían? La derecha española es derechota, y va a remolque de la americana. Pero no me negarán el sofocón con lo de derechota; ¿me habré equivocado de periódico?, pensé. Así que busco las firmas de Pradera, Ramoneda o Manuel Rivas. Pues no; se trata del ABC. Así que entre volver a la caverna de Platón o seguir atentamente la caverna de Irene Lozano en ABC, me decanté por esta última. Dónde va a parar.
 
En su exégesis literario-ensayística, continúa enseñando el exterior de la caverna a los ingenuos lectores: Pero el prefijo neo también alude a una reinterpretación de la doctrina conservadora que ha cobrado cuerpo en George Bush y la caterva de personajes sombríos de su administración. En su marmita ideológica se cuece el rechazo de Strauss a la disolutas sociedades liberales –cuya peligrosa corrupción moral se combate con neofarfolla cristiana-, aderezado con una visión mesiánica del papel internacional de EEUU que deriva en el unilateralismo (antes “imperialismo”, para entendernos), y salpimentado con la desregulación empresarial y el desmantelamiento de los servicios públicos.
 
No me negarán que Lozano ha aclarado la cosa de los neocon, ¿eh?. Veamos: Caterva de personajes sombríos, marmita ideológica, neorfarfolla cristiana, visión mesiánica. No hay más preguntas, caso cerrado. Con lo de la caterva –“Multitud de personas o cosas consideradas en grupo, pero sin concierto, o de poco valor e importancia”-, la autora acierta, eso sí; los neocon jamás han constituido un grupo concertado. Aunque de tan poca importancia, hay que ver el interés que despierta en la novelista; y para ser muchos, mal avenidos y sin importancia, el secuestro de Bush tiene su mérito. Será que cuando los neocon salen de la caverna, tienen muy mala leche. Sí, eso debe ser.
 
La cosa mejora con lo de la marmita ideológica. Ahí es donde servidor se pierde un poco: Si la marmita es el lugar donde se mezclan diferentes elementos,  y la ideología se define como la concepción única y unívoca de la realidad; vaya, ¿en qué quedamos? ¿Hechizo multifrutas o la derechota de siempre? La verdad es que el neoconservadurismo de Krauthammer y Podhoretz resulta a veces arduo, pero a menos que Lozano tenga pruebas de que de niños se cayeron en la marmita platónica de Strauss, no se llega a comprender semejante relación.
 
Pero aún hay más. Lozano califica de neofarfolla la filosofía del bueno de Leo Strauss. Hombre, la farfolla, “Cosa de mucha apariencia y de poca entidad”, parece difícilmente aplicable a una obra como la de Strauss donde se unen Heidegger, Hegel y Platón. El lector de GEES se cuidará mucho de calificar de farfolla la obra de una escritora de calidad como Irene Lozano, aunque a ésta le preocupa menos hacer lo propio con la filosofía de Strauss. Quizá esté preparando una monografía que arroje luz sobre el tema, que interesará sobremanera a la derechota cavernaria.
 
En cuanto a lo de visión mesiánica, la cosa se pone seria, aunque sin exagerar; uno creía que el mesianismo implica la esperanza en aquel que está por llegar. O sea, la doctrina que se basa en un advenimiento futuro. El mesianismo no defiende un líder en el presente, sino un salvador para el futuro hacia el que orientar el presente; pido perdón, porque esta consideración corre el peligro de ser considerada neofarfolla cristiana por parte de la autora. Los llamados neoconservadores piensan el futuro en términos de presente, y no el presente en términos de futuro, eso parece claro. Así que un mesianismo bastante raro, el de éstos. Será el brebaje de la marmita. O neomarmita.
 
Para aclarárnoslo, Lozano acude a José María Aznar y al dichoso libro; Pensé yo que Aznar aclararía algo el día que presentó un libro titulado “Qué piensan los neocon españoles”, pero se limitó a dejarnos en suspenso explicando que él es un “liberal clásico”. Menuda vergüenza, Aznar, sin aclarar que es eso de un neocon. Menos mal que Irene Lozano lo explica en su excelente análisis. Y es que más vale una escritora de éxito que un político amigo de Bush y encima de la derechota. Dónde va a parar.
 
He aquí su aproximación al neoconservadurismo español, repleto de profundidad y análisis crítico: Para el contexto español harán falta referencias a esos viejos periodistas que se han percatado de que está mejor pagado el oficio de showman y agitador ultraderechista. Pero habría que eludir toda alusión a lo liberal porque, pese a las envolturas, los neoconservadores no creen en la libertad, salvo en la de los que mandan, y eso es tan antiguo que al final resultan ser paleoconservadores como poco.
 
Valiente la escritora es; porque lo de la edad lo carga el diablo. Quienes tuvimos la suerte o la desgracia de venir al mundo después de que lo hiciera Irene Lozano, leemos esto divertidos y sin decir esta boca es mía. También lo de periodistas, habida cuenta de que los neocon españoles autores del libro no lo son. Pero quizá sea que en la caverna se está demasiado oscuro, o que esperando al mesías, que ya no estoy seguro de si es Aznar, uno pierde la noción del tiempo y del trabajo. Será eso, sin duda.
 
Así que, superando psicoanalíticamente lo de viejos y periodistas, pasamos a lo siguiente; el  showman. No me negarán que la cosa tiene mérito. El show es un “espectáculo de variedades”, que toca muchos temas de manera superficial y con escaso rigor; su finalidad es la diversión. Pero fíjense que en esto no podía estar más de acuerdo con la ya joven escritora; nada hay más lamentable que hacer de la opinión un mero artificio de variedad sin un contenido crítico o racional. A casi nadie se le ocurriría, por ejemplo, escribir una columna sobre un tema sin tratar sobre él o hacerlo con el rigor del programa de Ana Rosa Quintana. ¡Muy bien por Lozano!
 
El derroche de recursos literarios de la excelente escritora debió haberle cansado, porque decidió cerrar el artículo a medias, de manera un tanto abrupta, y dejándonos con las ganas. Eso sí, con traca final, en estilo fallero, en un tono a medio camino entre Michael Moore intentando enchironar a Bush y Gaspar Llamazares intentando enchironar a Aznar: los neoconservadores no creen en la libertad, salvo en la de los que mandan, y eso es tan antiguo que al final resultan ser paleoconservadores como poco.
 
¡Acabáramos! El agitador ultraderechista y derechote es ahora un paleoconservador de los de toda la vida; ¿pero no habíamos quedado en que se trataba de un peligro mesiánico, en una oscura caterva cavernaria que buscaba dominar el mundo? Pues no, ahora resulta que es la aburrida derecha de siempre. Hasta aquí llegó la riada neocon, amigo lector, el secreto de la caverna es que no hay secreto, y el secreto del artículo es que lo hay, pero sin secreto.
 
Así que entre paleoconservador y neoconservador, que mejor que volver a La República de Platón, aunque no estoy seguro si éste es también paleoconservador, derechota, periodista, o tiene una marmita donde mezcla algún extraño brebaje con el que él y Aristóteles busquen dominar el mundo unilateralmente.

 
 
Óscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.


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