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¿Hay 7 millones de centristas en Francia?
Colaboraciones nº 1673   |  4 de Mayo de 2007
 
Mucho se ha escrito en España tras los resultados electorales de la primera vuelta presidencial francesa. Quizá una de las opiniones más reiteradas es la necesidad de buscar los votos del centro, puesto que derrotados los extremos, el que ha resultado ser el tercer candidato en liza ha sido François Bayrou. El razonamiento, a fuer de repetido, ha ido perdiendo frescura pero no parece fácil de rebatir, salvo que uno se fije en el número de ciudadanos que votaron a UDF. Fueron casi siete millones de personas. Esto hace pensar en el título de Jardiel Poncela, "Pero...¿hubo alguna vez once mil vírgenes?", o sea, ¿siete millones de centristas?.
 
El partido UDF, que recientemente el Sr. Bayrou ha propuesto cambiar para denominarlo Partido Demócrata, procede de las tradicionales rencillas de la derecha francesa. Su origen se remonta a la voluntad de Valèry Giscard d'Estaing - no hay más que verlo para comprobar lo centrista que es - de hacer contrapeso a los gaullistas, a los que consideraba demasiado estatalistas. Y es cierto que en el reino de los ciegos, el tuerto es rey. El partido nace en 1978 reagrupando desde la democracia cristiana más tradicional hasta las corrientes más liberales de la política francesa, como la "Démocratie Libérale" de Alain Madelin que acabará saliendo del grupo en tiempos más cercanos. Una de las figuras políticas más notables del partido en sus inicios es Raymond Barre, antiguo Primer ministro, que fue alcalde de Lyon durante mucho tiempo y que, en fin, es un señor de la derecha de toda la vida.
 
Así como el Guadiana, la Unión para la Democracia Francesa se hacía tanto discreta como presente según las circunstancias favorecieran o no la presencia de sus escasos pero distinguidos miembros en posiciones de poder. Pasaron los años, veinte, y Bayrou llegó a la cabeza del partido con la intención de hacerlo más visible y menos parásito de la derecha. Así, llegó a participar junto con los parlamentarios socialistas en la segunda moción de censura presentada contra Villepin (UMP) en relación con el caso Clearstream, en lo que no cabe sino alabarle el gusto. El caso es que si obtuvo alrededor de un 6% en la primera vuelta de 2002, hoy, Bayrou, se ha encaramado a prácticamente el 19% y ha logrado casi siete millones de votos. ¿Son centristas? ¿Cómo se les convence?
 
Por de pronto, siguiendo los interesantes comentarios que ha hecho durante esta primera campaña Nicolas Baverez, a la hora de reagrupar a todas las tendencias políticas e ideológicas no es fácil vencer a Sarkozy. Ha logrado el apoyo de Simone Weil que une a su condición de judía, la de centrista y la de no estar de acuerdo con Bayrou. Pero el candidato de la UMP también ha hecho participar en su campaña al expulsado Eric Besson quien salió del campo socialista abrumado por el cálculo del coste de las propuestas electorales de Ségolène. El caso es que, según Baverez, el éxito de Bayrou procede de "una campaña muy movida y creativa que ha logrado juntar a los decepcionados por Ségolène con los inquietados por Nicolas Sarkozy". Y añade: "Pero su implantación (la del voto centrista) sigue siendo muy tradicional, alrededor de la Francia católica del Oeste y de las grandes aglomeraciones". Concluye: "Su renovación es más bien una restauración, la del UDF, o incluso del MRP (partido tradicional democristiano que disputaba el campo de la derecha en tiempos de De Gaulle), a la izquierda del partido gaullista. Hace acto de resistencia de una derecha más liberal y europea, en una palabra orleanista (...) que rechaza fundirse con la UMP. Pero permanece en la derecha, por sus valores, su historia, sus electores y sus cargos electos".
 
Al mencionar el politólogo francés, prologuista de las nuevas  ediciones de Aron, a la derecha orleanista se refiere a la tradición más liberal y menos estatista de todas las derechas francesas, la de Luis Felipe de Orléans, cuando alguien tuvo que venir a poner orden tras los desmanes de la Revolución y las guerras de Napoleón. Uno de sus más famosos ministros era el intelectual protestante Guizot quien fraguó la conocida observación "¡Enriquecéos!" en respuesta a quienes decían que el censo exigía demasiado pecunio para votar.
 
Es decir, que buscando, buscando, tratando de llegar al centro, hemos dado con la derecha.
 
He ahí la razón por la cual, aquellos miembros del UDF de los de toda la vida han hecho el llamamiento a votar por Sarkozy. Así, por ejemplo, y ya desde la primera vuelta, el mismo Giscard o Simone Weil. Por su parte, Gilles de Robien - el rival de Bayrou en el partido -, ministro del Gobierno Villepin, ha dicho que es inmoral e irresponsable no dar una orientación de voto a los 6,8 millones de electores obtenidos y considera que Bayrou se convierte en un aliado del Partido Socialista.
 
En cuanto a Sarkozy, reconfortado de momento por las expectativas de los sondeos y todavía mal repuesto de su reacción al resultado de la primera vuelta que le dejó "ému et concentré", emocionado y concentrado; no parece dispuesto a perder a su derecha lo que pudiera ganar por la izquierda. Declara: "A los electores que han votado a otros candidatos (...) y que son mujeres y hombres de buena voluntad, quiero decirles que tienen su lugar en este reagrupamiento, siempre y cuando compartan también los valores de la identidad nacional, el mérito, el trabajo, el civismo y la justicia". Y también: "Somos fuertes, y son los fuertes los que tienden la mano". Frente a la voluntad de Bayrou de tratar de ganar votos en las elecciones legislativas que seguirán a las presidenciales, Sarkozy tiene la doble espada de Damocles del escrutinio mayoritario y la posibilidad de presentar candidatos a todas las circunscripciones; mientras en el pasado eran habituales los pactos con UDF allí donde tenía opciones.
 
Mientras tanto, en el otro bando, Ségolène tiene toda la intención de  recuperar muchos de los votos centristas. La historia viene de lejos. Es notorio que la candidata socialista ha tenido que deshacerse de pesos pesados de su partido para lograr la investidura. Tanto Strauss Kahn, antiguo ministro de Finanzas, como Laurent Fabius, antiguo Primer ministro quizá ni siquiera le hayan votado en la primera vuelta. Claro que a lo mejor le han votado a cambio Chirac y Villepin. El caso es que varias personalidades socialistas, temerosas de que Ségolène se encontrara como Jospin en el 2002, sin segunda vuelta, propusieron la unión con la UDF cuanto antes. El más destacado fue Rocard, antiguo Primer ministro de Mitterand, y Kouchner, una de las personas con más reputación de su partido. No fue todo. Tanto grupos de altos funcionarios como antiguos miembros de gabinetes socialistas firmaron manifiestos por una alianza con la UDF mientras se estaba a tiempo. La excusa que dieron fue la falta de seriedad del programa económico de Ségolène. La defensa por parte de Bayrou de la reducción de la deuda pública, fue lo que suscitó oficialmente tanta reacción en el socialismo más moderado.
 
La debacle de la denominada "izquierda de la izquierda", eufemismo para la extrema izquierda descontenta con la caída del Muro, puede llevar al Partido Socialista a acercar las posturas lo más posible al centro, porque, a su izquierda, no hay demasiado. Así lo postula la publicación "progresista" "Libération" bajo el título "Contrato de matrimonio". Sin rubor, afirma, "El socialismo moderno, lo sabemos, no consiste en pedírselo todo al Estado. Consiste en la organización de un servicio público eficaz y, por tanto, en la reforma del Estado, más que en su crecimiento indefinido". Será.
 
Lo cierto es que no hay duda de lo que hará Ségolène, pues como también afirma el diario "¿Cómo quiere usted hacer vivir una izquierda plural cuando el Partido comunista y los Verdes tienen menos del 2%?".
 
La tentación más notable de la izquierda, sin embargo, bien podría ser el "todos contra Sarkozy". Como también advirtió Baverez, podrían intentar presentarlo como alguien que asusta. Una versión joven de Le Pen. Para evitarlo, el propio Sarkozy ya ha hablado: "Por qué tanta mentira, insinuación, descrédito, rumor. ¿Por qué tanto odio? Ya está aquí la heteróclita coalición que no quiere que salga elegido. Hay gente estupenda. Hasta Arlette Laguiller (partido trotskysta) se ha apuntado".
 
La obsesión del electorado francés en esta primavera por impedir una reaparición de los extremos en su vida política le ha llevado a sentir la seducción del centro. Ahora bien, no hay siete millones de centristas en Francia; los de esta primera vuelta son poco más que... "Cuatro (corazones) con freno y marcha atrás".

 
 
Juan F. Carmona Choussat es Licenciado y Doctor en Derecho cum laude por la UCM, Diplomado en Derecho comunitario por el CEU-San Pablo, Administrador civil del Estado, y correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su libro más reciente es "Constituciones: interpretación histórica y sentimiento constitucional", Thomson-Civitas, 2005.


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