Todos los resultados preliminares son visibles. El escenario está cambiando en los dos frentes del actual incremento de tropas: la provincia de Anbar y Bagdad.
Día tras día, el debate acerca de Irak en casa se desvincula cada vez más de las realidades de la guerra real sobre el terreno. Los Demócratas del Congreso están tan consumidos por negociar entre sus corrientes el artificio lingüístico más inteligente para garantizar legislativamente el fracaso de la presente estrategia militar de la administración -- al tiempo que se aparenta no hacerlo -- que no hablan casi nada de los primeros resultados visibles de esa estrategia.
Todos los resultados preliminares son visibles. El escenario está cambiando en los dos frentes del actual incremento de tropas: la provincia de Anbar y Bagdad. Las noticias procedentes de Anbar son las más prometedoras. Apenas el pasado otoño, el oficial de Inteligencia de más alto rango de los Marines allí concluía que los Estados Unidos habían perdido esencialmente la lucha contra al-Qaeda. Pero, justamente esta semana, el comandante marine, el General James Conway, volvía de una visita de 4 días a la provincia e informaba de que "hemos dado un vuelco".
¿Por qué? Porque, como ha escrito el lugarteniente coronel David Kilcullen, el consejero australiano en materia de contrainsurgencia del General David Petraeus, 14 de los 18 líderes tribales de Anbar se han revuelto contra al-Qaeda. Como resultado, miles de reclutas sunníes se están presentando voluntarios en las comisarías de policía en las que antes no podía verse a nadie. Por primera vez, antiguas fortalezas de la insurgencia tales como Ramadi disponen de una fuerza policial sunní que esencialmente lucha de nuestra parte.
El General jubilado Barry McCaffrey, un destacado crítico de la política bélica Bush, informa ahora de que en Anbar, al-Qaeda está afrontando "una verdadera y creciente marejada de oposición tribal sunní". Y que "ésta es una lucha crucial y se está volviendo a nuestro favor -- por ahora".
La situación en Bagdad es más volátil. Los ataques del puente y la Zona Verde del jueves muestran la capacidad de los insurgentes para atacar ubicaciones sensibles. Por otra parte, la pacificación está teniendo lugar. "Nada es seguro como para que los occidentales bajen la guardia", informaba el 3 de abril Terry McCarthy, de la ABC, "pero a lo largo de la última semana hemos visitado 5 vecindarios distintos en los que los locales nos dijeron que la vida está volviendo lentamente a la normalidad". Informó desde Jadriyah, Karrada, Zayouna, Zawra Park y la famosa calle Haifa, previamente conocida como "sniper alley". Descubría que "los niños han vuelto a salir a jugar otra vez. Los clientes están de vuelta en los mercados", y concluía que "nadie sabe si esta pequeña zona segura se expandirá o será engullida de nuevo por la violencia. Por el momento no obstante, la gente aquí está contenta de disfrutar una vida que parece casi normal" .
Fouad Ajami, nada más volver de su séptimo viaje a Irak, es de manera similar cautelosamente optimista y explica el cambio de esta manera: fundamentalmente, los sunníes han perdido la batalla de Bagdad. La iniciaron con su campaña de terror indiscriminado que asumieron intimidaría a los chi'íes, a los que ven con desprecio como sujetos de clase inferior congénitamente tranquilos. Descubrieron lo contrario después de que el atentado de Samarra (febrero del 2006) prendiera la furia chi'í -- una salvaje campaña de milicias de secuestros, asesinatos indiscriminados y limpieza étnica que ha convertido Bagdad en una ciudad predominantemente chi'í.
Petraeus está intentando ahora completar la derrota de los insurgentes sunníes en Bagdad -- sin el barbarismo de las milicias chi'íes, a las que sus fuerzas están persiguiendo y reduciendo simultáneamente.
¿Cómo pueden los Demócratas en este punto -- con apenas alrededor de la mitad de los efectivos adicionales del incremento desplegados ya -- estar intentando obligar a Estados Unidos a abandonar? Los Demócratas dicen estar ejerciendo su mandato electoral de las elecciones de noviembre. Pero lograr una mayoría simple en el Senado como resultado de victorias extremadamente ajustadas en Montana y Virginia no es un hito en absoluto.
En segundo lugar, si el electorado estuviera enviando un mensaje sin conflictos sobre la retirada, ¿cómo ganó por puntos, en uno de los estados más progresistas del país, el partidario más inflexible de la guerra, el Senador Joe Lieberman?
Y tercero, ¿dónde estaba el mandato para la retirada? Casi ningún candidato Demócrata hizo campaña sobre eso. Hicieron campaña por cambiar el curso que seguía la administración el pasado noviembre.
Lo cual ha hecho el presidente. Cambió la directiva civil del Departamento de Defensa, reemplazó al director del Mando Central y, lo más crítico, reemplazó al comandante de Irak con Petraeus -- aprobado unánimemente por el Senado Demócrata -- para implementar una nueva estrategia de contrainsurgencia.
John McCain no se ha dejado engañar sobre la dificultad de esta guerra. Tampoco lo hace ahora. En su claro y valiente discurso en el Instituto Militar de Virginia defendiendo el esfuerzo bélico, describía las mejoras sobre el terreno mientras reconocía las enormes dificultades que se avecinan. Insistiendo en que el éxito en Irak es tanto posible como necesario, McCain dejaba claro que está dispuesto a arriesgar sus ambiciones presidenciales, su carrera política entera en la práctica, por una política de guerra que es impopular pero que está seguro de que debe seguirse por el bien del país. ¿Cuántos candidatos presidenciales más -- empezando por, digamos, Hillary Clinton -- cree usted que están actuando en la misma línea?