(Publicado en The Jerusalem Post, 29 de marzo de 2007)
El israelí medio preferiría no pensar en ello. Es demasiado difícil, demasiado deprimente. Mientras las portadas se llenaban de noticias vacías de Bar Rafaeli y Leo DiCaprio, los artículos importantes de las páginas internas acerca del Diálogo Europa-Israel contemporáneo no provocaron controversia
A largo de todos sus mandatos como primer ministro, David Ben-Gurión frustró implacablemente la irrupción de la televisión en este país. A largo plazo, por supuesto, sería como intentar parar una tendencia con cursos de cocina. Todo lo que el inflexible Ben-Gurión podía hacer era posponer la inevitable. No obstante, fue numantino en que él sabía lo que era mejor para el resto de nosotros, y la "decadente" cultura pop del extranjero no lo era.
Es el motivo por el que evitó que los Beatles tocasen aquí. No quería que los Fab Four u otras frivolidades televisivas de otro mundo "echasen a perder" la juventud de nuestra nación, como lo expresaba enfáticamente y sin compromisos. En perspectiva, es sorprendente que tuviera tanto éxito durante tanto tiempo -- obviamente un testamento de su determinación y de la naturaleza de la sociedad que cedía a sus decretos.
Pero también en perspectiva, no hay duda de la intuición y la percepción del intratable "Old Man". No se equivocaba en absoluto al desconfiar de la capacidad de los israelíes para soportar el influjo vacuo y estúpido de basura extranjera presentada en bandeja y chorreando de schmaltz. Intuitivamente pensaba que el idealismo, el desafío y la autosuficiencia que intentaba inculcar a la nueva generación emergente se evaporarían en contraposición con el glitz.
En la práctica, el Israel común de hoy demuestra sin problemas lo acertado que estaba, lo bien que entendía su carácter, y lo exitoso de sus predicciones. Su falta de fe en nuestra firmeza de carácter se vio aún más reivindicada cuando recientemente, los israelíes perdieron la compostura por Bar (Rafaeli) y Leo (DiCaprio). La objetora de conciencia más famosa de Israel (la supermodelo se casó ficticiamente con un amigo de la familia con el fin de evitar el servicio militar) y su novio "el rey del mundo" (de Titanic) intentaban realizar una visita privada a la tierra de ella.
Mala suerte. Los reporteros acosaron y los paparazzi acamparon en los exteriores de la casa de la familia Rafaeli. Sabuesos del cotilleo siguieron a la pareja hasta el Muro de las Lamentaciones y el Vad Yashem (suerte que le llevó allí). Las cosas pusieron tan feas que la policía tuvo que intervenir. El presentador del cable Guy Pines alquiló un helicóptero para sobrevolar Hod Hasharon, que la pareja solamente pudo abandonar puntualmente tras recurrir a ingeniosas tácticas de evasión.
Para añadir insulto a la injerencia, Pines se jactaba orgullosamente de su iniciativa, destacando que su acoso aéreo fue el primero de los anales mediáticos israelíes. Nada así en 2000 años. Vale la pena soportar dos siglos de tribulaciones de la diáspora solamente para alcanzar la explosión momentánea de pilotos hebreos liberados persiguiendo a una Hija de Israel y su rollo de Hollywood. No hay duda de porqué esta maravilla ocupó la cabecera de las noticias en algunos de nuestros canales.
Además del estrepitoso fracaso en mostrar una tranquila hospitalidad digna y permitir que un invitado de esta tierra se relaje, está la ignominia de perder nuestro auto-respeto colectivo como un puñado de colegialas histéricas ante la llegada de un rico y famoso tío bueno.
Ni Bar ni Leo merecen el escándalo (tampoco lo pidieron). Además, nuestros periodistas de tres al cuarto no necesitan ninguna brillante fantasía para romper lo que de otra manera es una existencia sosa y gris. Lamentablemente nada aquí es soso.
Mientras B&L intentaban zafarse de los fanáticos del papel cuché, poca atención se prestaba a los exámenes de Inteligencia de que la enemistad abierta, expresada en público y sin disfraz hacia el estado judío por parte de sus propios ciudadanos árabes es ahora no menos que un peligro estratégico, esta vez desde el interior. Las advertencias del jefe del Shin Bet Yuval Diskin acerca de la monstruosa magnitud del tráfico de armas en Gaza no podían molestar menos al populacho provincial. Aprendieron a ignorar los amenazantes logros y deseos fatalistas.
Durante seis años Hezbolá concentró miles de lanzamisiles justo en nuestra frontera norte, pero los israelíes en busca de serenidad optaron por no tomar nota del Líbano cuando se fueron. Nos retiramos, y expulsamos a nuestros compatriotas más altruistas de Gush Katif, sólo para ser capaces de desechar lo que acecha en Gaza. Trataremos con las consecuencias y lo lamentaremos más tarde. Ahora nos encanta B&L.
Decepcionantemente, la existencia de Israel es cuestionada por todas partes. Ningún estado es deslegitimado de igual manera, sin importar sus pecados presentes o artificios congénitos. Nadie cuestiona el derecho de una entidad norcoreana separada a continuar así, o el de Jordania, a pesar de su concepción antinatural como compensación imperialista de la Pérfida Albión.
Pero el derecho de Israel nunca debe darse por sentado y es desafiado como nunca antes -- quizá por estar tan dispuestos a estar de acuerdo con ceder el núcleo histórico de nuestra tierra y acomodar a enemigos genocidas que lo llaman "territorio ocupado". Quizá cuando destruimos nuestras propias aldeas, manifestamos a la antipática comunidad internacional que ninguna creación sionista en esta tierra (vintage aparte) es permanente. Contra más conciliadores nos ponemos, más transitorios e ilegítimos nos ven.
El israelí medio preferiría no pensar en ello. Es demasiado difícil, demasiado deprimente. Interfiere con los placeres de la vida, incluso aquellos logrados precariamente agasajando celebridades del momento. De ahí que, mientras las portadas se llenaban de noticias vacías de Bar & Leo, los artículos importantes de las páginas internas acerca del Diálogo Europa-Israel contemporáneo no provocaron controversia. ¿Por qué molestarse con el hecho de que se centrase en la creciente incertidumbre sobre la existencia de Israel? Qué tontería - ¡al contrario que Bar y Leo! ¿Qué pasa si hasta la canciller alemana se vio lo bastante perturbada como para prometer apoyo constante al "derecho de Israel a existir"?
Claramente, la existencia de Alemania nunca es controvertida, pero la de Israel siempre lo es.
Ben-Gurión habría tenido unos cuantos comentarios acertados que hacer sobre ello. Habría enviado a casa a los denigrantes post-sionistas y los demonizadores académicos de la extrema izquierda. Sabía contar con la escala de la juventud crecida en austeridad y sin estrellas para salvaguardar el futuro de Israel. Pero décadas de progreso más tarde, nos olvidamos gozosamente del mañana. ¿Qué puede compararse con B&L y encantos y tribulaciones similares?