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Terrorismo “Glocal”
En letra impresa nº 742   |  19 de Abril de 2007
 

(Publicado en Expansión, 19 de abril de 2007)

Tras los atentados del 11-S se popularizó el concepto de terrorismo global para hacer referencia a organizaciones como Al Qaeda capaz de golpear lugares muy alejados de sus bases de operaciones. Se contraponía también a la idea del terrorismo local al que estábamos acostumbrados.
 
Definir el terrorismo por su alcance no dejó de ser un error que ha hecho que durante estos años se malentienda qué es, qué busca y cómo lo busca Al Qaeda y el jihadismo.
 
Los recientes atentados en Marruecos y Argelia lo han puesto de relieve: son atentados perpetrados por locales, pero con un significado y propósito que escapa a lo local, que es global. El terrorismo jihadista que puede considerarse, de hecho, “glocal”, esto es, que responde a una estrategia global aunque su actuación sea local.
 
La autodenominada Organización de Al Qaeda en el Mabreb Islámico no busca primariamente cambiar las cosas en Argelia o Marruecos y ya está. Como la Al Qaeda de Bin Laden no se limita a los países del golfo a los que considera corruptos y a los que quiere imponer su estricta interpretación del Corán. Para unos y para otros derrocar los regímenes no islamistas en el mundo musulmán es sólo un primer paso. Su guerra es otra, es volver a reinstaurar la autoridad perdida del Califato, sobre principios islámicos fundamentalistas, para que reine sobre toda la tierra del Islam y desde ahí (esto es, desde Al Andalus, la Península Ibérica, no Andalucía como a veces se traduce, hasta las Filipinas) expandir su religión sobre los infieles, es decir, nosotros.
 
Es de suponer igualmente que quienes estuvieron detrás de los ataques del 11-M en Madrid no sólo querían cambiar a Aznar por Rodríguez Zapatero, sino que también buscaban convertir a España en el eslabón débil del mundo occidental, e anular la fortaleza con la que entonces jugaba nuestro país.
 
En fin, esta dualidad global y local es lo que da sentido estratégico y unificador a actos tan dispares como el 11-S, el 7-J en Londres, el asesinato en Ámsterdam del cineasta Theo Van Goh y los suicidas bomba en Irak. Hechos inconexos en lo material, pero que responden a una única guerra que la jihad nos ha declarado. Sólo como partes de este todo uno puede darse cuenta del peligro que corremos cuando no nos tomamos en serio a nuestro enemigo. El jihadismo ni conoce ni respeta fronteras. Para él sólo existe una nación, la tierra del Islam. Y España, nos guste o no, es, a sus ojos, parte integral de esa tierra. No sólo estuvieron aquí ocho siglos, sino que piensan que esa etapa es su particular edad de oro, interrumpida por su expulsión por la fuerza. Bin Laden y muchos de sus acólitos creen firmemente que ellos acabaron con la URSS y que pueden acabar con cualquiera. ¿Locos? No, fanáticos peligrosos a quienes no les importa nada morir para arrebatarnos lo que más queremos. Como dicen, aman la muerte mientras que nosotros amamos la vida.


 

 


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