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Una derecha progre, de Esteban Hernández en La Vanguardia
GEES en los medios nº 36   |  25 de Febrero de 2007
 
Según cuenta Bob Woodward en Negar la evidencia (ed. Belacqva), las primeras palabras que pronunció George Bush en la reunión de gabinete posterior a su reelección fueron de agradecimiento al hombre común, al ciudadano normal y corriente, por el apoyo electoral que le había brindado: "Estas elecciones no las han ganado demócratas de club de campo. Las han ganado personas que llevan a sus trabajos la fiambrera con el almuerzo". Y es que los postulados neoconservadores no podrían entenderse sin la referencia a esa clase social, mayoritaria en cualquier país occidental, de la que los neoconservadores dicen ser los representantes más fieles.
 
El modo en que mejor llegan a ella encuentra una buena expresión en el reciente desencuentro entre ciudadanía y poderes públicos vivido con la normativa antialcohol, donde las políticas progresistas fueron visualizadas como un ataque a los pequeños placeres cotidianos y razonables. En otras palabras, se trataría, como afirma Rafael Bardají, coautor de Qué piensan los neocon españoles (ed. Ciudadela), "de que la izquierda se ha empeñado en correr en contra de las aspiraciones generalizadas de la sociedad española. En un país donde la mayoría de la gente aspira a ser propietario de una vivienda, ellos prefieren defender a los okupas. O prohibir el vino". Bardají lo define de este modo: "Los neocon son de Marte, la izquierda es de Chueca".
 
Defensores de lo razonable
 
Y es que por mucho que las posturas neocon hayan sido habitualmente confinadas a la política exterior, lo cierto es que tienden a posicionarse cada vez más en asuntos cotidianos, ya que los neocon se dicen los defensores de una racionalidad común que se ha perdido a causa de los extremismos de la izquierda. Es exactamente la clase de argumentos que aparecen en el programa electoral de Sarkozy, el líder de los conservadores franceses, quien explica en su reciente Testimonio (ed. Akal), el libro de campaña que todo candidato debe publicar como parte de su táctica electoral, que los franceses deben recuperar valores que han olvidado, que deben mostrarse orgullosos de su pasado y que han de eliminar las trabas para que el talento surja. Además, que la irresponsabilidad de la izquierda, que ha promovido medidas como las 35 horas de trabajo semanales, lleva hacia la ineficacia y hacia la indolencia. Que para él, la política es acción, producto del contacto con la realidad y no de una reflexión intelectual, y que la cultura que le importa es la del resultado. Y, sobre todo, que el deber de la sociedad es proteger a los suyos.
Son ideas que coinciden, en gran medida, con las que están aplicando los neoconservadores en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y España. Para Bardají, director de política internacional del think tank de Aznar, FAES, "Sarkozy representa los valores de una derecha con nuevo rostro, moderna, con ganas de cambiar su país y de modernizar estructuras. Desde luego, es la opción de cambio más profunda en el panorama electoral francés". Según Pedro Fernández Barbadillo, autor del Diccionario para entender a Rodríguez, el progre (Ed. Áltera), "lo mejor de Sarkozy es que, siendo de derechas, no se siente acomplejado por los clichés de la izquierda, como le ha ocurrido a Chirac. Hemos podido ver, en cuestiones como la delincuencia, que no se somete al discurso dominante de la izquierda. Se puede decir que es un líder nuevo, como lo fueron Thatcher y Reagan".
 
La presencia de Sarkozy en el suelo electoral forma parte de una resurrección de las ideas conservadoras. Y, en este caso, fuertemente alentadas desde ámbitos intelectuales. En España, sus principales referentes son think tanks como FAES y GEES (Grupo de Estudios Estratégicos), y sus bases ideológicas se están asentando mediante la acción de pequeñas editoriales como Ciudadela, Libroslibres, Grafite o Áltera. Según Fernández Barbadillo, responsable de comunicación de esta última, "nos une el componente generacional. Todos tenemos entre 35 y 45 años y nuestras posiciones políticas no están tan centradas en las preocupaciones materiales. Todos hemos visto cómo en la universidad española siguen dominando las ideas de la izquierda y, cansados de leer los mismos libros y escuchar los mismos argumentos en los últimos 30 años, hemos decidido dar el paso de exponer nuestro pensamiento".
 
Pero esa recuperación del orgullo derechista no sólo viene auspiciada, como asegura Manuel Coma, profesor de Historia en la UNED, miembro delGEES y ex analista del Instituto Elcano, "por el idealismo en los objetivos y el realismo en los métodos", como define al neoconservadurismo, sino "por una actitud propia".
 
Si recurriéramos a los elementos estéticos, la diferencia existente entre la melena de Aznar y el habitual cuidado que pone en su apariencia la vicepresidenta del Gobierno nos subrayaría cómo los neocon revisten esa actitud de un matiz rupturista y rebelde que antes pertenecía a la izquierda. Según Bardají, "la izquierda fue una fuerza revolucionaria y de progreso. Pero ya no lo es, y la derecha abandera ahora valores como el respeto a la dignidad humana, la libertad del individuo, la igualdad de género o el deseo de prosperar. Y cuando los historiadores estudien nuestra época verán cómo ha sido la derecha neoconservadora que no mira al pasado la que cambió el mundo y la sociedad de nuestro tiempo". Quizá ese matiz utópico venga causado porque muchos de los neocon relevantes han militado antes en la izquierda. Es muy evidente en Francia, pero también en España, donde Pío Moa, Gabriel Albiac, Jon Juaristi, Mikel Azurmendi o incluso Federico Jiménez Losantos provienen de sectores radicales.
 
Para Amador Fernández Savater, director de la revista Archipiélago,que acaba de publicar un número sobre la nueva derecha,"los neocon no tratan simplemente de mantener la casa bien ordenada, sino de dirigir el mundo. No pretenden conservar la tradición, sino fundar un nuevo lazo social y fabricar un nuevo tipo de ciudadano: el individuo desvinculado de cualquier trama social de obligaciones, responsabilidades y cuidados. Hay neocon estadounidenses que coquetearon con el trotskismo en su juventud y ahora reinventan a su modo la contrarrevolución permanente".
 
Sea porque ese matiz de reacción orgullosa ha calado en la sociedad o porque ésta percibe a los neocon como una salvaguarda frente a la inseguridad de los tiempos, lo cierto es que la nueva derecha cada vez tiene mayor implantación entre sectores sociales que antes eran propios de la izquierda, como se demuestra tanto en los apoyos electorales que ha recibido Bush como en los que se le atribuyen a Sarkozy. Los barrios populares y de clase media baja, e incluso sectores progresistas de la clase media, son cada vez más favorables a posturas mantenidas por los neocon.
 
Ese hombre común, que en las últimas décadas había mostrado mayores inclinaciones progresistas, parece ahora bandera y sostén de los conservadores modernos. Según Bardají, "es normal ese desplazamiento, porque el proletariado, y se ve con la emigración, es el grupo social más expuesto a las fricciones de la globalización. Y ve que la izquierda no le da soluciones, mientras que la derecha sí le proporciona coordenadas vitales".
 
El discurso del miedo
 
Francesc Pallarés, catedrático de Ciencia Política en la UPF, cree que este nuevo alineamiento electoral aún no se ha producido y que "las clases populares siguen votando mása la izquierda y las clases medias, especialmente las más acomodadas, a la derecha". Pero sí estima que cada vez más aparecen temas de importancia social "que las formaciones políticas tratan de aprovechar para saltar por encima de esa distribución electoral, como la inmigración, el terrorismo o el nacionalismo". Y, en ese sustrato, "como los inmigrantes no tienen voto, los neocon suelen utilizar el discurso del miedo para situarse mejor en los sectores populares".
 
Pero, ¿podría un triunfo de Sarkozy dar una mayor presencia en esos ámbitos a los neocon? Nolo cree Pallarés, para quien "lo que ocurre en un país vecino siempre influye aquí en alguna medida, pero lo que manda en la política española, y parece que va a seguir así, es la situación interna".
 


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