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Casablanca y Argel: un terrorismo que nos golpea a todos
Colaboraciones nº 1639   |  17 de Abril de 2007
 
Introducción
 
La muerte de cuatro terroristas suicidas en Casablanca el 10 de abril y los ataques con bomba en Argel al día siguiente perpetrados por tres suicidas - y que habrían provocado hasta el momento de culminar este análisis 33 muertos y 200 heridos - deben de ser considerados como un peldaño más en la imparable ascensión de la amenaza del terrorismo yihadista salafista contra todos, independientemente de quién pone las víctimas en cada ocasión. La tradicional tentación que muchos han tenido y tienen de creer que esos ataques no van dirigidos contra nosotros porque se producen en el mundo árabo-islámico - independientemente de la cercanía geográfica de dichos escenarios a España - ha permitido a los terroristas yihadistas mantener bien engrasada su maquinaria criminal. Es tiempo ya de que comprendamos - recuérdese el 11-S en los EEUU en 2001, el 16-M en Casablanca en 2003, el 11-M en Madrid en 2004 o el 7-J en Londres en 2005, además de Nairobi y Dar Es Salaam hace una década o de Bagdad cotidianamente entre otros muchos escenarios - que los muertos ahora producidos por el terrorismo, un inspector de Policía en Casablanca y funcionarios y civiles en Argel son tan nuestros como lo son los muertos y heridos del 11-M  o los asesinados por ETA.
 
“Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico” y el terrorismo en y a partir del Magreb
 
El bautizo del antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino como “Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico”, en enero de 2007, no representa necesariamente un antes y un después en el protagonismo terrorista de este sanguinario grupo, que asesinaba cotidianamente dentro y fuera de Argelia, aunque sí incentiva y estimula y también supone para los yihadistas argelinos un compromiso con las directrices y el “modus operandi” de la muy activa red de redes.
 
El GSPC ha venido asesinando en Argelia a ciudadanos con o sin uniforme desde que surgiera como escisión del sanguinario Grupo Islámico Armado (GIA) - en realidad un amplio abanico de grupos y falanges actuando bajo dichas siglas - en la primera mitad de 1998. Dicha escisión se produjo precisamente por intervención del propio Osama Bin Laden, a quien nunca le habían repugnado las matanzas masivas producidas por el GIA - que cometiera en 1995 el primer ataque suicida en el Magreb cuando un camión cargado con explosivos estallaba delante de la Comisaría Central de Argel, en el bulevar Amirouche, provocando una cincuentena de muertos - pero que deseaba entonces racionalizar, léase hacer más letalmente eficaz, su combate universal y para ello creaba el Frente Islámico Mundial contra los Cruzados y los Judíos en esas mismas fechas.
 
El GSPC se hacía en su surgimiento con elementos relevantes del GIA dentro de Argelia y con buena parte de las redes tejidas por ese grupo terrorista en suelo europeo, un valor añadido fundamental desde la perspectiva del economista y gran organizador que es Bin Laden. Las múltiples operaciones policiales producidas en estos casi diez años de existencia del grupo en diversos países europeos atestiguan tanto su vigencia como amenaza como su fijación por Europa en términos de captación y adoctrinamiento de miembros, de financiación a través de diversas actividades ilícitas, de territorio de descanso y de huída, de canalización de algunos de sus miembros hacia escenarios donde realizar su empresa terrorista como Irak o Afganistán y, por qué no, también de lugar de realización de atentados en el momento y en el lugar que convenga. De hecho las fuerzas de seguridad española, italiana, francesa, británica y otras han sido capaces en los últimos años de abortar a tiempo planes que conducían hacia la realización de diversos tipos de ataques terroristas en suelo europeo.
 
Muchos se preguntan el porqué de la vigencia de este grupo en una Argelia que prácticamente había ganado la guerra al terrorismo años antes de que los EEUU se vieran obligados a declarar su “Guerra contra el Terror” tras los luctuosos atentados del 11-S, y también por qué el GSPC se ha asentado en estos últimos años no sólo en suelo argelino sino que también extiende sus tentáculos a los países vecinos del Magreb y del Sahel africano.
 
Su presencia en suelo argelino se explica por la naturaleza misma del grupo y porque quiere llevar hasta el final su objetivo prioritario: destruir al Estado apóstata y tirano (taghout) y a quienes lo sustentan, incluyendo ahí como ya hiciera el GIA a los funcionarios y a buena parte del resto de la sociedad. Así, tanto para el GIA en los noventa, como luego para el GSPC y ahora para “Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico” la gran prioridad es eliminar a los apóstatas y reconducir a la sociedad argelina hacia lo que ellos consideran el verdadero Islam: para ello se asesinó ferozmente no sólo a servidores del Estado sino también a periodistas, profesores, mujeres, bebés y también a extranjeros que con su presencia y su trabajo en Argelia contribuían según los yihadistas salafistas a reforzar al régimen de los tiranos. En términos de política interna el terrorismo islamista en Argelia era en gran medida derrotado, aunque no del todo como ocurriría después en Afganistán en 2002, a fines de los noventa gracias al esfuerzo del Estado y de la sociedad argelina. Dicho esfuerzo y una primera amnistía ofrecida por el Presidente Liamine Zeroual - la Ley de la Rahma (Misericordia) - habían logrado la disolución de uno de los grupos, el Ejército Islámico de Salvación (EIS), brazo terrorista del ilegalizado Frente Islámico de Salvación (FIS) mientras que el GIA subsistía aunque debilitado y se asistía al nacimiento del GSPC. La Ley de Concordia Civil (1999) y la Carta para la Reconciliación (2005) constituyen dos instrumentos legales que durante la presidencia de Abdelaziz Bouteflika han concedido dos amplias amnistías a quienes han querido acogerse a ellas. Aunque legales y legítimas - pues ambas eran aprobadas en referéndum - su aplicación, rechazada por el GSPC que no acepta las ofertas del Estado y como grupo yihadista salafista busca la derrota total de su adversario, ha sido interpretada por los terroristas como signo de debilidad de su enemigo incentivando así su voluntad de combate.
 
En línea con lo que hicieran en el pasado, independientemente de sus siglas, los terroristas yihadistas siguen actuando hoy en Argelia. De los múltiples ejemplos que podrían citarse cabe destacar para ilustrar los distintos frentes de lucha el reciente asesinato, el 7 de abril, de 9 militares argelinos emboscados en la región de Aïn-Defla, a 160 kilómetros de Argel, o acciones que recuerdan el escenario irakí como los dos camiones bomba que estallaron en sendas comisarías de Argel en noviembre y los ataques contra extranjeros en diciembre, contra un autobús de trabajadores de la compañía estadounidense Halliburton, y en febrero, contra un autobús con trabajadores de una companía petrolera rusa.
 
En cuanto a su proyección a los países limítrofes ésta se lleva haciendo exitosamente por la coincidencia de tres importantes factores:
  • El primero, porque el GSPC ahora rebautizado es yihadista salafista y por tanto universalista, no pudiendo limitar su lucha a unas fronteras nacionales que rechazan de partida. Recuérdese cómo Al Qaida desprecia a Hamas y a Yihad Islámica palestinas porque, según los líderes e ideólogos de la red, tienen el miserable objetivo de crear un Estado limitado a la Palestina histórica. La visibilidad en los dos últimos años del activismo terrorista en Egipto, con especial proyección a la Península del Sinaí, y la creación de “Al Qaida en las Tierras Fronterizas”, indica el deseo de la cúpula de Al Qaida de hacer suyo el campo de batalla palestino tradicionalmente ocupado por Al Fatah, Hamas y Yihad Islámica.
  • El segundo factor tiene que ver con la inexistencia de una cooperación estable entre los países del Magreb, realidad ésta que ha facilitado la interrelación entre grupos terroristas de cada uno de los cinco países que conforman la Unión del Magreb Árabe (UMA) desde febrero de 1989. Es curioso observar que mientras que las autoridades de Argelia, Libia, Marruecos, Mauritania y Túnez siguen siendo incapaces de superar sus viejos recelos para avanzar hacia una saludable cooperación subregional los terroristas originarios de estos cinco Estados avanzan rápidamente hacia la coordinación. Entre los múltiples ejemplos cabría destacar la presencia de un tangerino en el Majlis del GSPC o las labores de entrenamiento en campamentos móviles que los terroristas del GSPC ahora rebautizado realizan acogiendo a terroristas de otros países magrebíes y también del Sahel.
  • El tercero y tan importante como los anteriores es la invitación directa de Al Qaida a hacerlo, una misión sagrada que ha venido dictada directamente por la cúpula de la red y que los activistas terroristas magrebíes están siguiendo al pie de la letra. El GSPC es yihadista salafista desde su fundación y ya antes el GIA avanzó muy mucho por la senda de la internacionalización de su combate pero es indudable que ahora, con la autorización y el estímulo directos del propio Bin Laden, “Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico” está llamada a labores mucho más ambiciosas.
La problemática que encierran las respuestas más destacables a la amenaza
 
Magrebíes, europeos y estadounidenses vistos en perspectiva ofrecen una experiencia de combate contra un terrorismo yihadista salafista que ha tenido y tiene en el Magreb un escenario privilegiado de actuación, tanto en términos de reclutamiento y de perfeccionamiento de su entrenamiento como en términos de ejecución de su actividad criminal sobre el terreno y de exportación de la misma a escenarios como Europa, el Sahel, Irak o Afganistán.
 
Antes de realizar observaciones sobre la lucha antiterrorista de cada uno de los tres actores o bloques de actores conviene señalar que la definición de la verdadera amenaza aún no está realizada de forma completa por todos, y ello a pesar de tantas fechas fatídicas (11-S, 16-M, 11-M, 7-J y otras) y de experiencias sangrantes como las de Argelia, Irak o Afganistán.
 
El terrorismo yihadista salafista es global y tiene objetivos globales, nos amenaza a todos y golpee donde golpee nos está golpeando a todos. Como ya ocurriera en España cuando se maduró la reflexión que llevó a la aprobación de la exitosa Ley de Partidos la actividad terrorista es la suma de actividades muy diversas: le ejecución del atentado es la más visible, pero también es terrorismo la propaganda y su elaboración, la instrumentalización política y la apología, la captación de terroristas, la financiación, y otras muchas actividades que coadyuvan a la empresa terrorista. Quienes contribuyen a dicha empresa terrorista en Argelia, en Chechenia, en Irak o en cualquier otro rincón del mundo no deberían de disfrutar de los espacios de libertad propios de las democracias. No se trata de limitar las libertades sino de no permitir el disfrute de dichas libertades a quienes pretenden destruirlas: el extremadamente riguroso en términos de vigilancia del respeto de los derechos Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, del Consejo de Europa, emitió una ejemplar sentencia en favor de Turquía en el caso de la disolución del Partido de la Prosperidad; España puso en práctica tales medidas ilegalizando a Batasuna y arrinconando con ello a ETA; Alemania ha hecho lo propio con partidos filonazis; e idéntica reacción deberían tener Europa y el resto de Occidente frente a partidos, movimientos o simples individuos que han gozado y gozan de libertad de acción ocultándose detrás de determinadas causas para alimentar el terrorismo.
 
El terrorismo yihadista salafista no busca con sus acciones crear marcos de libertades y de justicia social en lugares como Palestina, Chechenia o Irak, ni marcos de buena vecindad y de cooperación regional, ni es la voz de los pobres y desarraigados del mundo contra la explotación. La ideología yihadista salafista es clara y diáfana: quiere imponer su visión sesgada del Islam a todo el mundo, primero al orbe islámico acabando con los malos musulmanes, con la espada si es preciso, y en paralelo y también con el uso de la fuerza obligando al resto de la humanidad a abrazar tal manipulación pseudorreligiosa. Quien no lo crea no tiene más que escuchar y ver “La Voz del Califato”, el pintoresco noticiario de Al Qaida. Es por ello que avanzar en la normalización política y económica de pueblos como el palestino o el irakí no acabará con el terrorismo: a tal normalización debemos de contribuir porque es obligación moral y necesidad política y de seguridad, pero sabiendo que una Palestina libre, democrática y en buena vecindad con Israel o un Irak estable y sin fuerzas extranjeras serán objetivo de los yihadistas salafistas porque para ellos tales escenarios son igual de abominables que los actuales.
 
En lo que a los países del Magreb respecta el combate antiterrorista es nacional brillando por su ausencia una cooperación internacional en el espacio subregional tratado que ahorraría sin duda alguna muchos esfuerzos. Con su epicentro en Argelia, que durante buena parte de los noventa luchó contra el terrorismo en solitario porque no encontró a aliados que comprendieran la verdadera dimensión de la amenaza, el terrorismo que hoy actúa en el Magreb lo hace con más comodidad al aprovechar las contradicciones que en términos político-diplomáticos existen, siendo la más evidente y lamentable la desconfianza entre Argelia y Marruecos, con una frontera cerrada desde 1994 y con contadísimos casos de extradiciones de terroristas bien asentados tanto en uno como en el otro país. Es deseable que atentados luctuosos como el cometido por el GSPC en suelo mauritano en junio de 2005, donde asesinó a 17 soldados en Lemgheity; el entrenamiento de terroristas de todos los países del Magreb por el federador GSPC/”Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico” en campos móviles en el desierto; o los enfrentamientos entre terroristas tunecinos dotados de armas de guerra y las fuerzas de seguridad tunecinas en diciembre y enero pasados en la capital y sus alrededores, y saldados con una veintena de muertos, sirvan para acabar con las inercias del pasado.
 
Los países europeos han venido desarrollando sus vínculos bilaterales con los países magrebíes para hacer frente al terrorismo - en el caso de España y Marruecos es significativo que hicieran falta los atentados suicidas del 16-M en Casablanca y, sobre todo, el 11-M para que dicha cooperación se reforzara con diversos instrumentos - y a la vez han actuado en muchas ocasiones como mensajeros o intermediarios entre los países del Magreb para hacer frente a la susodicha limitación. Autoconsiderándose meras retaguardias de un terrorismo que actuaba fuera, en particular en Argelia, los países europeos fueron incapaces de leer mensajes tan evidentes lanzados por el terrorismo yihadista como fueron los atentados del GIA en suelo francés entre 1994 y 1996: aparte del secuestro de un Airbus de Air France en Argel para estrellarlo en París, en diciembre de 2004, el GIA atentó contra transportes públicos en París, traficó con armas, distribuyó vídeos insoportables mostrando la “ejecución” de soldados, policías y periodistas y alimentó desde Europa el Yihad guerrero en Bosnia y Chechenia entre otros destinos. Es significativo recordar que a Francia le ha costado más de diez años lograr la extradición de Rachid Ramda, un ciudadano argelino acusado de coadyuvar al atentado del GIA en la estación de Metro de Saint Michel, en París, que costó una decena de vidas y múltiples heridos. A día de hoy, tan sólo en España, la presencia de unos 200 presos islamistas radicales en nuestras cárceles ilustra sobre la envergadura de la amenaza, que es directa como lo demostró el 11-M y antes la circulación por España de algunos implicados en el 11-S, haciendo que la onda expansiva de las explosiones de Casablanca y Argel podamos sentirla en nuestro suelo.
 
Finalmente, es importante destacar el desembarco reciente - pues data del último lustro - de un actor lejano, los EEUU, que han descubierto la importancia del Magreb y también del Sahel como zona de redespliegue de Al Qaida y como cantera de terroristas yihadistas que han venido actuando en escenarios en los que, como es el caso de Afganistán y de Irak, el compromiso estadounidense sí es directo. Tras lanzar a fines de 2002 la denominada Iniciativa Pan Sahel - que hasta 2004 permitió entrenar a pequeños contingentes de soldados de Chad, Malí, Mauritania y Níger - en 2005 Washington ponía en marcha la Trans-Saharan Counter-Terrorist Initiative (TSCTI), apoyada orgánica y logísticamente en el Mando Estadounidense en Europa, con sede en Stuttgart. Dotada de un presupuesto de 500 millones de dólares, 100 para cada uno de sus cinco años de vigencia, incluye ya, aparte de a los cuatro países de la Iniciativa Pan Sahel, a Argelia, Marruecos, Nigeria, Senegal y Túnez. El primer ejercicio militar sobre el terreno bajo el paraguas de la TSCTI tuvo lugar entre el 6 y el 26 de junio de 2005 y con la denominación de “Flintlock-2005” participaron en él hasta 1.000 miembros de las fuerzas especiales estadounidenses. La TSCTI conlleva actividades cotidianas de formación a las fuerzas armadas de los países participantes impartidas por miembros de las fuerzas especiales de los EEUU, labores de inteligencia que son muy necesarias teniendo en cuenta la existencia de campos de entrenamiento móviles de “Al Qaida en la Tierra del Magreb Islámico” en las arenas del desierto y otras actividades que se verán indudablemente impulsadas tras la creación del Mando Estadounidense para África (USAFRICOM), el sexto en su organigrama militar, por orden presidencial firmada por George W. Bush el pasado 8 de febrero.
 
Es hora ya de que magrebíes, europeos y estadounidenses trabajemos al unísono contra una amenaza que nos señala a todos. Para ello será necesario que los cinco países del Magreb cooperen, o que sean impulsados a ello por sus socios y valedores occidentales; que los europeos actúen de verdad de forma coordinada, rompiendo con trasnochadas ideas como que la libertad de expresión puede amparar a quienes apoyan a los terroristas en Argelia o en  Chechenia, recuérdese “Londonistán”, o que en Irak el combate contra los ocupantes es legítimo, recuérdese el veredicto de un juez italiano en un proceso contra una red que canalizaba terroristas hacia el país árabe; y que los anteriores, magrebíes y europeos, cooperen con los EEUU aprovechando lo que de positivo podrá tener el interés de Washington por la región en un momento crítico para luchar contra una amenaza más crecida y envalentonada que nunca.

 
 
El Dr. Carlos Echeverría Jesús es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED.
 
Notas
 
Lecturas recomendadas, elaboradas por el autor y útiles para ampliar diversos puntos:
 
ECHEVERRÍA JESÚS, Carlos: “La creación de un mando militar estadounidense para África” Civilización y Diálogo nº 97, 4 abril 2007, en <www.civilizacionydialogo.com>.
 
“La amenaza del activismo terrorista del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino” Análisis del Real Instituto Elcano (ARI), nº 20/2007, 13 febrero 2007, en <www.realinstitutoelcano.org>.
“Las redes del terrorismo islamista en el Magreb” en AA.VV.: Reflexiones sobre el terrorismo en España Madrid, Fundación Policía Española, Monográficos de Seguridad nº 2, 2007, pp. 129-147.
 
“Cooperación contra las amenazas compartidas: el caso específico de la lucha contra el terrorismo yihadista salafista” Cuadernos de la Guardia Civil nº XXXIV, 2006, pp. 85-93.
 
El radicalismo islamista en el Magreb. Desarrollos recientes de un terrorismo persistente Madrid Instituto Universitario de Investigación en Seguridad Interior (IUISI) de la UNED, Informe nº 18, enero 2006, disponible en <www.uned.es/investigacion/IUISI_publicaciones.htm>.
 
Radical Islam in the Maghreb-2005 Philadelphia (EEUU), Foreign Policy Research Institute (FPRI), 2005, disponible en <www.fpri.org>.
 
L’Algérie, un acteur essentiel de la coopération euro-méditerranéenne. Le cas de la lutte antiterroriste” en ABDI, Nourredine (Dir): Algérie, Maghreb. Le Pari méditerranéen París, Institut du Monde Arabe (IMA), mayo 2005, pp. 297-309.
 
Los terroristas de origen magrebí en el yihadismo internacional Madrid, IUISI, Informe nº 9, enero 2005, disponible en la página Web citada.
 
“Radical Islam and the Maghreb” Orbis. A Journal of World Affairs (Philadelphia, EEUU), Vol. 48, nº 2, Primavera 2004, pp. 351-364.
 
 


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