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La Yihad se asoma
En letra impresa nº 739   |  16 de Abril de 2007
 

(Publicado en La Razón, 16 de abril de 2007)

¿Lo de Casablanca y Argel representa para nosotros una amenaza? Por supuesto, pero eso no tiene nada de nuevo. Esencialmente es más de lo mismo y lo que te rondaré, morena. Si hubiera sido Bali o Mindanao nos traería más o menos al fresco, aunque no cambiaría la cosa, sólo las percepciones. Pero Marruecos y Argelia están estremecedoramente cerca. El ayer allí, quizás mañana aquí es mucho más palpable.
 
No tienen tropas que retirar de Irak o Afganistán y están llenos de mezquitas, pero sus gobiernos no son lo suficientemente islámicos para los exigentes gustos de un genuino corazón yihadista, de esos que presumen amar la muerte más que nosotros la vida. Tampoco creo que Zapatero y Moratinos den la talla por mucho que se esfuercen en complacerlos y nuestros islámicos locales les comen en la mano, a la espera de la legalización de la cuadrigamia, que mucho más no quieren, de momento, como no sea la pañoleta y la alergia al porcino. La talla hasta ahora sólo la han dado los talibán, que es plural de talib, en su Burquistán, del nombre de esa especie de cárceles femeninas portátiles.
 
La alianza de civilizaciones, que todo lo resolvería según el ministro de Exteriores, va un poco floja, si es que va. Quizás sea un problema de representantes. ZP, desde luego, por parte Cruzada. Pero los sarracenos ¿a quién ponen? Puede que la cosa no se resuelva hasta que nos talibanicen a todos y de este lado no quede nadie con quien aliarse. Derrotada y cautiva la derecha montaraz ZP podría entonces aliarse consigo mismo y representar la civilización sintética unificada laico-fundamentalista.
 
Pero si bien se mira, la matanza de Argel es una gota en comparación con la década de los noventa, llamada de la sangre. Entonces era diario y las fuerzas del orden pagaban factura con la misma moneda. Barbarie por barbarie, la del estado, que se define por el monopolio de la violencia legítima, aunque la utilice al margen de la ley, termina siempre siendo la más poderosa cuando actúa sin restricciones. Como en Turquía contre el PKK kurdo, entre otros ejemplos. En aquellos años, los del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate y todas las siglas que lo precedieron ya estaban en la órbita del Alqaida, de la que recibían ayuda e inspiración doctrinal, aunque ellos se concentrasen en su propio predio, no por estrechez de miras nacionales sino con la misma lógica que el estalinista socialismo en un solo país. Se trata de una plataforma provisional para seguir expandiéndose. Pero ya entonces del Grupo Salafista argelino había ido desarrollando su organización por Francia y buena parte de Europa.
 
Lo de ahora presenta novedades, lo que tampoco tiene nada de extraño pues el jihadismo nunca acaba de sorprendernos por su enorme capacidad de mutación adaptativa. Está siempre cambiando. Los restos del Grupo, parece que renovados a fondo por una oleada de nuevos reclutas, se han integrado plenamente en la prestigiosa compañía que encabeza, suponemos, Bin Laden, sin que propiamente sepamos con exactitud cual pueda ser el alcance de esa afiliación, puesto que en cada caso y en cada momento puede tener un significado distinto según la coyuntura. La empresa es muy flexible y la cuenta de resultados prima. Pero lo que está claro es que ahora la plataforma es toda la zona del occidente islámico y la nueva Al Qaida en el Magreb Islámico comprende también grupos libios, tunecinos y marroquíes. Las miras finales siguen careciendo de horizontes pero la plataforma es más amplia y hace caso omiso de las fronteras nacionales.
 
Uno de sus objetivos, como en todas las sucursales, es nutrir Irak, frente central del gran combate, de los tan útiles aspirantes al martirio. Pero hay reclutas para todo. La actuación en su propio entorno la vemos de continuo. Otro de los fines es servir de trampolín para saltar sobre Europa. Nadie se siente seguro. Siempre hay algún pretexto aunque lo verdaderamente importante es que no necesitan ninguno. Nosotros les bastamos. Nuestra sociedad y cultura los amenaza. Pero la oportunidad es lo más peligroso. Donde hay un grupo dispuesto, cierto número de medios y objetivos fáciles la tentación puede ser irresistible. Y tampoco es necesario que vengan de fuera. Un muy reciente estudio holandés muestra que la casi totalidad de 242 jihadistas pertenecientes a 28 redes, que intentaron o consumaron 31 ataques en Europa, vivían desde hacía tiempo entre nosotros o incluso eran nativos de segunda generación y se habían radicalizado sin moverse de su casa, mediante la jihad global que habita en internet. Si las amenazas explícitas, por boca de las estrellas mediáticas de al Qaida, no perdonan ni a Noruega ni a Austria, ¡pobre España! Al Zawahiri, el número dos, nos recuerda que somos al Andalus. Tampoco nos olvida el manifiesto que reivindica las bombas de Argel, que con toda su premura encuentra tiempo y espacio para añorar la Andalucía irredenta. Y será Andalucía en un sentido geográfico muy lato. Si a la primera consiguieron lo que se proponían ¿por qué van a renunciar a reivindicaciones que llevan mucho más hondo en su corazón? Ceuta y Melilla matarían de un solo tiro pájaros a la vez religiosos y laicos. Pero Granada, Córdoba o Sevilla no son menos apetitosas.


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