Los europeos tienen problemas para tratar con el terror hasta cuando son amenazados en casa. Los Socialistas españoles capitularon ante un terrorista vasco que les chantajeaba con una huelga de hambre.
El sentido común y la experiencia han confirmado, una y otra vez, que hacer concesiones al barbarismo y al terrorismo produce más de ambos -- una lección obviada repetidamente por los mismos europeos que tanto disfrutan condenando las políticas "de cowboy" del Presidente Bush. Considerando la frecuencia con la que un gobierno europeo tras otro hace concesiones a elementos criminales internacionales, uno concluye que, en el caso concreto de los marineros británicos secuestrados por Irán, solamente existe una "Europa" y no es ni responsable ni fiable. Es un tremendo problema para el Primer Ministro de Gran Bretaña Tony Blair, quien parece que va a confiar en la mítica "comunidad internacional" para solucionar un problema de cuño propio.
¿Por qué fueron capturados esos soldados para empezar? Porque, como dijo el militar de más alto rango de la Marina británica, Sir Alan West, las normas británicas de enfrentamiento "fueron de desescalada a cualquier precio, porque no queremos que empiecen guerras... En lugar de pasar a la acción e intentar hundir todo lo que haya a tiro, intentamos pensarlo dos veces y por supuesto ese es el motivo por el que nuestros camaradas pudieron ser, en la práctica, capturados y secuestrados".
Esto es peor que un juicio pobre -- es corrección política llevada a niveles insospechados. ¿Las únicas opciones son "hundir todo lo que haya a tiro" o rendirse sin condiciones? Por supuesto que no -- excepto cuando el desarme unilateral hace que lo sean, como es el caso de la reciente decisión de transformar la otrora impresionante Marina británica en una pequeña fuerza de defensa costera.
Siendo justos, los británicos no son los únicos europeos reticentes a responder al terrorismo de manera adecuada - y la mayor parte no podría en caso de estar dispuestos. Los italianos parecen haber convertido capitular ante el terror en la política. Cuando una de sus incompetentes periodistas fue secuestrada por los Talibanes, Roma obligó al gobierno afgano a liberar a cinco importantes terroristas - sin que importase que su conductor afgano fuera decapitado porque nadie le ayudó.
Los alemanes hicieron lo mismo en el Sahara, y los españoles fueron aún más allá: sacaron a su gobierno en elecciones porque los terroristas afirmaban que al enviar tropas a Irak, España "había provocado" un ataque jihadista que costó la vida a 192 personas en Madrid. Y mientras los palestinos atacaban a los daneses por las viñetas de Mahoma, los daneses siguieron enviando ayuda "al pueblo palestino".
Mientras tanto, los europeos están fuera de sí por "el maltrato" a los jihadistas de Guantánamo. El Parlamento Europeo votaba para condenar a los gobiernos que cooperaron con la CIA por no proporcionar pruebas de hacerlo. Jueces y fiscales alemanes e italianos quieren llevar a juicio a operativos de la CIA y de sus propios servicios de Inteligencia por enviar a terroristas o aquéllos que cooperan con ellos a sus propios países.
Estos casos no son solamente hipocresía. Los europeos tienen problemas para tratar con el terror hasta cuando son amenazados en casa. Los Socialistas españoles capitularon ante un terrorista vasco que les chantajeaba con una huelga de hambre. Los tribunales alemanes y holandeses encuentran difícil constantemente procesar a jihadistas, porque con frecuencia, tras declarar ilegales o inaceptables las informaciones de la Inteligencia contraterrorista, rehúsan llevarlos a juicio. En Gran Bretaña, Abú Hamza, un importante ideólogo y reclutador de terroristas islamistas de Argelia hasta Yemen, inmigrante ilegal y polígamo, era condenado a apenas siete años de prisión por sus crímenes. Y extraditar a Francia a Rashid Ramda, donde fue acusado de financiar el terrorismo en París, a Gran Bretaña le costó 7 años a causa de la posibilidad de maltrato por parte de esos bárbaros del otro lado del Canal.
Mientras tanto, los verdaderos bárbaros de Teherán son vistos como valiosos socios de negociación por el Reino Unido, Francia y Gran Bretaña, sobre todo con el fin de protegerlos del cowboy de la Casa Blanca. Y ahora, la "comunidad internacional" afronta un Irán inminentemente nuclear. Irán se va ya de rositas secuestrando repetidamente a soldados británicos y financiando el terrorismo; imagine lo que hará con armamento nuclear entre manos.
El mismo "derecho internacional" utilizado para proteger a los asesinos islamistas en Guantánamo o declarar "injusto" el juicio de Saddam Hussein debería condenar también el secuestro y humillación de soldados y los ataques a diplomáticos. Sin embargo, no se contempla ninguna respuesta seria por el momento. Por el contrario, a juzgar por las cartas de los lectores a los periódicos británicos, Gran Bretaña se provocó esto ella sola. Un tal Dr. Izhar Jan, de Aberdeen, piensa "necesitamos mostrar algo de contención. Al menos, estos marineros no fueron colgados con sus manos atadas a la espalda y no se les hizo adoptar posturas difíciles". Gracias a Alá que estos iraníes no son tan brutales como esos malditos americanos.
La debilidad ante la criminalidad extranjera no se limita a Irán, Gaza o el Líbano. También se manifiesta en casa. Cuando un ilegal congoleño es detenido por saltar un control sin billete en la Gare du Nord de París y "jóvenes" provocan disturbios y saquean unos almacenes de ropa deportiva, la candidata presidencial Socialista culpa a la policía. En el 2005, cuando bandas criminales de inmigrantes fanáticos lo reducían todo a escombros por Francia, la élite echaba la culpa al Ministro del Interior, no a los "jóvenes socialmente discapacitados".
Estos hechos no son coincidencias simplemente -- son el resultado inevitable de una cultura europea que ha perdido por completo su capacidad que distinguir entre amigos y enemigos, libertad y anarquía, tolerancia y capitulación, negociación y rendición. Grandes segmentos del público europeo han perdido la capacidad de defenderse frente a amenazas bárbaras. La mayoría ni siquiera reconoce que existe una amenaza. Existe una palabra se resume este fenómeno - y es la que en última instancia derrumbó al Imperio Romano: decadencia. ¿Cuánto tiempo le llevará a Europa salir de esta afección autoinducida?