Desde que Aznar montase los chiringuitos de la FAES y el GEES, el señor
Jiménez diese la murga con su inclasificable engendro televisivo y digital de
militancia liberal-católica, y Telemadrid asumiese la portavocía populista del
asunto, nos han vendido hábilmente una mona vestida de seda. A saber, que
todos ellos componen un nutrido grupo de intelectuales, sesudos y sin pelos
en la lengua, cuya misión es abrirnos los ojos frente a los peligros del siglo
XXI: Zapatero y la descomposición de España, la falsa amenaza del cambio
climático, la inminente guerra contra los musulmanes, etc. Todo lo que huele
a izquierda es blanco de un ataque indiscriminado y apocalíptico, a medio
camino entre la retórica chabacana y la impostura intelectual, y con altas
dosis de épica barata.
A poco que una persona con cierto sentido común –no digo con una altísima
formación universitaria- analice las producciones de FAES, de GEES, o de
cualquier portal de esta flota de voceros del fin del mundo, se da cuenta del
camelo. El catálogo, la verdad, acojona: desde teorías de la conspiración
hasta informes sobre la maldad del matrimonio homosexual, pasando por
revisiones absolutorias del franquismo (¿quién está mirando en España hacia
atrás?) y activismo beato Rouco’s style.
No digo yo que entre estos intelectuales llamados a filas no haya cabezas
pensantes, pero lo cierto es que, si las hay, han puesto el cerebro al servicio
del poder que les paga. Han alquilado sus neuronas a tiempo completo.
Porque al cabo, un Think Tank no es más que una entidad que financia, e
incluso compra -y eso explica el fenómeno de los tránsfugas de la izquierda- a
tipos para manufacturar argumentarios donde lo que más importa es la
destrucción del adversario, y lo que menos, la verdad del asunto. Y para
colocar los argumentarios en la calle, se han provisto de “asociaciones cívicas”
como el Foro de la Familia, el de Ermua o la AVT. Todas bien pagadas, claro.
Y ya tenemos el organigrama completo: desde la teoría hasta la praxis –el
agit prop-.
Son altavoces pagados. Matones del pensamiento que van meando en todas
las esquinas del barrio. Graffiteros con gomina. Tienen una misión: hacer que
la pared, que es blanca, se vea sucia. Al loro con estos tipos.
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