Según cuenta Bob Woodward en Negar la evidencia (ed. Belacqva), las
primeras palabras que pronunció George Bush en la reunión de gabinete
posterior a su reelección fueron de agradecimiento al hombre común, al
ciudadano normal y corriente, por el apoyo electoral que le había
brindado: "Estas elecciones no las han ganado demócratas de club de
campo. Las han ganado personas que llevan a sus trabajos la fiambrera
con el almuerzo". Y es que los postulados neoconservadores no podrían
entenderse sin la referencia a esa clase social, mayoritaria en cualquier
país occidental, de la que los neoconservadores dicen ser los
representantes más fieles.
El modo en que mejor llegan a ella encuentra una buena expresión en el
reciente desencuentro entre ciudadanía y poderes públicos vivido con la
normativa antialcohol, donde las políticas progresistas fueron visualizadas
como un ataque a los pequeños placeres cotidianos y razonables. En otras
palabras, se trataría, como afirma Rafael Bardají, coautor de Qué piensan
los neocon españoles (ed. Ciudadela), "de que la izquierda se ha
empeñado en correr en contra de las aspiraciones generalizadas de la
sociedad española. En un país donde la mayoría de la gente aspira a ser
propietario de una vivienda, ellos prefieren defender a los okupas. O
prohibir el vino". Bardají lo define de este modo: "Los neocon son de
Marte, la izquierda es de Chueca".
Defensores de lo razonable
Y es que por mucho que las posturas neocon hayan sido habitualmente
confinadas a la política exterior, lo cierto es que tienden a posicionarse
cada vez más en asuntos cotidianos, ya que los neocon se dicen los
defensores de una racionalidad común que se ha perdido a causa de los
extremismos de la izquierda. Es exactamente la clase de argumentos que
aparecen en el programa electoral de Sarkozy, el líder de los
conservadores franceses, quien explica en su reciente Testimonio (ed.
Akal), el libro de campaña que todo candidato debe publicar como parte
de su táctica electoral, que los franceses deben recuperar valores que han
olvidado, que deben mostrarse orgullosos de su pasado y que han de
eliminar las trabas para que el talento surja. Además, que la
irresponsabilidad de la izquierda, que ha promovido medidas como las 35
horas de trabajo semanales, lleva hacia la ineficacia y hacia la indolencia.
Que para él, la política es acción, producto del contacto con la realidad y
no de una reflexión intelectual, y que la cultura que le importa es la del
resultado. Y, sobre todo, que el deber de la sociedad es proteger a los
suyos.
Son ideas que coinciden, en gran medida, con las que están aplicando los
neoconservadores en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y España. Para Bardají, director de política internacional del think tank de Aznar,
FAES, "Sarkozy representa los valores de una derecha con nuevo rostro,
moderna, con ganas de cambiar su país y de modernizar estructuras.
Desde luego, es la opción de cambio más profunda en el panorama
electoral francés". Según Pedro Fernández Barbadillo, autor del
Diccionario para entender a Rodríguez, el progre (Ed. Áltera), "lo mejor de
Sarkozy es que, siendo de derechas, no se siente acomplejado por los
clichés de la izquierda, como le ha ocurrido a Chirac. Hemos podido ver,
en cuestiones como la delincuencia, que no se somete al discurso
dominante de la izquierda. Se puede decir que es un líder nuevo, como lo
fueron Thatcher y Reagan".
La presencia de Sarkozy en el suelo electoral forma parte de una
resurrección de las ideas conservadoras. Y, en este caso, fuertemente
alentadas desde ámbitos intelectuales. En España, sus principales
referentes son think tanks como FAES y GEES (Grupo de Estudios
Estratégicos), y sus bases ideológicas se están asentando mediante la
acción de pequeñas editoriales como Ciudadela, Libroslibres, Grafite o
Áltera. Según Fernández Barbadillo, responsable de comunicación de esta
última, "nos une el componente generacional. Todos tenemos entre 35 y
45 años y nuestras posiciones políticas no están tan centradas en las
preocupaciones materiales. Todos hemos visto cómo en la universidad
española siguen dominando las ideas de la izquierda y, cansados de leer
los mismos libros y escuchar los mismos argumentos en los últimos 30
años, hemos decidido dar el paso de exponer nuestro pensamiento".
Pero esa recuperación del orgullo derechista no sólo viene auspiciada,
como asegura Manuel Coma, profesor de Historia en la UNED, miembro
delGEES y ex analista del Instituto Elcano, "por el idealismo en los
objetivos y el realismo en los métodos", como define al
neoconservadurismo, sino "por una actitud propia".
Si recurriéramos a los elementos estéticos, la diferencia existente entre la
melena de Aznar y el habitual cuidado que pone en su apariencia la
vicepresidenta del Gobierno nos subrayaría cómo los neocon revisten esa
actitud de un matiz rupturista y rebelde que antes pertenecía a la
izquierda. Según Bardají, "la izquierda fue una fuerza revolucionaria y de
progreso. Pero ya no lo es, y la derecha abandera ahora valores como el
respeto a la dignidad humana, la libertad del individuo, la igualdad de
género o el deseo de prosperar. Y cuando los historiadores estudien
nuestra época verán cómo ha sido la derecha neoconservadora que no
mira al pasado la que cambió el mundo y la sociedad de nuestro tiempo".
Quizá ese matiz utópico venga causado porque muchos de los neocon
relevantes han militado antes en la izquierda. Es muy evidente en Francia,
pero también en España, donde Pío Moa, Gabriel Albiac, Jon Juaristi,
Mikel Azurmendi o incluso Federico Jiménez Losantos provienen de
sectores radicales.
Para Amador Fernández Savater, director de la revista Archipiélago,que
acaba de publicar un número sobre la nueva derecha,"los neocon no tratan
simplemente de mantener la casa bien ordenada, sino de dirigir el mundo.
No pretenden conservar la tradición, sino fundar un nuevo lazo social y
fabricar un nuevo tipo de ciudadano: el individuo desvinculado de
cualquier trama social de obligaciones, responsabilidades y cuidados. Hay
neocon estadounidenses que coquetearon con el trotskismo en su juventud
y ahora reinventan a su modo la contrarrevolución permanente".
Sea porque ese matiz de reacción orgullosa ha calado en la sociedad o
porque ésta percibe a los neocon como una salvaguarda frente a la
inseguridad de los tiempos, lo cierto es que la nueva derecha cada vez
tiene mayor implantación entre sectores sociales que antes eran propios
de la izquierda, como se demuestra tanto en los apoyos electorales que ha
recibido Bush como en los que se le atribuyen a Sarkozy. Los barrios
populares y de clase media baja, e incluso sectores progresistas de la
clase media, son cada vez más favorables a posturas mantenidas por los
neocon.
Ese hombre común, que en las últimas décadas había mostrado mayores inclinaciones progresistas, parece ahora bandera y sostén de los
conservadores modernos. Según Bardají, "es normal ese desplazamiento,
porque el proletariado, y se ve con la emigración, es el grupo social más
expuesto a las fricciones de la globalización. Y ve que la izquierda no le
da soluciones, mientras que la derecha sí le proporciona coordenadas
vitales".
El discurso del miedo
Francesc Pallarés, catedrático de Ciencia Política en la UPF, cree que este
nuevo alineamiento electoral aún no se ha producido y que "las clases
populares siguen votando mása la izquierda y las clases medias,
especialmente las más acomodadas, a la derecha". Pero sí estima que
cada vez más aparecen temas de importancia social "que las formaciones
políticas tratan de aprovechar para saltar por encima de esa distribución
electoral, como la inmigración, el terrorismo o el nacionalismo". Y, en ese
sustrato, "como los inmigrantes no tienen voto, los neocon suelen utilizar
el discurso del miedo para situarse mejor en los sectores populares".
Pero, ¿podría un triunfo de Sarkozy dar una mayor presencia en esos
ámbitos a los neocon? Nolo cree Pallarés, para quien "lo que ocurre en un
país vecino siempre influye aquí en alguna medida, pero lo que manda en
la política española, y parece que va a seguir así, es la situación interna".