De muerte en muerte la jihad sigue vivita y coleando. Los últimos coletazos han sido en nuestros vecinos del Sur. Recuérdese que los gobiernos nacionales árabes son su objetivo primario aunque no el más inminente. Son el obstáculo directo a la refundación de un califato que agrupe la umma, la comunidad de los creyentes o nación del islam, en un estado único, un gran imperio que luego partiría a la conquista del mundo. Pero, al menos en la doctrina bin Laden, antes hay que expulsar de las tierras del Islam la influencia corruptora de occidente y el manto protector que los “cruzados” extienden sobre los regímenes apóstatas de todos los líderes árabes.
El príncipe del terror proclamó en el 98 que lo prioritario era ir a por la cabeza de la serpiente, los Estados Unidos. Eso no ha vuelto a conseguirlo aunque no es pensable que haya renunciado. Entre otros handicaps tiene el haber dejado el listón muy alto. Todo lo que no lo supere sería una confesión de impotencia parcial. Pero el campo de acción es el mundo entero aún cuando las cuestiones de oportunidad pueden primar sobre las estratégicas o convertirse en tales. El frente central es por supuesto Irak y hacia allí van la mayor parte de los recursos, el torrente inapreciable de suicidas, que de ese modo drena las posibilidades de otros escenarios. Pero eso no quiere decir que los vacíe por completo y que las circunstancias locales sean desdeñables.
Algunos atentados aprovechan una coyuntura favorable y todos echan leña a la hoguera propagandística de donde salen los reclutas. Pero los soldados de la jihad son internacionalistas por principio, sea cual sea el ámbito en el que actúen. Los gobiernos de sus países natales o de adopción, Palestina, Irak, Afganistán, Chechenia, Cachemira o Al Andlus pueden revolverles las tripas pero en su cabeza la lucha es por Alá, la umma y el califa, trascendiendo las emociones circunstanciales que los azuzan en cada momento y lugar.
Para nosotros las cuestiones operacionales son las de mayor interés práctico. El como. En qué medida dirigidos a distancia, coordinados, ayudados. Y en ese como llama poderosamente la atención la similitud entre Casablanca hace dos días y Leganés en abril del 04, aunque ahora la policía marroquí se adelantó, saliendo al paso de, aunque no sabemos si desbaratando, un atentado en marcha. ¿Podría estar tan maduro como para coincidir con los de ayer en Argel? ¿Puede estar la misma mano detrás de ambos? Lo cierto es que al Qaida ha consolidado últimamente sus posiciones en el Magreb. Primero recibió en el Club al argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, heredero del GIA (Grupo Islámico Armado) con docenas de miles de asesinatos a sus espaldas, auténtico record que ya quisiera para sí cualquiera de los afiliados a la internacional yihadista. Luego fundió a varios grupos de la zona en la Organización de al Qaida en el Magreb Islámico. Posiblemente estos días presenta su tarjeta de visita.