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El acto de guerra de Irán
Colaboraciones nº 1616   |  10 de Abril de 2007
 

(Publicado en Human Events.com, 26 de marzo de 2007)

La captura de 15 marinos británicos por Irán en aguas iraquíes el 23 de marzo es un hostil acto de guerra que debería ser condenado por el Consejo de Seguridad de la ONU y por la OTAN. Además fue una clara violación de la soberanía iraquí que debería traducirse en una firme respuesta de la administración Maliki.
 
Londres y Washington deberían advertir a Irán de las consecuencias políticas y militares que se derivarían por no liberar inmediatamente a los prisioneros británicos. Los iraníes también deberían ser advertidos de dejar de entrometerse en Irak donde, en realidad, Teherán está librando una guerra paralela contra las fuerzas de Estados Unidos, Reino Unido e Irak. Hay crecientes evidencias de que fábricas iraníes a cargo de la Guardia Revolucionaria Iraní están produciendo las letales bombas de carretera que están matando soldados británicos en el sur de Irak así como financiando y entrenando activamente a las milicias chiítas. Los iraníes tienen sangre en sus manos y deben rendir cuentas por ello.
 
Este penúltimo acto de agresión del brutal, errático y altamente peligroso régimen de Mahmud Ahmadineyad no puede ser tolerado. También ridiculiza la idea, popular en los círculos diplomáticos, de que Estados Unidos debería negociar con estados paria como Irán y Siria para conseguir una solución pacífica a la violencia en Irak. No puede haber negociación alguna con regímenes terroristas que buscan activamente la desestabilización del país y hacen más fácil el asesinato de las fuerzas de la Coalición.  
 
La atrevida jugada de Teherán, diseñada para intimidar a Occidente en un momento de agudas tensiones por el programa nuclear de Irán, debe producir un mayor sentido de la determinación por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña; ambos poderes deberían incrementar la acumulación de poder naval en el Golfo Pérsico. Estados Unidos ya tiene 2 portaviones con sus correspondientes grupos de batalla en la zona y Gran Bretaña tiene varios buques de guerra de la Marina Real británica operando en la región. El mensaje a enviar a Teherán debería ser alto y claro, de que sus acciones tendrán consecuencias y que Occidente está preparado para usar la fuerza para detener el programa nuclear iraní así como en represalia por los actos hostiles contra las fuerzas americanas, británicas y de los aliados.
 
Además, Londres y Washington deberían exhortar al Consejo de Seguridad de la ONU para lograr un endurecimiento de las resoluciones contra Irán y que incluyan una prohibición total de la venta de armas a Teherán así como una prohibición de viaje para todos los funcionarios relacionados con el programa nuclear de Irán. Habrá una intensa oposición por parte de Moscú y Pekín, ambos con enormes intereses financieros y militares en Irán, pero debemos hacer todos los esfuerzos posibles para que las resoluciones tengan más fuerza.
 
Conjuntamente, Estados Unidos debería negarse a conceder una visa al presidente iraní para que dé un discurso ante la ONU en los próximos meses. Estados Unidos puede y debe implementar una política de tolerancia cero con dictadores y estados patrocinadores de terrorismo, a los cuales no se les debería dar una tribuna en suelo americano. Washington debería proceder a aislar al régimen iraní y negarle el oxígeno de la publicidad en la escena mundial. Estados Unidos debe apoyar a los grupos de oposición dentro de Irán trabajando por una sociedad libre y democrática.
 
Se debe presionar a la Unión Europea, que responde por el 35% de las importaciones iraníes, para que corte sus lazos financieros con Irán so pena de aplicar multas a las empresas europeas que hagan negocios con Teherán. La descarriada política de la Unión Europea – el compromiso constructivo – ha sido un fracaso espectacular que sólo ha servido para fortalecer la posición de Teherán así como para que ganase un tiempo muy valioso para seguir construyendo su programa nuclear. Países como Alemania, Italia y Francia deben acabar con las enormes garantías de exportación existentes en la actualidad que protegen a sus empresas haciendo negocios con Irán. Para Occidente, Irán debería considerado país vedado para los negocios hasta que cancele con su programa nuclear y acabe con su apoyo al terrorismo global. Las décadas de apaciguamiento europeo con Teherán se tienen que terminar para que las sanciones políticas y económicas sean eficaces.
 
Además, la crisis nuclear iraní debe ser un tema de alta prioridad para la OTAN y la alianza transatlántica debería publicar una condena sumarísima contra Irán por el secuestro de las tropas británicas. La OTAN también debe condenar las continuadas amenazas de Ahmadineyad diciendo que borrará a Israel del mapa y debería considerar muy seriamente abrirle las puertas de la OTAN a Israel como país miembro con una garantía completa de seguridad. Los iraníes se lo pensarían dos veces antes de lanzar ataques de misiles a Tel Aviv si se viesen ante el prospecto de una guerra con la alianza más poderosa del mundo. Israel es un aliado vital de Occidente con un amplio historial de lucha y por tener unas fuerzas militares de primer orden. Su acceso a la OTAN mejoraría considerablemente las capacidades de la alianza y aumentaría el alcance estratégico de la organización en Oriente Próximo.
 
Se debe evitar que Irán obtenga capacidad nuclear a cualquier precio. Si Teherán tiene éxito construyendo un arma nuclear – algo que podría lograr en un espacio de 2 a 5 años – no se puede dudar de las ganas e intención de usarla contra Israel y otros aliados americanos inmediatos. Tampoco queda duda alguna sobre la disposición iraní para armar con material nuclear a organizaciones terroristas como Hizbolá o al Qaeda.
 
Irán representa la mayor amenaza para la seguridad global de nuestra generación y Occidente debe estar preparado para enfrentarse al reto con fuerza y determinación. Desde el ascenso de la Alemania nazi y la Rusia comunista, el mundo libre no se había tenido que enfrentar a una amenaza tan grave por parte de un actor estatal. Aunque el uso de la fuerza siempre es el último recurso, Estados Unidos, Gran Bretaña y sus aliados deben estar preparados para desarmar al régimen iraní si se niega a rendirse, sea con o sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. Citando a una formidable ex primera ministra británica, éste no es el momento para que la alianza anglo-americana “ande titubeando”, sino que es el momento de la fortaleza y el liderazgo ante la cara de la barbarie.


 

 
 
Nile Gardiner es Doctor en Filosofía y miembro del Centro Margaret Thatcher por la Libertad, una división de la Fundación Heritage.    
 
 
©2007 Traducido por Miryam Lindberg


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