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La paciencia de Alá
En letra impresa nº 730   |  30 de Marzo de 2007
 
Hace un siglo el bandido marroquí Mulai Ahmed el Raisuli cometió la imprudencia de secuestrar al norteamericano Ion Perdicaris. Teddy Roosevelt, a la sazón presidente de los EE.UU. despachó de inmediato una flotilla de siete buques de guerra y un destacamento de marines con una única consigna: “Perdicaris vivo o Raisuli muerto”. Perdicaris fue liberado sano y salvo.
 
Ahora, el actual presidente de la República Islámica de Irán, Mahamud Ahmadinejad, ordena el secuestro de unos militares británicos y en ausencia de una respuesta por parte de la comunidad internacional, el gobierno británico  amenaza con hacer públicas las fotos de satélite en las que se ve que los soldados apresados patrullaban en aguas iraquíes.
 
Fotografías frente a cañoneras, eso es lo que para los ayatolas iraníes representa un siglo de debilitamiento occidental. No hay por qué extrañarse del atrevimiento iraní. Hace año y medio que Ahmadinejad viene amenazando con borrar del mapa a Israel y nadie ha hecho nada para detener su peligrosa bravuconería; los ayatolas ha recurrido a sus lacayos en Líbano y los territorios palestinos para lanzar ataques terroristas no sólo contra Israel, sino contra ciudadanos e intereses occidentales, sin  apenas encontrar reacción alguna;  Teherán ha jugado con los europeos, a quienes ha engañado sistemáticamente sobre sus intenciones y desarrollos del programa nuclear despertando apenas una tibia condena y suaves sanciones por parte de la ONU; por no hablar de sus amenazas sobre cortar el suministro de petróleo que han pasado a aceptarse como algo natural.
 
Ahora, la distribución de la foto de la soldado británica prisionera, ataviada forzosamente con el velo islámico, es una clara violación de la Convención de Ginebra. Pero nadie condena a Teherán por ello. Si todo hubiera ocurrido al revés, guardias revolucionarios capturados por las tropas británicas, cuántas manifestaciones y protestas habría habido ya. Ahí reside el juego de Ahmadinejad. En la paciencia de Alá.


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