Palabras de D. Alberto Recarte en el acto de presentación del libro
El grupo directivo de GEES ha tenido la amabilidad de invitarme a la presentación de un libro singular en España. Nada menos que sobre los neocon que, en USA, donde nacieron, son, mayoritariamente, de origen judío, bien pasados por la izquierda radical y el partido demócrata, para terminar siendo neoconservadores, definidos por su posición en política exterior en torno a diversos principios: el primero, la política exterior debe hacerse desde la realidad, el segundo, pero con principios liberales, y, finalmente, y ésta es la diferencia significativa, sin renunciar a defender en todos los países, en todas las circunstancias, los mismos derechos humanos para todos. Y en esto no son liberales clásicos, que tienden al aislacionismo y a no intervenir fuera de sus fronteras; porque consideran que la globalización ha hecho desaparecer muchas de esas fronteras.
En su invitación me hicieron patente que querían que hablara, como presidente de Libertad Digital, de cómo se desarrolla, en la España de hoy, un proyecto liberal conservador, en un momento histórico en el que el gobierno vive obsesionado por la II República y la guerra civil, y propicia la ruptura de España como estado y el enfrentamiento entre lo que fue el bando izquierda-nacionalistas durante la guerra civil y el resto de España, por más que los españoles no se sientan divididos en torno a esas facciones y, que hayan dado por superado ese trauma, en una larga y difícil transición, que durante unos años ha sido un ejemplo para muchos países que lograron sacudirse regímenes dictatoriales.
Me siento especialmente orgulloso de haber servido de lazo de unión entre GEES y Libertad Digital y de que en nuestro periódico contemos con la presencia diaria de GEES, con los mejores análisis que se hacen en España sobre política exterior y de seguridad, tanto sobre la de España como sobre la de todo el mundo, que, por otra parte, cada vez repercute más también en España, porque la globalización es auténtica, no sólo en lo económico, sino en lo político y en lo relativo a defensa y al propio terrorismo. Ambos, Libertad Digital y GEES, nos complementamos y beneficiamos con nuestra colaboración.
Permítanme, para hacer caso al encargo que he recibido, algunas consideraciones sobre Libertad Digital.
Hoy nuestro periódico tiene 1,5 millones de usuarios únicos al mes y cerca de 1,3 millones de visitas diarias durante el mes de febrero de 2007, el último sobre el que existen datos de OJD.
Hemos comenzado a emitir nuestra programación en Libertad Digital Televisión en el ámbito de la Comunidad de Madrid. En los dos próximos meses lo haremos en Valencia y Murcia. Y esperamos que pronto se nos pueda ver en toda España a través de satélite, el cable y los hilos de cobre telefónico.
Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que cuando comenzamos en el año 2000, poder informar y opinar, desde una perspectiva liberal-conservadora, sobre España y el resto del mundo.
GEES existe desde hace 20 años, Libertad Digital desde hace sólo 7, pero la mayoría de los que participamos en ambos proyectos hace todavía muchos más años que defendemos esas ideas a nivel personal y a través de otros medios de comunicación.
Dos proyectos que eran casi imposible que salieran adelante, y sin embargo lo lograron. He intentado sistematizar las dificultades de proyecto liberal-conservadores en cinco puntos:
1º. Desconfiamos del poder, de derechas, de centro y de izquierda. Creemos que el poder corrompe. Porque somos humanos, los políticos y nosotros. A nosotros también nos corrompe el poder mediático; cuando lo tenemos. Pero somos muchos en cada uno de nuestros medios, somos distintos y firmamos artículos con tesis diferentes. Lo que nos protege de nosotros mismos. Y, por esencia, no hay ningún poder supremo unificador. Somos, en esto, todos, liberales. Pero algo es claro, desconfiamos del poder y el poder desconfía de nosotros.
2º. En España, al menos hasta hace unos pocos años, había pocas fortunas personales y pocas empresas grandes, que son las que en los países anglosajones han financiado proyectos como los nuestros. Y esos grupos grandes eran, y son, conscientes del enorme poder de intervención de los poderes de turno. Una financiación de proyectos como los nuestros podía poner en riesgo las propias empresas y el futuro familiar. El temor invitaba a la prudencia.
3º. Las grandes empresas sí han financiado muchos proyectos de fundaciones, incluso políticas, además de las culturales, educativas o benéficas. Pero siempre acudiendo donde los gobiernos les decían que debían hacerlo. Por lo que tampoco tenían fondos sobrantes para intentar aventuras. Aventuras peligrosas, por otra parte.
4º. Los partidos políticos más próximos a nuestra ideología, en nuestro caso el PP, también desconfían de nuestros proyectos por dos motivos diferentes; el primero, para evitar verse condicionados por las opiniones vertidas en nuestros medios, y el segundo, por temor a que nos convirtiéramos en plataformas de lanzamiento de otros políticos o incluso de otros partidos.
5º. En España la tradición es que los proyectos ideológicos los financie la administración. El que la iniciativa de la sociedad civil pueda financiar algún proyecto ideológico sin contar con las administraciones públicas ha sido una rareza. Al margen, por supuesto, del protagonismo que siempre ha tenido y continúa teniendo, la iglesia católica.
Pero, aquí estamos, y estamos porque ese panorama ha cambiado en parte. Y se me ocurren varias causas que explican el cambio. Vaya por delante que creo que en la historia de la humanidad, de los países y de las sociedades es fundamental la influencia de las personas. Creo en la “nariz de Cleopatra” como motor de la historia, antes que en las fuerzas ineluctables del supuesto progreso de la humanidad.
Pero analicemos esos cambios y esas nuevas condiciones:
1ª causa
La generosidad de un grupo de españoles, que han decidido defender los valores de la libertad y el Estado de Derecho, incluso en contra de sus intereses económicos y sociales.
Como José Mª Aznar, que a pesar de las críticas que desde Libertad Digital, por ejemplo, se le hicieron cuando fue Presidente del gobierno, unas creo que justificadas y otras equivocadas, nos ha ayudado y defendido ante propios y extraños, animando a todos a que nos apoyaran.
Como Federico Jiménez Losantos, que ha sido el máximo impulsor de nuestro proyecto, sacrificando otras mejores alternativas económicas o proyectos más personales o exclusivos.
O como la mayoría de nuestros colaboradores, que reciben económicamente menos de lo que merecen sus esfuerzos.
2ª causa
El triunfo de internet. Más accesible. Más barato. Y aquí los que apostamos por la libertad, al menos en España, hemos ganado -por ahora- la partida a los que defienden otras alternativas.
3ª causa
Porque la sociedad española tiene más recursos económicos y más independencia que nunca antes en la historia. Y son muchos los que están dispuestos a ayudar si encuentran el cauce adecuado. Y el cauce tiene que ser, todavía, para muchos, anónimo o discreto, porque el temor al poder político sigue siendo enorme.
4ª causa
Porque ni Libertad Digital ni GEES hacemos política de partido. Hacemos política. Pero no participamos en confrontaciones internas. Y cuando tomamos partido lo hacemos no por razones personales, sino ideológicas.
5ª causa
Porque nosotros, con excepciones bien concretas y justificadas, no somos ni queremos ser políticos en activo. Ese cáliz amargo lo dejamos para los que se sientan capaces de beberlo.
6ª causa
Y, quizá determinante en este momento, España, como estado, está en peligro. Está en peligro el Estado de Derecho y la Constitución.
Y ésos son los valores que nosotros defendemos, porque son la garantía de nuestra libertad individual. Y eso ha sido definitivo para que muchos españoles se hayan decidido a apoyarnos económicamente.
Libertad Digital tiene en estos momentos alrededor de mil accionistas. Pero si necesitáramos más fondos y planteáramos una ampliación de capital a través de una Oferta Pública de Venta, en estos momentos, creo que serían muchos miles más los que nos apoyarían.
En conclusión, el panorama ha cambiado, y son muchos los españoles que quieren participar en proyectos como los nuestros.
Pero necesitamos alcanzar un tamaño lo suficientemente grande como para poder dirigirnos a los españoles como inversores, en lugar de buscar sólo, o principalmente, el apoyo de las empresas, o de las grandes fortunas personales.
Y a todos esos españoles necesitamos demostrarles que somos capaces de gestionar, ordenadamente y con austeridad, unos proyectos que necesitan la forma de la sociedad anónima, para que su participación, como accionistas, se encauce de acuerdo con cánones conocidos y probados y que aseguren, de esa forma, primero el objeto social de esa empresa, que es una empresa con ideología; en segundo lugar, su equilibrio económico; y, en tercero y último, su permanencia en el tiempo.