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11-M: batiburrillo y casualidades
Colaboraciones nº 1584   |  22 de Marzo de 2007
 
La de ayer fue una larga jornada de batiburrillo y casualidades. Con todo, pueden entresacarse detalles interesantes.
 
Los indios
 
La comparecencia de los diversos testigos que intervinieron en la venta de los móviles que sirvieron para fabricar las bombas fue decepcionante. A los indios que comparecieron, dueños y trabajadores de la tienda donde se vendió la partida de móviles a la que pertenecía el rescatado de la mochila de Vallecas, hubo que sacarles las palabras del cuerpo con sacacorchos y sus declaraciones no añadieron nada de interés. También comparecieron como testigos los que le vendieron a Jamal Zougam la partida de cien tarjetas “Amena” a la que pertenecía la hallada en la mochila de Vallecas. Nada nuevo.
 
Kalaji
 
Luego compareció Ayman Maussili Kalaji, un policía nacional de origen sirio, propietario de una tienda de telefonía que fue el encargado de liberar los móviles que los indios vendieron a unos desconocidos. Liberar un móvil es la operación que consiste en privarle de la limitación de funcionar con un solo operador para que con él se pueda llamar empleando tarjetas SIM de cualquier compañía. La única cuestión que plantea su implicación en el atentado es el cúmulo de casualidades que concurren en él. Fue el experto en telecomunicaciones que liberó los móviles. Y, además, era (ahora está jubilado) policía nacional y estuvo destinado en la UCIE, la unidad especialista en terrorismo islámico. Además es de origen sirio. Perteneció al ejército de su país. Recibió formación especial, se resistió a describirla, pero nadie quiso preguntarle en qué consistía esa formación. Recibió un curso especial relacionado con su formación militar en Rusia y tampoco nadie le preguntó el objeto concreto del curso. Podría haber contestado que se especializó en explosivos y no hubiera dejado de ser una casualidad más.
 
Según la versión oficial, pues, un sirio, ingeniero técnico de telecomunicaciones, que es policía, que perteneció al ejército sirio y que realizó un curso militar en Rusia, manipuló los móviles que sirvieron para activar las bombas, pero no tiene nada que ver con el atentado. Hay que admitir que es posible. Lo que no se entiende es que en el sumario no conste la realización de una investigación que se asegurara de que no es más que una casualidad.
 
El corredor de fondo
 
El policía encargado de vigilar el portal de la finca del piso de Leganés la tarde en que se suicidaron sus ocupantes narró como vio a Abdelmajid Bouchar bajar una bolsa grande de basura, dejarla junto al contenedor y luego, al percatarse de la presencia policial, salir corriendo. El testigo y un compañero trataron de darle alcance, pero les fue imposible porque Bouchar, que dijo durante su declaración estarse preparando para las olimpíadas, corrió  como un gamo hasta perderse. El policía añadió estar seguro de cuál fue la bolsa que dejó. El detalle es importante porque en esa bolsa apareció un hueso de dátil con el ADN de Bouchar. Naturalmente, esto prueba que Bouchar estaba en el piso de Leganés la tarde del suicidio, pero no que tuviera que ver con el atentado del 11-M. Esto importa porque la testigo que dijo haberlo visto en uno de los trenes se desdijo hace unos días.
 
El comisario de la UCIE
 
La declaración del comisario de la UCIE, la unidad encargada de combatir el terrorismo islámico, fue decepcionante. Declaró no saber nada de cómo se llegó a localizar el piso de Leganés ni de cómo se llegó al convencimiento de que sus ocupantes eran los autores del 11-M. Así pues, una declaración no sólo decepcionante, sino también preocupante, porque, dado su cargo, o es un incompetente o no cuenta todo lo que sabe. En cualquier caso, no aportó nada que ayude a esclarecer lo ocurrido.
 
Los fanfarrones de Virgen del Coro
 
Llegó el turno de un inspector de la Brigada de Información Provincial de Madrid encargado de vigilar a los musulmanes que se reunían en el local de Virgen del Coro, propiedad de Almallah Dabas, uno de los procesados, y por donde pasaron algunos otros como Basel Ghalyoun, Fouad el Morabit o uno de los suicidas de Leganés, Serhane El Tunecino. El policía adornó mucho su narración para convencer al tribunal de que los que allí se reunían eran peligrosos terroristas y que lamentaba no haber detectado lo que estaban preparando. Sin embargo, en un momento tiró abajo el castillo de naipes que él mismo había levantado cuando el abogado defensor de Almallah Dabas le preguntó si sabía que su defendido iba diciendo por ahí que no pararía hasta tirar al suelo las torres KIO y contestó que sí, que sabía de esas fanfarronadas. Total, que el policía sacó la misma impresión que estamos sacando los demás, que estos musulmanes se reunían para ver si hacían esto o lo otro, pero que no tenían pinta de rematar nada. De hecho, el policía reconoció que nunca tuvieron armas o explosivos.
 
Pero dijo otras cosas interesantes. Dijo que nunca vio a El Chino, el suicida de Leganés que se ocupó de la logística del atentado proporcionando los explosivos tras adquirirlos de Suárez Trashorras. Y reconoció que tenía varias fuentes que le informaban de lo que ocurría en el local de Virgen del Coro. O sea, que la célula islamista que allí se reunía estaba totalmente infiltrada por la policía. ¿Pudieron colaborar en la organización de un atentado como el del 11-M sin que los que los vigilaban se dieran cuenta y sin verlos nunca con El Chino?
 
El GEO
 
La última comparecencia fue la del jefe del Grupo Especial de Operaciones. Narró como les llamaron para intervenir en el piso de Leganés donde la policía había rodeado a los que se suponía habían cometido el atentado del 11-M. Le advirtieron que tenían explosivos, aunque no pudo decir en qué se fundaba esta convicción. Contó como estudiaron la situación y decidieron que lo mejor era hacer explotar la puerta del piso y lanzar gases lacrimógenos al interior de la vivienda para obligar a los terroristas a salir. Y como, tras hacerlo así, éstos se suicidaron haciendo estallar el explosivo cuya deflagración mató a la víctima 192, el GEO Francisco Javier Torronteras. Hubo en el juicio un momento de cierta tensión cuando el abogado defensor de El Egipcio, Endika Zulueta, que había tenido poco antes un rifirrafe con Gómez Bermúdez, le hizo al testigo un par de preguntas que encerraban la velada acusación de que podían haber hecho más por salvar la vida de los terroristas. Teniendo en cuenta que la operación le costó la vida a un GEO, no puede decirse que la acusación fuera muy justa.
 
Al margen de todo esto, el testigo contó cosas interesantes para otros aspectos del sumario. Así, por ejemplo, contó que le avisaron de que los móviles no funcionarían porque había sido instalado un inhibidor. Es un detalle importante porque en el sumario consta que los suicidas de Leganés hicieron, momentos antes de la explosión, varias llamadas telefónicas a sus familiares para despedirse. Cabe que estas llamadas se hicieran antes de instalar el inhibidor o que éste no funcionara correctamente, pero es importante que en el futuro se aclare este detalle porque las llamadas que se hicieron desde le piso sirven a la Fiscal para sostener que la explosión fue consecuencia de un suicidio colectivo. Y si es verdad que lo más probable es que fuera así, no debe descartarse que los explosivos fueran activados por terceras personas.
 
Otra de las cosas que comentó el GEO tiene relación con a una nueva casualidad policial, ya conocida, pero que hasta ahora no había salido en el juicio: que el piso contiguo al de Leganés estaba ocupado por un policía. Éste invitó a su casa al GEO para que pudiera hacerse una idea de la distribución de la que ocupaban los terroristas ya que el diseño de ésta era simétrico a la suya. El GEO, como es lógico, no supo decir a qué unidad pertenecía este policía. Es de esperar que alguien, la Fiscal o alguno de los abogados defensores o de las acusaciones particulares, lo haya citado a declarar.
 
Naturalmente, es una feliz casualidad que en el piso de al lado de los suicidas viviera un policía. Pero ¿no son ya muchas las casualidades?.

 


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