El presidente de Bolivia, comienza a darse cuenta de que gobernar no es tan simple y que las relaciones con los Estados Unidos y otras potencias son vitales para subsistir. En su visita a Japón, -en medio de uno de los peores desastres naturales que azotan a su país-, aseguró a los orientales que sus inversiones en Bolivia no correrán peligro de ser estatizadas, lo cual es cierto, porque no tienen inversiones en Bolivia y no son tan insensatos como para tenerlas. La experiencia sufrida por el Brasil, con la nacionalización de sus refinerías, fue más que suficiente como para saber cuan confiable es su palabra.
Evo pidió el año pasado a delegados de la Unión Europea, que lo ayuden a mejorar sus relaciones con los norteamericanos. “Les solicitamos señores embajadores con mucha responsabilidad y con mucha humildad ayudarnos a mejorar las relaciones con el gobierno de Estados Unidos porque somos de la cultura del diálogo”, dijo el mandatario. ¿Pero acaso no hay una embajada estadounidense en La Paz para hablar con su representante?
El infantilismo de Morales, que recurre a otros dignatarios públicamente para enmendar sus metidas de pata, hace pensar en un niño que después de jalarle el cabello a la hermanita, le pide al vecino que le diga al papá que no lo castigue. Morales ya está en edad de aprender que el mundo de la política es el mundo de las palabras, y lo que uno dice acarrea consecuencias. Durante su carrera sindical se la pasó insultando a Estados Unidos y a su presidente. Llegó al poder y acentuó sus ataques, motivado por Hugo Chávez. ¿Después quiere buenas relaciones?
Su vicepresidente en su primera visita a Estados Unidos viajó infructuosamente a Washington para pedir la ampliación del Atpdea, -un tratado de preferencias arancelarias y lucha contra el narcotráfico-. En el momento del abordaje al avión, se dio un hecho inédito: Los funcionarios de la aerolínea lo detuvieron, porque su nombre figura en la lista de terroristas internacionales que no tienen ingreso al país del norte. El pasado del vicepresidente como miembro del EGTK, (Ejército Guerrillero Tupac Katari), pesó para que fuera incluido en las listas que las empresas aéreas manejan para su propia seguridad y la del país de destino. Tras una discusión con los empleados, el dignatario tuvo que retornar a la sede de gobierno para solicitar un permiso del Departamento de Estado.
El vicepresidente García Linera era la última opción con que contaba el régimen para mejorar su áspera relación con Bush. ¿Ironía…? Como dijo alguien: "Álvaro García Linera, con su pasado de terrorista a cuestas, es la mejor carta negociadora del gobierno boliviano con los Estados Unidos, -hay que imaginar cómo son las otras…-. Podríamos decir: "Su pasado lo condena". Y a Evo también. Si Morales quiere entablar buenos vínculos con los Estados Unidos, debe cuidar sus emotivos deslices y acciones, y moderar su lenguaje. Tiene que alejarse de Chávez y ser consecuente, con una línea definida. Debe comprender, que los enemigos de Norte América no pueden ser sus mentores si busca el acercamiento con la administración Bush.
Morales está muy lejos de entender el mundo de la política responsable, aunque por momentos pareciera que lo intenta, por lo menos cuando Chávez no está cerca. Dijo en un momento de honestidad consigo mismo y con el país: "soy más dirigente sindical que presidente, pero estoy aprendiendo”. El problema es que su aprendizaje lo hace con nueve millones de bolivianos, con los que pretende experimentar cualquier cosa que ordene el venezolano. Todavía está a tiempo de recuperar su dignidad y buscar mejor maestro que el Demente Coronel. Podría dar un giro a su política revolucionaria y entrar en la moderación. El mundo entero le apoyaría si se desprende de Chávez, pero sabemos que eso es mucho pedir. Cree, -como los demás ofuscados oportunistas del hemisferio-, que llegará más lejos del brazo del hijo de Stalin, que de los norteamericanos, europeos y asiáticos.