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11-M: la mochila errante
Colaboraciones nº 1578   |  21 de Marzo de 2007
 
Ayer, por enésima vez, la estrella fue la mochila de Vallecas. Esto es, la mochila aparecida en la Comisaría del Puente de Vallecas entre los enseres traídos desde la estación de El Pozo y que contenía una bomba que no estalló. La tarjeta del teléfono móvil que tenía por misión activar el explosivo condujo hasta el locutorio de Jamal Zougam, el marroquí relacionado con el fundamentalismo islámico que fue detenido el día anterior a las elecciones del 14 de marzo. Esto fue lo que terminó por convencer a la opinión pública española de la autoría islámica del atentado. A consecuencia de ello, el PSOE ganó unas elecciones que todas las encuestas le habían dado por perdidas.
 
Han surgido infinidad de dudas acerca de la autenticidad de esta mochila porque los TEDAX que estuvieron en El Pozo revisaron varias veces todos los bultos que allí se amontonaron y, después de encontrar una primera bomba sin estallar, que no lograron desactivar, no apareció ninguna otra.
 
Durante la jornada de ayer, varios testigos policiales declararon que recogieron de la estación un número indeterminado de grandes bolsas de basura que habían sido rellenadas por otros agentes con los enseres aparecidos en los trenes. Aunque surgieron dudas de cómo estaban cerradas estas bolsas, la agente que halló la bomba declaró que no era necesario romperlas para abrirlas, lo que hace pensar que, al menos la que contenía la mochila-bomba, no estaba cerrada con cinta de embalar, lo que hubiera obligado a romperla para extraer su contenido. Por lo tanto, cabe que, con anterioridad al hallazgo, alguien abriera la bolsa de basura e introdujera la mochila-bomba con el fin de que luego fuera descubierta y condujera hasta Jamal Zougam y su locutorio.
 
Cargadas las bolsas en dos combis policiales, fueron trasladas hasta la Comisaría de Villa de Vallecas, donde no quisieron quedarse con ellas. Luego fueron llevadas hasta la Comisaría de Puente de Vallecas y, al poco de llegar, antes de que fueran descargadas las bolsas, se recibió la orden de trasladarlas al IFEMA, donde se estaban reuniendo todos los familiares de las víctimas. Una vez allí, las bolsas de basura fueron descargadas y amontonadas en un lugar donde alguien colocó un cartel advirtiendo de que se trataba de enseres recogidos en la estación de El Pozo. Las bolsas quedaron bajo la vigilancia de un miembro de la Policía Científica que ayer no declaró. Poco después de volver a la Comisaría, los policías que habían trasladado las bolsas hasta el IFEMA recibieron la orden de volver al IFEMA, recoger las bolsas y llevarlas nuevamente a la Comisaría. Esta orden resulta a primera vista absurda, mucho más cuando lo que había dicho el Juez del Olmo que se hiciera es que todos los enseres se llevaran al IFEMA, donde ayudarían a identificar cadáveres y podrían ser entregados a los familiares.
 
Una vez las bolsas de basura con los enseres fueron descargadas en la comisaría de Puente de Vallecas, fueron guardadas en dos habitaciones cerradas con llave y unos policías recibieron la orden de inventariar los enseres. Esta también es una orden absurda. La noche del día del atentado, aquellos policías ¿no tenían nada mejor que hacer? Y si no tenían nada mejor que hacer ¿no hubiera sido preferible que descansaran después de una jornada agotadora y ante la perspectiva de otra probablemente igual?
 
La agente en prácticas que descubrió la mochila declaró que lo hizo a la una y cuarenta y cinco de la madrugada al fondo de una de las bolsas de basura. Este es un hecho relevante porque, si estaba al fondo, es muy improbable que nadie encargado de incorporarla a los enseres de El Pozo tuviera tiempo de sacar de la bolsa de basura todos los que hubiera, meter la mochila, y volver a colocar lo que antes había sacado. Si alguien la hubiera introducido subrepticiamente en una de las bolsas, la mochila bomba habría aparecido entre las primeras de la bolsa. Cabe, desde luego, que la agente fuera sacando los objetos más pequeños y menos pesados y la mochila, por su tamaño y su peso, se fuera abriendo paso hacia el fondo de manera que, aun estando en principio colocada arriba, terminara siendo una de las últimas en salir. También cabe la posibilidad de que lo que colocaran los terroristas entre los enseres de El Pozo no fuera sólo la mochila, sino toda una bolsa grande de basura llena de enseres falsos. No obstante, esto último parece improbable.
 
Así, la cuestión es: si estaba en El Pozo ¿cómo es que los TEDAX no la descubrieron? Si fue introducida subrepticiamente en la bolsa ¿cómo es que no estaba en la parte de arriba? Parece más fácil que la mochila estuviera efectivamente arriba y la chica no lo recuerde bien o que, como se ha dicho antes, el peso la hiciera ir resbalando hacia abajo, pero la declaración de ayer no deja de ser un espaldarazo a la versión oficial y así hay que reseñarlo.
 
Los policías que descubrieron la bolsa también han declarado que encima del explosivo vieron un papel en el que estaba escrito el número “5”. Resulta llamativo porque es la primera vez que se habla de esto, pero, dado que en las otras dos mochilas encontradas sin explotar nadie de quienes las manipularon manifestó ver ningún número, poco puede aclarar de momento el dato.
 
El Skoda Fabia
 
Por fin se habla del Skoda Fabia. Este vehículo se supone que fue uno de los que los terroristas utilizaron para trasladarse a la estación de Alcalá con las mochilas. En él apareció un pañuelo palestino, o sea una kufiya, una sobaquera a modo de pistolera y unas casettes con inscripciones en árabe. Además, explorado el vehículo por perros especialistas en explosivos, uno de ellos creyó oler algo, aunque luego no se encontró en él explosivo, salvo impregnaciones descubiertas posteriormente por la Policía Científica. También se descubrió en él el ADN de Allekema Lamari, el peligroso terrorista argelino que quedó libre tras un error judicial de la justicia española y que la versión oficial sostiene que se suicidó en Leganés, aunque los conspiracionistas lo dudan.
 
Ayer sólo se habló de la kufiya, la pistolera, las casettes y el perro. Lo más interesante fue lo del perro. Recuérdese que antes de ayer el guía canino del que exploró la Renault Kangoo dijo que el perro hubiera detectado que en la furgoneta se habían transportado 30 o más kilos de explosivo. El que inspeccionó el Skoda Fabia fue capaz de detectarlo a pesar de que habían pasado tres meses del atentado (el Skoda Fabia fue descubierto el 13 de junio en las proximidades de la estación de Alcalá; los conspiracionistas dudan de que estuviera allí el día del atentado y creen que es probable que fuera conducido hasta allí con posterioridad).
 
Ya habrá ocasión de profundizar a lo largo del juicio en esta importante prueba que tantas dudas ha generado. Una última observación: ayer, coincidiendo con la aparición de la kufiya en el juicio, Otegui, en una intervención pública, gritó “¡Gora Palestina!” ¿Mera casualidad?
 
La casa de El Chino
 
Se habló también ayer del registro de la casa de El Chino. Allí se encontró lo que cabía esperar tratándose de un traficante de drogas: hachís, pastillas y dinero en metálico. Poco que reseñar al respecto.
 
Para hoy se espera la declaración de los indios que vendieron los teléfonos móviles a cuya partida pertenecía el encontrado en la mochila de Vallecas, o sea, los que declararon que los compradores les dijeron, cuando les oyeron hablar en un idioma muy raro, que hablaban en búlgaro y alguien sugirió que podía ser euskera. La jornada promete ser interesante.


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