En su celebrado artículo en El País (20 de marzo de 2007), Baltasar Garzón aborda el aniversario del inicio de la guerra de Irak; ahora mucho más que entonces -en vez de conmemorar el de la guerra de Irak- tendríamos que aterrarnos, gritar y manifestarnos, más que en aquel momento, contra la masacre actual, consecuencia de esta guerra. Porque entonces no sabíamos, aunque intuíamos lo que había detrás.
Y a tan noble propósito se dedica el juez Garzón en las siguientes líneas, con una mezcla de pacifismo, ira y errores gramaticales y argumentales. Iracundo, se remite al año 2003 para comenzar las denuncias en cadena: Los ciudadanos no conocíamos, sólo nos imaginábamos que todo era una burda mentira. Ahora, sin embargo, sí sabemos, "incluido" el señor presidente del Gobierno español de la época, que, según ha reconocido recientemente, no existía causa para la guerra, aunque con gran frivolidad añadió la excusa de su falta de listeza para saberlo.
En pleno rapto justiciero, Garzón parece desconocer la diferencia entre mentira y error, lo que intranquilizará sobremanera a quienes tengan tratos judiciales con él en el futuro. En su texto, primero denuncia una mentira; después anuncia un error. Aznar reconoció un error, el mismo que las Naciones Unidas, creer en la existencia de Armas de Destrucción Masiva. ¿Mala fe por parte de Garzón? Quizá, pero más allá de eso, Baltasar Garzón, que a estas alturas de artículo habla de mentira y de error, enreda aún más el asunto hablando de equivocación; contradicción con tres líneas de diferencia que costaría un suspenso a un estudiante de 2º de Bachillerato, pero que no preocupa al magistrado; Como ciudadano, se me representa fundamental que el señor presidente haya, por fin, asumido su equivocación y que no sabía lo suficiente. El ciudadano Garzón, incapaz de distinguir mentira y error se indigna; cuando es además el juez Baltasar Garzón, la cosa llenaría de inquietud a quienes le rodean.
En su artículo, Garzón parece desconocer la lógica de la acción política y humana; acertadamente habla de prudencia, para de nuevo mezclar el error con la mentira a propósito de Aznar; con una fidelidad y sumisión totales al presidente Bush, aceptando la tesis más inverosímil, como a la postre se ha demostrado, y defendiendo lo que de antemano tenía decidido la Administración norteamericana. La afirmación, más propia de Llamazares o Almodóvar que de un juez de la Audiencia Nacional, de la sumisión total a Bush, dice mucho del agitador callejero, pero poco del magistrado. Y de nuevo, nublada la lógica por la indignación, vuelve a contradecirse; la inverosimilitud de una tesis nada dice del convencimiento de su defensor. El autor acusa a Aznar de crédulo y al mismo tiempo de mentiroso, de creerse algo y al mismo tiempo de creerse algo inverosímil, lo que es evidente cuando le ha llamado anteriormente crédulo.
Más adelante, como Llamazares, Garzón habla de responsabilidades penales para Aznar y Blair. Imbuido de pacifismo, continúa; Probablemente, sin esta cooperación o apoyo, o incluso con la acción en contra, la decisión podría haberse cambiado o retrasado. Nunca lo sabremos. La verdad es que sí lo sabemos, y lo sabría el propio Garzón si hubiese leído y oído las declaraciones de Bush en su momento, inequívocas sobre la intervención, y que han sido criticadas por el propio autor del artículo; lo cierto es que es difícil acusar de unilateralidad y lo contrario al mismo tiempo, de hacer lo que viene en gana a unos y denunciar que sin los otros hubiese sido imposible. Esta mezcla desordenada de responsabilidades humanas resulta, al menos, peligrosa.
Y por fin el argumento central del autor; Por ello, la acción de los que acompañaron en la guerra contra Irak al presidente de los Estados Unidos tienen tanta o más responsabilidad que éste, porque a pesar de las dudas y a pesar de tener información sesgada, se pusieron en las manos del agresor para consumar una innoble acción de muerte y destrucción que aún continúa.
Lo que Garzón quiere realmente decir en el párrafo es difícil de entender, debido a los errores gramaticales y sintácticos; el error la acción…tienen tanta o más responsabilidad dificulta la comprensión y costaría un suspenso en el primer año de universidad. Más allá de eso, y del error de considerar que la acción tiene algún tipo de responsabilidad, conviene repasar la lógica empleada por el articulista, que quizá tenga que preocupar a las instituciones de la justicia española.
En primer lugar, resulta evidente que la responsabilidad se deriva de la acción propia e individual de cada uno, y por lo tanto es personal e intransferible. ¿Puede desconocer un juez este principio básico de la acción humana sin que se ponga en duda su capacidad profesional? Que la responsabilidad de Bush corresponde a sus acciones y la de Aznar a las suyas es algo que desde Aristóteles parece fuera de toda duda, y que constituye pilar básico de cualquier concepción de la justicia. Pero Garzón las identifica alegremente, quizá recordando con nostalgia los paseos pancarta en mano con Bardem, Almodóvar o Llamazares.
Siguiendo con un razonamiento errático –que va y viene sin lógica argumental-, Garzón acusa a Aznar de consumar una innoble acción de muerte y destrucción que aún continúa. Dejando de lado la impropia expresión de un magistrado –una acción no puede consumarse antes de haberse empezado-, comete idéntico error de bachiller cuando identifica la declaración de guerra –acción y responsabilidad de Bush- y el apoyo de la guerra –acción y responsabilidad de Aznar- con la destrucción que asola hoy Bagdad. ¿Considera Garzón que Aznar es culpable de las bombas y las degollinas con que unos iraquíes martirizan a otros? La acción humana es personal e intransferible, nada obliga al terrorista que lanza un camión bomba contra el iraquí que hace cola para comprar el pan a cometer el crimen ¿cree Garzón que la culpa es de Aznar? ¿Qué idea tiene el juez de lo que es la acción humana, la libertad y la responsabilidad del ser humano? ¿Aplica esta misma idea a los casos que instruye en la Audiencia Nacional?
Además de una concepción de la acción humana que preocupa en un juez, y perseverando en una lógica extraña, Garzón comete dos contradicciones en la misma frase; si existen dudas, la información sesgada puede ser el motivo, pero no una elección voluntaria del conocimiento; de nuevo pequeña lección lógica que el juez volatiliza entusiasmado. Aún así, continúa; Creo que ha llegado el momento de hacer una reflexión seria y detenida sobre lo sucedido y lo que está ocurriendo en Irak, en una doble dirección. Por una parte, debería profundizarse sobre la eventual responsabilidad penal de quienes son o fueron responsables de esta guerra y si existen indicios bastantes para exigirles dicha responsabilidad (…)Seiscientos cincuenta mil muertos son un argumento suficiente para que esa investigación o indagación se aborde sin más dilación.
Pero de nuevo la certeza del agitador choca con la debida seriedad del magistrado; los seiscientos cincuenta mil muertos –cifra aún discutida- lo son por causas muy distintas, y por actores muy distintos. Garzón no lo desconoce, pero parece darle igual cuando los anota todos en el debe de Aznar y Bush. De nuevo el concepto del magistrado acerca de la responsabilidad pone los pelos de punta; desde el historicismo idealista y dogmático, Garzón busca una causa histórica a los actos humanos, y a ella remite todas las acciones. Desde este punto de vista, a Garzón le dará igual que de lo que se trate es de que un encapuchado degüelle a un gendarme en una aldea iraquí. El muerto, todos los muertos, ya tienen un responsable. Lógica conocida en progresistas, izquierdistas y nacionalistas, pero desconocida en un juez de la Audiencia Nacional.
Regodeándose en contradicciones, si en el párrafo anterior Garzón habla de condenas, ahora se desdice; Por otra parte, y sin incidir en las culpas pero sin olvidar quienes fueron los responsables del inicio de esta ceremonia de horror y terror, debemos centrar nuestro análisis en un hecho incontestable, reconocido hoy día a todos los niveles: la acción bélica norteamericana, y la de los que la siguieron, ha determinado o cuando menos ha contribuido a la creación, desarrollo y consolidación del mayor de los campos de entrenamiento de terroristas en el mundo, con espacio, tiempo y medios más que suficientes para preparar a los más avezados terroristas.
¿A qué niveles se refiere Garzón? La afirmación principal –la acción americana ha desarrollado el terrorismo- no es ni evidente ni universal. Más adelante trata de aclararlo: Ahora, los terroristas de Al Qaeda tienen un escenario idóneo para prepararse hasta que llegue el momento en el que estratégicamente les interese ampliar el radio de operaciones hacia su enemigo ancestral en Occidente. De una u otra forma, con una inconsciencia terrible, hemos estado y estamos contribuyendo a que el monstruo crezca cada vez más y se haga a cada instante más fuerte y, probablemente, invencible.
La afirmación es discutible, incluso manifiestamente falsa; los servicios de inteligencia dicen que AlQaeda se encuentra hoy más debilitada que cuando comenzó la guerra en Irak. En relación al campo de entrenamiento iraquí, Garzón desconoce conceptos estratégicos básicos; el Afganistán talibán era un campo de entrenamiento en sentido estricto, lo que no puede decirse de Irak, entre otras cosas por la distinción, que Garzón desconoce, entre entrenamiento y combate. Las tres dimensiones estratégicas que menciona, espacio, tiempo y medios, no sólo no son evidentes en Irak, sino que son perfectamente discutibles; el espacio del yihadismo es allí discontinuo y sujeto a continuas rupturas propias del combate lo mismo que el tiempo, que no proporciona la estabilidad necesaria para el entrenamiento. En cuanto a los medios, parece evidente que, de ser cierto lo que dice Garzón, éstos dependen del exterior, y por tanto de fuera de Irak.
¿Quiere decir Garzón que en Irak los terroristas alcanzan experiencia militar? De nuevo las dudas sobre sus intenciones, porque no lo explica o lo hace mal. Si así fuera, debiera admitir que si los terroristas se entrenan en Irak, también lo hacen los antiterroristas; y si éste país es el foco de atracción de yihadistas, éstos se mantienen alejados de las ciudades y países occidentales, embarcados en una guerra de guerrillas alejada de cualquier plan terrorista en Occidente. Más allá de inexactitudes, desconocemos a qué hace referencia el oscuro artículo de Garzón publicado en el diario de mayor tirada de España. Lo que parece cierto hoy, es que el terrorismo internacional no se halla más fuerte, como afirma el autor. Si las tesis acerca de la responsabilidad son contradictorias y peligrosas, el análisis estratégico es equívoco y confuso.
Pero Garzón, obsesionado con Aznar, comete la contradicción definitiva, aquella que hubiese bastado para que el editor avezado hubiese devuelto al agitador político las líneas escritas; si en la primera parte del artículo Garzón denuncia la guerra contra el terrorismo, afirma que va contra la legalidad internacional y pide responsabilidades penales, en la segunda parte advierte; para AlQaeda, las batallas o contiendas occidentales carecen de fundamento: Mientras tanto, ante nosotros nuestros líderes andan enzarzados en otras batallas o contiendas que, presumen, les pueden dar mejores réditos electorales.
Garzón denuncia las contiendas internas occidentales, así como el electoralismo que, debería reconocer, no constituye pecado de Aznar. En eso sí parece tener razón Garzón; mientras Occidente se distrae en querellas internas, AlQaeda ha declarado una guerra total contra él, en la que no habrá sitio para la justicia ni para la clemencia, para el derecho internacional ni para las responsabilidades penales. Bastará saber el futuro del pacifismo al que Garzón se adscribe en manos de los Ben Laden de turno ¿Dónde quedan, en la guerra total declarada por el yihadismo, las disquisiciones teóricas de Garzón? ¿En qué nivel de discusión acerca de la legalidad internacional se encuentra el yihadista que, según Garzón, lucha en Irak preparándose para hacerse volar en Madrid, Los Angeles o París? Garzón denuncia sin pretenderlo la división y las distracciones menores de Occidente. Distracciones de las que, a los ojos del yihadista ávido de sangre, su artículo es un ejemplo inmejorable.
En su artículo, Garzón comete inexactitudes estratégicas, discutibles y quizás disculpables. Comete además contradicciones argumentales, explicables probablemente por la intoxicación ideológica. Pero por encima de ello, Garzón muestra un concepto acerca de la acción, la libertad la responsabilidad humanas al menos preocupante, si no en un ciudadano, sí en un magistrado de la Audiencia Nacional. En su texto, la responsabilidad del ser humano se diluye, se retrotrae en la historia, se historiza y se politiza hasta dejar de ser responsabilidad para convertirse en ideología. Eso es lo realmente preocupante de los aniversarios de un magistrado de la Audiencia Nacional..