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11-M: va clareando
Colaboraciones nº 1574   |  20 de Marzo de 2007
 
Nueva entrega acerca de los explosivos
 
Lo primero que ayer nos deparó la jornada fue una noticia publicada en El Mundo. Según ésta, los peritos encargados de analizar los explosivos del 11-M, y que todavía no han hecho público su dictamen definitivo, no han encontrado en los cartuchos de Goma 2 ECO a ellos remitidos por la fábrica, realizados en 2004, 2005 y 2006, ningún rastro de DNT. Recuérdese que la presencia de DNT en los restos de los focos de los trenes ha levantado mucha polémica porque el DNT no es uno de los componentes de la Goma 2 ECO, el explosivo encontrado en la mochila de Vallecas, la Renault Kangoo y en Leganés. Pues bien, la Goma 2 ECO hallada en todos los lugares relacionados con el atentado presenta pequeñas cantidades de DNT, salvo tres muestras de la utilizada para montar el artefacto colocado en la vía del AVE a la altura de Mocejón y que fueron conservadas por la Guardia Civil y por la Audiencia Nacional.
 
En su día se alegó que la Goma 2 ECO empleada por los terroristas estaba contaminada con DNT y que por eso aparecía esta sustancia en los focos de las explosiones. Los oficialistas han defendido que tal contaminación pudo muy bien producirse en la fábrica. La noticia de ayer tiende a demostrar que tal contaminación no pudo producirse allí.
 
Ahora bien, la noticia no es tan relevante como nos pretenden hacer ver desde El Mundo, porque: 1) aunque descarta la posibilidad de una contaminación sistemática, no destruye la posibilidad de una contaminación en fábrica que afectara exclusivamente o en parte al explosivo empleado en el atentado; 2) no descarta tampoco que tal contaminación ocurriera en otro lugar, por ejemplo en los polvorines de almacenamiento de Mina Conchita, donde se guardaba también Goma 2 EC, que sí se fabrica con DNT, y cuya presencia podía explicar la contaminación.
 
Lo más relevante de esta historia es algo que ya se sabía, que las muestras de Mocejón guardadas por la Guardia Civil y por la Audiencia Nacional no tienen DNT y la muestra del mismo artefacto guardada por la Unidad Central de los TEDAX, sí. Esto sugiere que la contaminación pudo producirse en el almacén de los TEDAX, pero esta posibilidad no se hace más probable por el descubrimiento revelado ayer por El Mundo.
 
Nuevas revelaciones de los Tedax
 
Ayer declararon varios policías TEDAX y supimos algunas cosas relevantes en relación a la mochila encontrada en El Pozo y que, al intentar desactivarla estalló y con respecto a la mochila de Vallecas.
 
Antes de ver qué fueron estas cosas importantes, recordemos: se supone que en los trenes se colocaron trece bombas, cuatro en cada uno de los trenes de Atocha, Téllez y El Pozo y una en el de Santa Eugenia (algún día habrá que analizar la falta de sentido de la proporción de los terroristas a la hora de distribuir las bombas entre los cuatro trenes). De las trece, no estallaron, una, en el de Atocha y dos en el de El Pozo. Se intentó desactivar la de Atocha y una de las de El Pozo, pero estallaron. Posteriormente, apareció en la Comisaría del Puente de Vallecas, entre los enseres rescatados de la estación de El Pozo, una tercera mochila con una bomba que no había estallado. Hoy, sin embargo, sabemos que, con toda probabilidad, la mochila de Vallecas nunca estuvo en los trenes (ayer otro TEDAX confirmó que se revisaron varias veces todos los enseres de la estación de El Pozo antes de autorizar su traslado sin que apareciera ningún artefacto explosivo).
 
La mochila de El Pozo
 
Sobre esta mochila, los conspiracionistas habían levantado alguna sospecha porque: los TEDAX no la encontraron en los trenes, sino en el andén; su estado era casi inmaculado, lo que sugería que fue llevada hasta allí con posterioridad a las explosiones; y un policía municipal había declarado que, al abrirla, había visto una tartera de la que salían unos cables, algo diferente a lo que luego los TEDAX declararon ver en su interior. Ayer quedó demostrado que un policía municipal la encontró en el tercer vagón, uno de los que no sufrió explosión alguna, que cuando la abrió vio los cables y la volvió a cerrar, y que lo que él creyó una tartera era un recipiente de plástico redondeado que muy buen pudo ser la bolsa de basura que describieron los TEDAX que intentaron desactivarla.
 
Uno de los TEDAX añadió que no pudo recuperarse ningún resto del explosivo al estallar la bomba al intentar desactivarla porque explosionó todo él (lo que no debería haber impedido poder recoger restos con impregnaciones, pero es obvio que a nadie se le ocurrió hacerlo) y que se encontraron tornillos estampados contra la parte lateral del vagón número tres cerca de donde estalló la bomba cuando se trató de desactivar, lo que significa que la misma llevaba metralla de tortillería, igual que la que se encontró en la mochila de Vallecas. Todo, como puede verse, es conforme con la versión oficial.
 
La mochila de Vallecas
 
De la mochila de Vallecas supimos ayer algunas cosas más. Supimos que el teléfono móvil que tendría que haber activado la mochila estaba apagado (nada se les ha preguntado a los TEDAX de los teléfonos que vieron en las mochilas explosionadas en Atocha y en El Pozo, ni tampoco acerca de la posibilidad de poder activar tal artefacto estando el teléfono apagado, aunque todo parece indicar que no es posible hacerlo; sin embargo, el que el móvil estuviera apagado puede explicarse pensando en que los terroristas, por razones de seguridad, muy bien pudieron haber decidido no encender los móviles hasta el último momento y, en cuanto a esta mochila, se les olvidara hacerlo). También supimos que en la radiografía que le hicieron a la mochila podía verse que los cables estaban desconectados.
 
Otro TEDAX, el encargado de desactivarla, declaró que la radiografía no le dijo nada, pero que sí pudo ver, cuando desactivó la bomba, que los empalmes de los cables no estaban encintados, lo que hacía que fuera imposible que estallara porque la electricidad no podía pasar por un empalme no encintado. Este mismo policía declaró que le sorprendió sobremanera que el mecanismo de activación fuera tan ingenioso, obra sin duda de una persona “que sabe lo que se hace” y que el empalme de los cables se hiciera de manera tan torpe.
 
Todo esto confirma que, muy probablemente, las dos bombas encontradas sin estallar en Atocha y en El Pozo tenían por finalidad proporcionar a la policía la pista que había de conducir hasta Jamal Zougam a través de la tarjeta telefónica alojada en los teléfonos móviles. (No debe olvidarse que Jamal Zougam, un marroquí con relaciones con el fundamentalismo islámico, es el único de los procesados que fue detenido antes de las elecciones del 14 de marzo; por lo tanto, fue su detención la que convenció a la opinión pública española de que el atentado había sido obra de terroristas islámicos). Así pues, todo indica que, tras no acertar los TEDAX a desactivar las dos mochilas preparadas para ser descubiertas y conducir hasta Zougam, los terroristas se las apañaron para colocar una tercera mochila, la de Vallecas, entre los enseres traídos de El Pozo, para ser descubierta, desactivada y que la tarjeta telefónica colocada en el interior del teléfono móvil condujera, esta vez sí, hasta el locutorio de Jamal Zougam. Es asimismo muy probable que ésta se construyera de manera conscientemente más torpe (con los cables cortados o sin desconectar y con el teléfono apagado) para dar más facilidades a su futura e “indispensable” desactivación.
 
La Renault Kangoo
 
Esta furgoneta, hallada la mañana de los atentados, es esencial en la investigación porque en ella se encontraron unos pequeños restos de explosivo Goma 2 ECO, unos detonadores y ropas con los ADNs de Abdennabih Koujaa y de Asrih Rifaat, dos de los suicidas de Leganés, y de Ouhnane Daoud, que se haya huído y que una testigo afirma que lo vio en los trenes después de creer que quien había visto era a Basel Ghayoun.
 
A los conspiracionistas esta furgoneta les produce muchísimas dudas porque, en la inspección que hicieron los policías en el lugar donde estaba aparcada, nada les llamó la atención y, sobre todo, dos perros especialistas en detección de explosivos no encontraron ninguno tras pasearse por la parte trasera de la furgoneta (el explosivo se hallaba en una bolsa debajo de uno de los asientos). Las sospechas han llevado a los conspiracionistas a insinuar que las pruebas encontradas con posterioridad fueron colocadas dentro de la furgoneta en las dependencias policiales controladas por Sánchez Manzano, adonde fue conducida. Sin embargo, todas las declaraciones de ayer hacen verosímil la versión oficial: el guía canino afirmó que era posible que el perro no detectara una pequeña cantidad de explosivo; los policías que inspeccionaron el vehículo buscaron sólo cosas sospechosas y no recuerdan qué es lo que había exactamente en la furgoneta y afirmaron que no buscaron debajo de los asientos.
 
Pero, el guía canino, a preguntas de uno de los abogados, afirmó algo extraordinariamente importante y contrario a la versión oficial: que el perro hubiera detectado con toda probabilidad el olor en el caso de que en aquella furgoneta se hubieran transportado unos treinta kilos de explosivo (las tres mochilas de las tres personas cuyos ADNs han sido encontrados en las ropas y que debieran corresponderse con los tres encapuchados que vio el portero de una finca cercana aquella misma mañana). Gracias a una repregunta que autorizó el Presidente del tribunal, pudimos estar seguros de que, según el guía, era prácticamente imposible que el perro no hubiera detectado que esa furgoneta había trasportado esa enorme cantidad de explosivo.
 
El portero de la finca que vio alrededor de la furgoneta a tres personas con pasamontañas oscuros declaró también ayer, pero aportó poco a lo ya dicho. Da la impresión de que estos tres personajes se pasearon por la zona con el ánimo de llamar la atención sobre la furgoneta y sobre su misma presencia. Esto podrá analizarse más adelante, cuando comparezca en el juicio la cajera de la estación, que estuvo hablando con uno de ellos y que afirmó que el individuo hablaba español sin acento.
 
De todo ello se deduce la probabilidad de que la Renault Kangoo sea también una prueba falsa colocada para conducir a la policía en la dirección deseada. Bastó colocar en la furgoneta una pequeña cantidad del mismo explosivo de las mochilas señuelo de los trenes de Atocha y de El Pozo junto con las ropas con los ADNs de algunos miembros de la célula islamista de Leganés para dirigir a la policía contra ella. Sin embargo, para el caso de que la investigación no llegara a tiempo de las elecciones, es posible que los terroristas colocaran además en la furgoneta una muy corriente cinta casette con versos coránicos, a fin de que la tesis islamista se fuera abriendo paso desde el primer momento. Para la correcta valoración de esta prueba no debe olvidarse que en la furgoneta no se encontró ninguna huella dactilar y que, por lo tanto, no cabe atribuir el hallazgo de la cinta a un descuido.
 
Conclusión
 
Las revelaciones de ayer despejaron algunas de las dudas que los conspiracionistas habían arrojado sobre las fuerzas de seguridad del estado cuando insinuaron la posibilidad de que una parte ellas hubiera colaborado en la colocación de pruebas falsas. Sin embargo, se confirmaron otras de las que resulta verosímil la falsedad de alguna de las pruebas más importantes: la mochila de Vallecas, falsa casi con toda seguridad, y la Renault Kangoo, también probablemente falsa. Lo que ocurre es que se trata de pruebas colocadas por los mismos terroristas sin necesidad, por lo visto hasta ahora, de ninguna colaboración por parte de la policía. Esto no significa excluir la posibilidad de que haya colaborado algún policía aislado, infiltrado o al servicio de los terroristas por cualquier razón, ni que algún otro no haya entorpecido la investigación para tratar de ocultar alguna negligencia en la que haya podido incurrir.
 
Así pues, los oficialistas se apuntan un tanto al desbaratarse alguna de las sospechas que los conspiracionistas habían situado sobre las fuerzas de seguridad, pero éstos se apuntan otro al incrementarse la probabilidad, hasta constituirse casi en una certeza, de que dos de las más importantes pruebas en las que se sustenta el sumario, la mochila de Vallecas y la Renault Kangoo, son falsas.
 
Una última advertencia muy importante: el que los terroristas colocaran pruebas falsas para dirigir a la policía hacia una pista islámica igualmente falsa no quiere decir que los verdaderos terroristas no fueran musulmanes.

 


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