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El manual Chávez
En letra impresa nº 713   |  1 de Febrero de 2007
 

(Publicado en La Razón, 1 de febrero de 2007)

Su modelo, o meta, puede ser Fidel, cuyo terminal otoño ha ido a observar de cerca a La Habana, quizás para arrancarle el testigo sin mayor espera, pero el manual que ha seguido para hacerse con el poder es hitleriano y su esencia se halla en la célebre táctica del salami. Cortar el salchichón poco a poco de manera que cada fina loncha no sea suficiente como para desencadenar un movimiento de condena y resistencia.
 
Primero probó la vía express del golpe militar clásico en el 92 contra Carlos Andrés Pérez y ante su estrepitoso fracaso dio media vuelta, se disfrazó de demócrata y con promesas que apestaban a demagogia desde el principio consiguió engatusar a un pueblo harto del mal gobierno de una oligarquía corrupta, ganando las elecciones del 98. Ni sus antecedentes ni su retórica populista deberían haber engañado a electores maduros en democracia, pero no era ese el caso de una mayoría, por lo demás nada abrumadora, de venezolanos, que con todo se mostraron lo suficientemente avisados como para entrar en un rápido proceso de desilusión y alarma respecto al astuto y desaprensivo personaje que habían encumbrado al poder. Pero la trituradora estaba ya en marcha y Chávez supo hacer el proceso irreversible. La corrupción oligárquica fue sustituida por la minuciosa compra de voluntades, no dejando sin ocupar un solo resquicio de poder. El petróleo, naturalmente, era la fuente inagotable de financiación.
 
Cultivó las santas virtudes de la paciencia y la prudencia, fabricando elecciones que ganaba por márgenes “creíbles”, si detrás no estuviera el aparato de totalitarismo en progresivo e imparable estado de formación. Las presidenciales del pasado diciembre, en que vence por un “modesto” margen del 20%, estaban destinadas a ser el punto final. Las circunstancias en las que el candidato de la oposición acepta su derrota hicieron pensar a muchos en amenazas de muerte. Toda espera tiene límites y estaba cantado que Chávez veía llegada ya la hora de recoger los frutos dictatoriales tan pacientemente cultivados.


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