Ayer fue el día de los testigos de cargo. Pero no fueron ellos el único protagonista. Si hubo un jurista que brilló en la sala, ése fue el Presidente, Javier Gómez Bermúdez. Ayudó a la Fiscal a aclararse con los números de folio que querían que se exhibieran, auxilió a los abogados defensores traduciendo sus preguntas a frases inteligibles para que los testigos terminaran de decir lo que sabían, y que eran cosas que beneficiaban a sus defendidos, protegió a los testigos de los acosos inútiles y, en definitiva y más importante, evitó que la sesión zozobrara a causa de la impericia de otros. La extraordinaria competencia de este Juez es un activo muy importante del juicio porque garantiza que del mismo saldrá toda la verdad que las normas procesales permitan, que no es poco.
Vamos a los testimonios
Jamal Zougam
En su
momento se explicó por qué es tan importante Zougam: es el único procesado de las cinco personas que se detuvieron antes de celebrarse las elecciones; a pesar de que no se le ha acreditado ninguna relación con la célula de Leganés, se le considera relacionado con ella porque en su locutorio se vendió la tarjeta del teléfono móvil hallado en la mochila de Vallecas, la única de las 13 bombas que fue recuperada sin explotar; y algunos testigos afirman haberlo visto en los trenes.
Dicho de otro modo: la versión oficial recibiría un fuerte espaldarazo si se acreditara que Zougam estuvo en los trenes que sufrieron las explosiones aquella mañana.
Ayer, lo reconocieron cuatro testigos. Dos mujeres, amigas entre ellas, afirmaron la misma cosa: haberlo visto en el tren que estalló en Santa Eugenia (recuérdese que fueron cuatro los trenes atacados y suelen denominarse por el lugar donde estallaron: Atocha, Téllez, El Pozo y Santa Eugenia). Ambas coinciden al decir que les llamó la atención porque golpeó a una de ellas en el hombro y arrolló a un hombre, que estaba leyendo. Ambas dicen que portaba una mochila, aunque hubo alguna confusión sobre el color.
Otra testigo, que había reconocido a Bouchar, ayer se desdijo de su declaración (recuérdese que Bouchar es uno de los integrantes de la célula de Leganés, el que huyó al ver a la policía acordonar la zona; sus huellas dactilares aparecieron en la bolsa de basura que bajó y su ADN se encontró en un hueso de dátil procedente de la misma bolsa). Dijo que el hombre que le había preguntado cómo llegar a Atocha y al que vio subirse al tren de la calle Téllez no era Bouchar, sino Jamal Zougam.
Otro testigo afirmó haber visto a Zougam en el tren que estalló en el Pozo. Este testigo es el que en sus primeras declaraciones afirmó haberlo visto en el piso de abajo, cuando las bombas estallaron arriba, pero ayer declaró que lo vio arriba, aunque reconoció que iba durmiendo. La impresión es que su testimonio no servirá de mucho.
Un cuarto testigo vio a tres personas sospechosas manipulando una mochila en las proximidades de la estación de Alcalá de Henares a las siete menos cuarto de la mañana (un cuarto de hora antes de que partiera de la estación el primero de los trenes que serían atacados). El testigo ha reconocido, además de a Zougam, a Mohammed Haddad, que llegó a estar imputado, pero que no se sienta en el banquillo, a Hamid Ahmidan, que es primo de Jamal Ahmidan, El Chino, y Driss Chebli, que estuvo acusado de pertenecer a Al Qaeda, pero fue finalmente absuelto pro el Tribunal Supremo. Nuevamente el Presidente ha ejercido labores de letrado y de Ministerio Fiscal y le ha recordado al testigo que las personas reconocidas eran cuatro, cuando él había dicho haber visto a tres. El testigo se ha disculpado diciendo que señalaba a los que más se parecían con los que él vio. No hace falta ser un penalista insigne para darse cuenta de que este testimonio tampoco servirá de mucho.
De modo que cuatro testigos afirman haber visto a Jamal Zougam en tres de los cuatro trenes que estallaron. El hecho de que los testigos afirmen haberlo visto en trenes distintos podría haber sido un buen argumento de la defensa: si cada bomba fue colocada por un terrorista diferente, alguno de los testigos se confunde; y, si alguno de los testigos se confunde, ¿no puede ser que se confundan todos?
Esta línea de defensa recibió inmediatamente un jarro de agua fría cuando testificó Manuel Rodríguez Simons, jefe de seguridad de RENFE, que afirmó que, puesto que los cuatro trenes estaban haciendo el mismo recorrido sucesivamente, fue perfectamente posible que un mismo terrorista colocara varias bombas en diversos trenes, apeándose en una estación y subiéndose en el convoy siguiente. La verdad, francamente, para considerar esta posibilidad no es necesario que testifique todo un jefe de seguridad pues la necesidad de reconstruir los hechos en base a la ecuación “una bomba igual a un terrorista” no se destruye considerando la posibilidad de que un terrorista se apee del tren y suba en el siguiente, sino encontrando algún testigo que afirme haber visto a algunos de los acusados, en este caso Jamal Zougam, llevando más de una mochila.
Basel Ghalyoun y Abdelmajid Bouchar
Estos dos procesados son considerados autores materiales del atentado porque fueron vistos por testigos en los trenes y su ADN apareció en el piso de Leganés. Sin embargo, los testigos ayer se desdijeron, y la que dijo haber visto a Ghalyoun afirmó que el que vio fue Daoud Ouhnane, acusado de ser uno de los autores materiales, pero que se encuentra en paradero desconocido, huido de la justicia. De modo que, el único elemento acusador que subsiste contra Ghalyoun es el haberse hallado su ADN en un gorro de rezos encontrado en el piso de Leganés.
De Bouchar ya se ha dicho que la testigo que la reconoció en los trenes dijo ayer que la persona que vio fue Jamal Zougam. Por lo tanto, lo único que queda contra Bouchar es su huella dactilar en la bolsa de basura y su ADN en el hueso de dátil. Su situación es peor que la de Ghalyoun, pues, mientras un gorro de rezo podía haberlo llevado hasta Leganés cualquiera de sus amigos (de hecho, en el gorro se encontraron varios ADNs, no sólo el de Ghalyoun), en el caso de Bouchar tal pertenencia es innegable.
Conclusión
Probablemente, hoy los medios oficialistas concluyan que el juicio va poco a poco apuntalando la versión oficial en la medida en que la intervención de Jamal Zougam queda suficientemente atestiguada. Sin embargo, esta valoración es, cuando menos, apresurada. Veamos por qué.
El relato oficial de los hechos tiene tres patas: Zougam, la trama asturiana y la célula de Leganés. La pata central es la célula de Leganés. Para probar que esta célula colocó las bombas es necesario probar la presencia de sus miembros en los trenes, su relación con la trama asturiana y su relación con Zougam. Todo parecía suficientemente probado, salvo la relación con Zougam, que pendía de que se acreditara su presencia en los trenes.
Con las declaraciones de ayer no cabe duda de que se refuerza la narración oficial en lo que se refiere a la presencia de Zougam en los trenes, que era hasta ahora el elemento más débil, siempre que pueda explicarse cómo colocó Zougam tres bombas habiendo sido visto con una sola mochila. El problema es que, a cambio, se debilitó extraordinariamente un elemento de la pata central, la presencia de los miembros de la célula de Leganés en los trenes. Es verdad que una de las testigos ha reconocido a uno de los huidos, pero no debe olvidarse que no hay ninguna prueba de que Daoud Ouhnane pasara por el piso de Leganés y lo único sólido que hay contra él es que una huella suya apareció en la bolsa que contenía los detonadores encontrados en la Renault Kangoo, la furgoneta descubierta la mañana del 11 en las proximidades de la estación de Alcalá.
No puede decirse que la de ayer fuera una jornada de éxitos para los conspiracionistas, pero tampoco debieran echar las campanas al vuelo los oficialistas. Para decirlo con pocas palabras: a Zougam lo vio demasiada gente y a Ghalyoun y a Bouchar, demasiado poca.