Cuando alguien le decía que exageraba y que enturbiaba la vida política - no es imposible que alguien le dijera que dejara de crispar la vida pública - contestaba con un refrán, que repetía con frecuencia: "Si no puedes aguantar el calor, ¡fuera de la cocina!"
"Si no puedes aguantar el calor, ¡fuera de la cocina!"
Antes de preguntarse si son o no dos personalidades similares, conozcamos un poco a Truman. Es recordado por ser el 33º presidente de los Estados Unidos, pero dado que llegó a serlo a una edad ya considerable y casi por sorpresa, le dio tiempo a hacer muchas cosas antes. Y casi tantas durante y después. Cuestión de carácter, de educación,... y ganas de trabajar.
Harry Truman, es ante todo el hijo de Martha Ellen, o “Mattie”, a quien estuvo muy unido toda su vida y de la que tomó la mayor parte de sus costumbres y creencias vitales. En aquella época y en una pequeña ciudad de la sureña Missouri eso era muy sencillo. “Harry, intenta distinguir lo bueno de lo malo, y luego, trata de hacer lo bueno. ¡Eso es todo!".
El Presidente Truman fue un buen estudiante, a pesar de ser "ciego como un topo". Más bien de tener defectos de vista desde muy temprano. Su madre, con grandes esfuerzos económicos, le acabó comprando unas gafas. Le hacían parecer poca cosa y sus compañeritos se burlaban de él. Le dio por leer, sobre todo historia. Pero salió muy bien adelante sin ningún trauma. Más tarde, cuando algún impertinente le preguntaba si consideraba que su padre era un fracasado, contestaba: “No lo creo, después de todo, un hijo suyo llegó a Presidente”. Su niñez, confiesa, fue feliz.
Pronto tuvo que ponerse a trabajar en la granja familiar, lo que tenía ciertos inconvenientes; estar a merced de las cosechas y de todas las inclemencias. Solía levantarle su padre a las cinco de la mañana para comenzar jornadas que no terminaban nunca. Tuvieron arduos problemas de dinero y alguna que otra quiebra. Nada era fácil, pero la educación de allí, en aquella época, era que las cosas costaban, así que no había que darle importancia.
Fue a la primera guerra mundial, comportándose muy decorosamente en el campo de batalla al mando de una unidad. Alcanzó el grado de capitán, y mantuvo siempre la amistad con sus compañeros de armas. Al volver, ante la dificultad de reiniciar la vida civil, montó una camisería. Lo hizo con su amigo judío Eddie Jacobson, quien desempeñaría un papel relevante para el reconocimiento del Estado de Israel. Todo esto teniendo en cuenta que negros, católicos y judíos no eran muy bien vistos por el Sur en aquél entonces.
Más problemas económicos, y la tentación de la política. Pronto da con el famoso senador Pendergast, fundador de una familia política con muchos tentáculos en muchos negocios. Gracias a su esfuerzo, su constancia y los empujones del menos que santo Pendergast, acabó por llegar al Senado de los Estados Unidos. Y entró en una comisión sobre el programa nacional de defensa. Se tomó el asunto con inusual seriedad y acabó recolectando reconocimiento y notoriedad.
Este cúmulo de circunstancias vitales, de este cristiano sureño, Demócrata, masón, tan serio, meticuloso, y sobre todo, tan normal, tan típico de una época y lugar, acabarían por decantar una impresión en Truman: "Nunca sabes lo que te está preparado". En efecto, por una serie de casualidades, añadidas a rasgos de su carácter y no ajenas a su valía profesional y su fama de trabajador, le llevaron a compartir con Franklin D. Roosevelt la candidatura a la Casa Blanca. Podía ser vicepresidente. Lo fue. Y al poco, murió Roosevelt, la guerra sin terminar y el mandato apenas iniciado. No sabía que era eso lo que le estaba reservado.
El resto es más conocido. Es el presidente que tuvo que lanzar la bomba atómica. De Gaulle, poco sospechoso de proamericano, dijo: "Hacía falta valor, lo tuvo". Fue el presidente del final de la Guerra Mundial. Del inicio de las instituciones internacionales "por la paz", empezando por la ONU y terminando por la OTAN. El presidente que avaló el plan Marshall, antecedente claro de las comunidades europeas. El presidente de la doctrina Truman: "Creo que la política de los Estados Unidos debe ser dar apoyo a los pueblos libres que están resistiendo intentos de sometimiento por parte de minorías armadas o por presiones exteriores”.
Fue también él quien decidió hacer frente al comunismo en Corea, sin dejar de echar a Mc Arthur por contestar su poder. No recuperó toda la península, pero la mitad de los coreanos son libres gracias a su coraje. Cuando cedió el poder, su grado de aceptación era menor que el de Bush hoy. La guerra, qué cosa tan fea. De la doctrina Truman surgió la OTAN, y antes había reconocido el Estado de Israel. Más allá de las advertencias de su Departamento de Estado, tenía la experiencia personal de haber sido socio de un judío. Y de haber leído la Biblia, varias veces.
¿Qué más? Tocaba el piano. Y su hija también. Y cantaba. Marido fiel de su esposa Bess, a pesar de que estuvo mucho tiempo alejado de ella, porque no le gustaba la Casa Blanca. No era tan buen sitio para vivir entonces.
Cuando se presentó a la elección por primera vez había "heredado" el cargo de Roosevelt, y nadie daba un duro por él. Un Congreso dominado por los Republicanos, azuzado por el miedo al comunismo, que había infiltrado la propia administración (recuérdese a McCarthy) le mantenía a raya. No podría con el candidato profesional Republicano. Y entonces, se puso a hacer campaña. Recorrió el país. Entonces se hacía en tren. La “whistlestop campaign”, la campaña de las paradas a toque de silbato. Atacó a sus oponentes. No se dio nunca por vencido. "Give them hell, Harry!”, le decía la gente. Bautizó al Congreso Republicano como el "do nothing Congress”: No quería mejorar la condición social de los americanos, mientras Truman era muy favorable al New Deal.
Cuando alguien le decía que exageraba y que enturbiaba la vida política - no es imposible que alguien le dijera que dejara de crispar la vida pública - contestaba con un refrán, que repetía con frecuencia: "Si no puedes aguantar el calor, ¡fuera de la cocina!".
Logró sus frutos. Nadie sabe muy bien cómo, Harry venció a Dewey. Es famosa su foto sujetando la portada del Chicago Tribune en donde todavía se titulaba "Dewey defeats Truman". Ganó, por la mínima. Gracias a su tenacidad y a que no le asustaba el calor. Un político.
Truman, quien acudió a Potsdam y se dejó engañar al principio por Stalin, acabó por ser el primer guerrero de la Guerra Fría gracias a sus grandes dosis de sentido común y al famoso telegrama largo de Kennan
http://www.historiasiglo20.org/GLOS/telegramakennan.htm. Es cierto que coincidió con una gran generación de patricios americanos. Desde el general Marshall, hasta el distinguidísimo Dean Acheson, pero sin haber ido a Harvard supo orientarlos y dirigirlos. Después de todo, sacar adelante la granja, haber estado vendiendo camisas, y haber conocido el campo de batalla tenía que servir para algo.
Pero todo eso no habría sido posible si este pequeño gran hombre, siempre tan elegante, con tres puntas del pañuelo asomando siempre por el bolsillo de la chaqueta, no hubiera sido un fiel seguidor de Marc Twain. Escritor que sirve de quintaesencia del sentido común americano y del afán de libertad y espontaneidad del pueblo. Ante una audiencia británica, recibiendo un premio, él mismo pudo recordar sus lecturas, y decir, como Twain:
"Siempre haz lo correcto. Les gustará a algunos. Y a los demás los dejará atónitos."
Todavía tuvo que escuchar a Churchill, en su nativo Missouri, el famoso discurso de la cortina de acero. Y entonces, al oír exclamar a Churchill, que hablaba tanto que le cansaba, de la separación de Europa, desde el Báltico al Mediterráneo, no debió temer tanto por Occidente porque imaginaría que ya vendrían otros que, al descubrir la auténtica naturaleza del comunismo soviético, tendrían el valor suficiente como para contraatacar, y quizá decirles a otros, a nosotros:
"Si no soportas el calor, ¡fuera de la cocina!".