Hay silencios que resultan clamorosos. El silencio del PSOE palentino, y de forma especial, el de su Secretario General, Heliodoro Gallego, ante las últimas concesiones del Gobierno de Zapatero a los terroristas, cuya última gota ha sido la liberación de un sanguinario asesino como De Juana Chaos, es uno de esos silencios que por cobardía se hacen cómplices. Todavía hoy, los palentinos no sabemos si a Heliodoro Gallego y a los socialistas palentinos la liberación de este asesino les parece bien, mal o regular. Creo sinceramente que la sociedad palentina tiene derecho a saberlo.
Las concesiones que el Gobierno de Zapatero está haciendo a ETA en el marco de su proceso de negociación no sólo han generado una gran ola de indignación en la sociedad española, sino que dentro del propio socialismo puede apreciarse una creciente división. Así, hay algunos socialistas insignes, como Nicolas Redondo Terreros, Rosa Díez, Gorontxe Mora Enrique Múgica o Maite Pagaza, por mencionar sólo a algunos de los más conocidos, que discrepan de forma pública y radical con este proceso de claudicación ante los terroristas emprendido por Rodríguez Zapatero. Hay que reconocer el valor y la coherencia de todos estos socialistas que se atreven a discrepar públicamente de su actual líder, con el alto coste que suele acarrear en política este tipo de actitudes, pero que a la larga van a permitir al PSOE pasar esta triste página de su historia con un mínimo de dignidad en sus filas.
Hay un segundo grupo de exdirigentes socialistas que son especialistas en nadar y guardar la ropa e incluso en una coyuntura tan compleja como la actual mantienen una posición ambigua. En esta ambigüedad hay que situar a buena parte de la vieja guardia socialista, encabezada por el propio Felipe González y a cuya lista habría que añadir personajes ya amortizados políticamente como Rodríguez Ibarra, José Bono, Joaquín Leguina o Francisco Vázquez. Todos ellos muestran en privado una gran disconformidad con la actuación del presidente del Gobierno en este asunto, e incluso algunos como Bono dan muestras públicas de ese distanciamiento, pero su disciplina de partido y sus propios intereses personales les impiden sumarse al grupo de los que abiertamente se oponen a esta política de claudicación.
La gran mayoría de la base socialista se encuentra sin embargo en una posición de silente perplejidad. No entienden bien cuál es la política de su presidente, pero mantienen su confianza en que les pueda llevar a buen puerto. Les preocupa, y mucho, el efecto electoral que esa política pueda tener en sus territorios, pero están seguros de que sólo manteniéndose firmemente unidos podrán intentar salvar los muebles. En todo caso, piensen lo que piensen, no tienen el valor para decir nada. Cómodamente instalados en la estructura del poder, se limitan a aplaudir al líder con mayor intensidad cuando más se equivoca. Sorprendentemente, la mayor parte del actual Consejo de Ministros habría que encuadrarla en este grupo.
Está, por último, el reducido grupo de la conspiración conformado por aquellos socialistas vascos que parecen dispuestos a un pacto con el diablo como única vía para acceder al poder y la reducida guardia pretoriana de ZP en Ferraz encargada de aplastar cualquier conato de rebelión a bordo. Sólo este reducido grupo de elegidos comparte la misma visión del jefe, apoya con un entusiasmo digno de mejor causa todo el proceso y se desgañitan cada mañana lanzando contra el PP todo tipo de calumnias e ignominias, como si eso conjurara todos los peligros de la operación.
Es evidente que la mayor parte de los socialistas palentinos están ubicados en el grupo mayoritario de los que discrepan en silencio. Empezando por su Secretario General provincial que ni apoya ni discute la decisión de dejar en libertad a De Juana. Heliodoro Gallego ha cultivado durante años la imagen de ser un socialista moderado que sintoniza bien con el sentir de la calle palentina. En las actuales circunstancias es un buen momento para demostrar si esa moderación es sólo una careta o parte de convicciones políticas más profundas. Queda por ver también si tiene el valor para definirse.