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Progresismo: de Lasa y Zabala a De Juana Chaos
Análisis nº 174   |  8 de Marzo de 2007
 
¿Pertenecen a la misma fe ideológica quienes desencadenaron el crimen y el terror contra los terroristas y quienes se sientan con ellos a diseñar el futuro del País Vasco y Navarra? ¿Son compatibles la política del caso “Lasa y Zabala” con la política del caso “De Juana”? ¿El crimen deshumanizador y las “medidas humanitarias”? En 1987, dirigentes socialistas justificaban en privado los crímenes terroristas del GAL; en 2007, justifican el trato de favor a los mismos a los que antes asesinaban sin compasión.
 
Escuadrones de la muerte en el País Vasco francés
 
La reaparición del expresidente del Gobierno, Felipe González en apoyo de la política de Rodríguez Zapatero respecto a ETA ha sorprendido a todos aquellos que veían en la política antiterrorista del primero la antítesis de la del segundo; ¿cómo el histórico líder socialista avalaba una política que él jamás práctico y nunca defendió? Cualquier gobierno de la democracia hubiese hecho lo mismo, afirmó González en referencia a lo que el propio Presidente definió como defensa del valor de la vida.
 
La política antiterrorista de Felipe González pasó tristemente a la historia bajo unas siglas; GAL. Ironías de la historia, el abismo institucional y moral en el que se sumergió el Ministerio del Interior se tragó cualquiera de los éxitos policiales; la desmantelación de ETA en Bidart supuso el principio de la degradación estratégica etarra, pero, vana esperanza, la memoria histórica identifica a Felipe González con la trama de los Grupos Antiterroristas de Liberación, con los fondos reservados y con tenebrosas pesadillas en torno a la cal viva.
 
Desde que en octubre de 1983, José Lasa e Ignacio Zabala fueran secuestrados en Bayona y asesinados de un tiro en la nuca, hasta el crimen de García Goena en 1987, el miedo se apoderó de los terroristas del santuario francés, y la satisfacción en conocidos miembros del PSOE. Pero lo cierto es que también en Euskadi la violencia es la continuación de la política por otros medios: Y si en las villas del sur de Francia ETA se sintió incómoda, en las calles de Bilbao o San Sebastián las andanzas de los GAL supusieron un impulso al terrorismo y garantizaron la supervivencia del vivero etarra por unos años; por fin la cara política de ETA podía denunciar, con razón, la existencia de una verdadera represión terrorista de España; cuando la historia iba desgastando la historia oficial etarra –un Estado español criminal y asesino-, los crímenes del GAL daban la razón a las proclamas que los líderes de Herri Batasuna lanzaban cada día. La indignación ante los asesinatos de vascos terroristas e inocentes por parte de los aparatos del Estado dio gasolina al mundo etarra para rodar durante años.
 
Lecciones histórico-jurídicas, bajo el mandato de González, los socialistas Barrionuevo, Vera, Damborenea o Sancristóbal fueron condenados por secuestro y malversación, por dirigir y planear la guerra sucia contra ETA; casi treinta personas murieron a manos de una trama de Estado creada por el PSOE que se llevó por delante a terroristas y no terroristas, a culpables e inocentes. Entre fosas de cal viva y millones de pesetas desaparecidos en los bolsillos de funcionarios públicos, en 1996 Felipe González perdió las elecciones. Y con luces y con sombras, la relación entre González y ETA acabó resumida en unas siglas terroríficas; Grupos Antiterroristas de Liberación, escuadrones de la muerte que robaron para matar y mataron para robar.
 
Anoeta; el PSOE y la muerte de la Constitución
 
Los analistas hablan de alrededor del año 2003 como el comienzo de las conversaciones del PSOE con ETA; a través de intermediarios de confianza, se hacía llegar a la banda la disposición del PSOE a negociar una vez en el poder. La respuesta a las peticiones socialistas llegaría en forma de carta al Presidente Rodríguez Zapatero en agosto de 2004, carta en la que el Frente de la Paz sustenta la estrategia negociadora, que muy pocas personas dicen haber visto, y muchas menos leerla, pero que se asegura con devoción afirma la disposición de ETA a rendirse.
 
Lo cierto es que después del “caso De Juana”, sólo el creyente o el despistado pueden engañarse; las conversaciones entre socialistas y etarras están ya tan avanzadas como definidas. El caso “De Juana” tiene la virtud de mostrar a las claras que el Gobierno está negociando con ETA, cumpliendo su parte y esperando el comunicado de ETA que le expíe los pecados ante la opinión pública. ¿Alguien duda de la legalización de Batasuna? Lo cierto es que en verano liberará cientos de activistas en puestos en ayuntamientos, y según el acuerdo suscrito entre el PSE y los etarras, el PSOE pactará con el nacionalismo vasco en Navarra. Presentado bajo las siglas Nafarroa Bai, exigirá la entrega de las carteras estratégicas de cultura y educación para iniciar el desmantelamiento de las instituciones de Navarra y afianzar la reforma del régimen autonómico español.
 
En la “Declaración de Anoeta” que tanto entusiasma al Frente de la Paz, Batasuna no dice que renuncie a la violencia; pero afirma la muerte de la Constitución de 1978, y da la bienvenida al PSOE al lado de quienes la ven como superada. ¿Cuál es la postura del PSOE? Atendiendo a Zapatero, conseguir la democracia que en 1978 la izquierda no pudo conseguir por prudencia histórica. Lograr, para el País Vasco, un nuevo marco de convivencia. ¿Cómo no ofrecer a ETA la paz cuando etarras y progresistas consideran superado el pacto constitucional de 1978 entre izquierda y derecha? ¿Cómo no buscar la incorporación batasuna a un régimen confederal, popular y democráticamente real? La política antiterrorista de Zapatero, se sintetiza en la fórmula; diálogo.
 
El 26 de marzo de 2006, Rodríguez Zapatero hablaba del ejemplo irlandés ante los crímenes etarras, y de la relación que había que mantener con ETA; hubo siempre un hilo de comunicación más allá de lo que podría ser un accidente, en este caso tan grave como lo que ocurrió. Ésa es la reflexión que nos han trasladado. Siempre se mantuvo un hilo de comunicación y de mínima confianza. En la misma entrevista hablaba del papel futuro; tenemos un aspecto fundamental que tiene que ver con todas las personas que han estado implicadas en las acciones terroristas, terreno que será lógicamente difícil, que llevará tiempo y que exigirá, de manera esencialísima, el concurso de todas las fuerzas políticas, de la opinión pública, de la sociedad y, por último, la tarea a plazo más largo, que es refundar la convivencia social en Euskadi. (El País, 26-3-06).
 
El 1 de marzo de 2007, el Gobierno de Rodríguez Zapatero enviaba a De Juana Chaos camino de su casa; justo veintitrés años antes, el GAL asesinaba en Hendaya a Jean Pierre Leiba; la cúpula socialista del Ministerio del Interior entraría en la cárcel por la creación del grupo terrorista. ¿Qué sentido tiene entonces la reaparición de Felipe González, jefe del Gobierno del crimen de Estado contra ETA, en defensa de José Luis Rodríguez Zapatero, jefe de Gobierno del diálogo con los terroristas? ¿Del socialista bajo cuyo Gobierno se asesinaba a terroristas en ayuda del socialista bajo cuyo gobierno se sacan de la cárcel?
 
Más allá de eso, la teoría obliga a preguntarse por la relación entre los fines y los medios: ¿pertenecen a la misma fe ideológica quienes desencadenaron el crimen y el terror contra los terroristas y quienes se sientan con ellos a diseñar el futuro del País Vasco y Navarra? ¿Son compatibles la política del caso “Lasa y Zabala” con la política del caso “De Juana”?¿el crimen deshumanizador y las “medidas humanitarias”? En 1987, dirigentes socialistas justificaban en privado los crímenes terroristas del GAL; en 2007, justifican el trato de favor a los mismos a los que antes asesinaban sin compasión.
 
Desconociendo los motivos verdaderos de González hoy, el examen ideológico no excluye otras aproximaciones. En lo que aquí interesa, acudiremos gustosos a la ideología progresista que tanto uno como otro dicen profesar para abordar la cuestión primordial; ¿puede el cabeza socialista del Gobierno del GAL marchar del brazo del cabeza socialista del Gobierno del pacto con ETA sin cuestionarse la salud mental de uno o de otro?
 
El progresismo y la inocencia histórica
 
Para la izquierda progresista, los crímenes de relevancia histórica son los perpetrados por la derecha, en un encadenamiento histórico que nos hunde en la noche de los tiempos; el PP remite a Franco; Franco al Ejército, a la Iglesia; éstos a la aristocracia, a la nobleza; éstos a los Reyes Católicos, a los Imperios, a guerra, a la violencia. Los crímenes de la derecha son históricos, afectan a la humanidad entera desde hace siglos, y hoy al menos entorpecen la democracia; la derecha en este país me ha enseñado que la izquierda hace avanzar la democracia (Rodríguez Zapatero, El Mundo 16 de abril 2006). Todos estaban en contra de esa Constitución, en contra de la estructura de un Estatuto, en contra del sistema educativo constitucional, en contra de la legislación sobre la interrupción del embarazo, en contra de todo lo que la Constitución significaba (Felipe González, Proceso, mayo 2000).
 
Interpretación íntimamente unida a una determinada idea de Poder; la historia es la progresiva eliminación del poder de la derecha en favor de la izquierda, identificada con el pueblo y con la misma democracia; dando poder a los  que no tienen poder y limitando el poder de los que tienen mucho poder (op cit. 16-4-06) es como se construye la democracia, concebida no como un régimen concreto, sino como un progreso histórico de construcción de la justicia y la libertad. Esta interpretación histórica movía las profecías marxiana, tanto como inflama las de los progresistas de hoy.
 
Así las cosas, la izquierda en el poder concibe un significado que va más allá de la simple dinámica parlamentaria o del pluralismo democrático; alcanza un valor superior, una misión histórica de hacer avanzar la democracia, democracia que en cuanto guardiana e impulsora, corresponde legítimamente a la izquierda e ilegítimamente a la derecha. La superioridad moral que la izquierda presenta no es moral, sino histórica; la historia juega a favor del progresismo, y en cuanto tal juzga el progresista los comportamientos de unos y otros. ¿Acaso la derecha no entorpece la democracia tanto como la izquierda la construye?
 
En la mente del progresista convencido, la legitimidad de la acción le corresponde por derecho histórico, independientemente del aquí y del ahora; ¿con qué derecho criticar entonces los desmanes socialistas cuando la derecha misma debe pedir perdón por los desmanes cometidos en la historia? Ante el crimen histórico principal de la derecha, el poder ilegítimo, cualquier pecado de la izquierda en el poder palidece hasta convertirse en inapreciable. Y por lo tanto, los instrumentos empleados dejan de tener relevancia siempre y cuando lleven la historia hacia delante.
 
Cuando la izquierda hace de la ilegitimidad del poder de la derecha la categoría política fundamental, los medios empleados en su ejercicio del poder dejan de tener importancia;  En 2001, Felipe González y Juan Luis Cebrián escribían el libro “El futuro no es lo que era”, donde teorizaban sobre una democracia de izquierdas. En el texto, el periodista y el político advierten sobre la política de la derecha y de José María Aznar, ajenos por completo al hecho de que el primero de los autores había salido del poder en medio de un huracán de escándalos, los más importantes bañados en sangre.
 
Así las cosas, el autor de “El futuro no es lo que era” se lanza en apoyo del Gobierno que pacta con los mismos terroristas a los que funcionarios socialistas asesinaban cruelmente, y lo hace con un argumento ideológico; el rechazo a situarse en el mismo lado que la derecha liberal conservadora en España. Liberados de toda responsabilidad por una lógica histórica que condena de antemano y selectivamente lo que está bien y lo que está mal, los progresistas pueden amparar al mismo tiempo el crimen y el pacto, el asesinato del terrorista y los elogios compartidos. Para el progresista, el mal político está inserto esencial y únicamente en la derecha; todo lo que él y los suyos hagan en nombre de la ideología carece de importancia más allá de su éxito o fracaso instrumental
Dicho en otros términos; cuando la política aquí y ahora se interpreta en términos de recuperar un poder históricamente arrebatado, cualquier acto carece de importancia a los ojos de la historia; ¿cómo reprocharse a sí mismo el terrorismo de Estado cuando la alternativa es ilegítima per se? ¿Con qué derecho juzgar un crimen o un pacto que llevarán –seguro- al fin de la violencia o del terrorismo? Con la certeza histórica del totalitarismo, la historia está repleta de crímenes en masa en nombre de la Verdad. Hermano pequeño y pacífico del socialismo real, el progresismo se diferencia también de la socialdemocracia en la creencia en que el progreso de la historia solucionará los problemas del mundo.
 
Así las cosas, el progresista desatará la guerra sucia contra el terrorista o pactará amigablemente con él, puesto que a los ojos de la historia está absuelto de antemano; ¿qué mortal está autorizado a levantar la mano contra los guardianes de la democracia futura? Los mismos que autorizaban razzias terroristas para ametrallar en el sur de Francia se conmovían humanitariamente cuando De Juana amenaza con suicidarse, y aún hoy lo hacen con el deje de superioridad moral de quien cree la historia de su parte. Se consideran, en nombre de la ideología, inmunes a toda moral, porque son ellos los jueces democráticos.
 
No hay contradicción ideológica entre el Presidente de un Gobierno bajo el que se cometían torturas y asesinatos y el Presidente del diálogo con ETA, de “la confianza por encima de los accidentes”. Un gobierno podría despreciar hasta el crimen a los terroristas; otro puede preocuparse por la salud de cada uno de ellos, y defender la humanidad del terrorista. Porque tanto Rodríguez Zapatero como Felipe González sienten que la culpabilidad pasa de largo, y señala directamente la derecha, al PP, a la COPE, a Pedro J. Ramírez o a José María Aznar. Pero será efectivamente la historia, y antes que ella la misma izquierda a la que dicen representar, quien juzgará a los jueces progresistas. Y es que las cosas casi nunca salen como uno desea, por mucha fe que se tenga.

 
 
Óscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.


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