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Los fetichistas de la diplomacia
Colaboraciones nº 1543   |  7 de Marzo de 2007
 

(Publicado en The Jerusalem Post, 22 de febrero de 2007)

Irán tiene una visión interesante del Derecho internacional. Según el Ministro de Exteriores iraní Manuchehr Mottaki, la resolución basada en el Capítulo VII del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado diciembre que exige que Irán detenga todas sus actividades de enriquecimiento de uranio, es ilegal. En sus propias palabras durante una visita amistosa a Turquía el miércoles, "Estamos en contra [de la resolución] por ser ilegal y estar políticamente motivada".
 
Cualquiera incluso con una remota familiaridad con el Derecho debería reconocer que las declaraciones de Mouttaki no son solamente incorrectas. Su rechazo a la legalidad de la resolución 1737 del Consejo de Seguridad es una expresión de desprecio a los fundamentos mismos de la ley de naciones que ha sido suscrita casi universalmente desde la Paz de Westphalia de 1648.
 
Lo que salta a la vista con mayor claridad en las declaraciones de Mouttaki es que muy poco ha cambiado en Irán desde que la revolución de Jomeini en 1979 llevase al poder al actual régimen. Allá por entonces, en su primera intervención en diplomacia internacional, los mulás mostraban que su régimen se opone a toda norma de comportamiento civilizado que haya constituido la base del sistema de naciones desde el final de la Guerra de los 30 Años. El secuestro iraní de la embajada norteamericana en Teherán y el secuestro de 52 empleados de la embajada durante 444 días no fue únicamente un acto de terrorismo de estado. Fue un acto de guerra contra las civilizaciones.
 
Y por tanto, no debería ser ninguna sorpresa para nadie que Mouttaki rechace el derecho del Consejo de Seguridad a obligar a Irán a respetar sus compromisos con el Tratado de No Proliferación Nuclear que Irán firmó y ratificó voluntariamente. Se está comportando de una manera totalmente consistente con el comportamiento internacional de Irán desde la caída del Shah.
 
De igual manera, Estados Unidos y sus socios internacionales y de la ONU respondieron a las provocaciones de Irán de un modo completamente consistente con su trato hacia Irán desde la revolución. Durante los últimos 27 años, Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU han respondido al desagrado despreciativo de Irán hacia el Derecho internacional y las normas de comportamiento civilizado intentando apaciguar a los mulás.
 
El miércoles, la Secretario de Estado norteamericana Condolizza Rice expresaba esta constante preferencia en una entrevista con la CNN. Dejando a un lado las alegaciones de que Estados Unidos pudiera estar planeando evitar a la fuerza que Irán adquiera armamento nuclear, Rice decía, "Los Estados Unidos se encuentran en un camino diplomático y creemos en esta vía diplomática".
 
Continuaba, "Si Irán suspendiera, realmente, sus actividades de enriquecimiento y reprocesamiento, nos podríamos sentar juntos, invertir 27 años de aislamiento por parte de Estados Unidos hacia Irán e Irán hacia Estados Unidos. Podemos hablar de cualquier cosa. Estados Unidos no tiene ningún deseo de confrontación con Irán. Ninguno. Preferiríamos tener la oportunidad de discutir cualquier tema del que Irán quiera discutir".
 
En lo que a Rice concierne, la diplomacia no es solamente su método predilecto de tratar con Irán, es el único método de tratar con Irán.
 
Mohammed el Baradei, que es presidente de la Agencia Internacional de la Energía Atómica encargado de informar de la violación iraní de la resolución 1737 al Consejo de Seguridad, llevó el discurso diplomático de Rice al siguiente nivel lógico al decir el mes pasado, "la única solución al tema iraní... es el diálogo, es la negociación".
 
Baradei argumenta esta idea tanto en términos prácticos como normativos. Hablando prácticamente, el martes decía que es imposible devolver a la botella el genio nuclear iraní, porque los iraníes ya han adquirido el conocimiento para fabricar bombas atómicas.
 
Baradei hacía estas declaraciones tras reunirse con el principal negociador nuclear de Irán, Alí Larijani. En la reunión, Larijani manifestó a Baradei que Irán permanece firme en su rechazo al requisito del Consejo de Seguridad de que suspenda sus actividades de enriquecimiento de uranio.
 
Al margen de explicar el motivo por el que no tiene sentido intentar evitar que Irán adquiera armas nucleares, Baradei explicaba que también sería erróneo someter a examen el comportamiento de los mulás. "Nuestra experiencia sin excepción es que las sanciones por sí solas no funcionan y en la mayor parte de los casos radicalizan al régimen y perjudican a la gente que se supone no debe salir perjudicada... las sanciones tienen que ser equilibradas en todo momento con incentivos y una verdadera búsqueda de compromiso basado en el respeto sincero", opinaba Baradei.
 
Quizá el entusiasmo de Rice por apaciguar a Teherán esté influenciado por personas como el exsenador y contrincante Demócrata a la presidencia John Edwards. Esta semana, Edwards decía presuntamente que la mayor amenaza a corto plazo para la seguridad mundial es que Israel bombardee las instalaciones nucleares de Irán. Quizá sean las voces similares en el rincón de James Baker y Brent Scowcroft del Partido Republicano las que estén motivando a Rice a comportarse como los europeos y la ONU.
 
Cualquiera que sea la explicación para la política norteamericana de estilo francés de Estados Unidos, la UE por su parte insiste en negociar con Irán a pesar del hecho de que la semana pasada, un documento oficial de la UE reconocía que los europeos saben completamente bien que su diplomacia nuclear de cuatro años de duración con los iraníes ha fracasado estrepitosamente a la hora de retrasar ligeramente siquiera la compra de bombas nucleares por parte de Irán. Es decir, Europa mantiene su "parloteo" con Irán a pesar del hecho de que al hacerlo, está poniendo todos los medios para que Irán adquiera las armas nucleares que públicamente ha prometido utilizar para erradicar Israel.
 
Los iraníes están encantados de complacer el fetichismo diplomático de Occidente. Incluso al mismo tiempo que Ahmadinejad decía el miércoles que "vale la pena detener todas las demás actividades durante diez años y centrarse solamente en el tema nuclear", sus colegas y él anunciaban su disposición a discutir su programa de armamento nuclear con Estados Unidos y cualquiera que se apunte (al margen de Israel), mientras esas discusiones no interfieran en su libertad para construir bombas nucleares.
 
De Washington a Bruselas, de Moscú a Turtle Bay, todo el mundo aplaude el hecho de que tanto la denominada comunidad internacional como sus homólogos iraníes deseen negociaciones hipotéticas. Esto, afirman, es prueba de que no hay motivo para abandonar la diplomacia.
 
Pero esto es una tontería. La defensa de las negociaciones con Teherán por parte de americanos, europeos y la ONU no es nada más que un acto voluntario de espejismo colectivo. Porque mientras que es cierto que todo el mundo quiere hablar, es igualmente cierto que absurdamente, no hay nada de lo que hablar.
 
En teoría, las naciones se involucran en negociaciones con el fin de impulsar sus intereses nacionales, ya sea separada o colectivamente. En el caso de Irán, Estados Unidos y sus aliados quieren evitar que Irán adquiera bombas nucleares. Sostienen que el mejor medio para lograr ése objetivo es la diplomacia.
 
Por su parte, Irán desea adquirir armas nucleares a cualquier precio. Elige negociar con Occidente con el fin de lograr ése objetivo.
 
El problema aquí es que las intenciones de las partes son mutuamente excluyentes, de modo que el beneficio de una parte llega a expensas de la otra. Puesto que Irán rechaza suspender su enriquecimiento de uranio, involucrar diplomáticamente a sus representantes solamente sirve para legitimar al régimen y permitir que sus líderes adquieran armas nucleares bajo el disfraz de diplomacia internacional.
 
Este mismo patrón preocupante se repite con la denominada implicación de la comunidad internacional con los palestinos. Particularmente es el caso después del acuerdo de La Meca que relega a la organización terrorista Fatah a la posición de socio minoritario en el gobierno de la organización terrorista Hamas. Con los palestinos, al igual que con Irán, mientras que todo el mundo está de acuerdo en que las negociaciones son la respuesta, ignoran voluntariamente el hecho de que no hay nada de lo que negociar.
 
La presunta comunidad internacional argumenta que desea involucrar a los palestinos con el fin de resolver pacíficamente el conflicto palestino con Israel. Por su parte, los palestinos de Hamas y Fatah afirman que el propósito de las negociaciones es impulsar su objetivo estratégico de destruir Israel.
 
En su trato tanto con Irán como con los palestinos, los líderes de la presunta comunidad internacional afirman que en caso de que abandonasen la diplomacia, reforzarían a los elementos más radicales del otro bando. En palabras de Baradei con respecto a Irán, "Sabemos que si sacudes el orgullo de un país, todas las facciones, izquierda, derecha, y centro se unen e intentar acelerar un arma nuclear para defenderse".
 
Desafortunadamente, la experiencia demuestra que el caso es exactamente el contrario. La denominada implicación de la comunidad internacional de iraníes y palestinos no ha debilitado de ninguna manera a los elementos más radicales de esas sociedades. En su lugar, ha debilitado la disposición de Occidente a confrontar a esos elementos radicales, y provocado por tanto una eficaz radicalización de Occidente. El ejemplo es Gran Bretaña.
 
Hasta hace poco, los británicos trataban a Hamas como el movimiento genocida jihadista que es. Pero el miércoles, la política de Gran Bretaña colapsaba por completo. En un discurso ante el Parlamento, el Primer Ministro británico Tony Blair decía, "es más fácil tratar con la situación en Palestina si existe un gobierno de unidad nacional. Espero que podamos hacer progresos, incluso con los elementos más sensatos de Hamas".
 
Pero por supuesto, no hay ningún "elemento sensato de Hamas". De modo que, ¿qué tipo de "progreso" piensa Blair que es posible hacer?
 
Además, mientras que Ahmadinejad puede ser el líder iraní más abierto en el tema de erradicar Israel, en ningún sentido está sólo en éste objetivo. Todo líder iraní, del ayatolá Alí Jamenei para abajo, ha expresado su deseo de ver a Israel barrido del mapa. Involucrar a estos fundamentalistas en conversaciones que han fracasado ya sólo puede servir para reforzar su compromiso de perpetrar sus planes monstruosos reconocidos abiertamente.
 
Lo que tenemos aquí es un eclipse total de la política racional mediante el fetichismo diplomático. Lo que Rice, Blair, Baradei, el presidente francés Jacques Chirac o la canciller alemana Angela Merkel están olvidando es que la diplomacia no es un fin en sí mismo en ningún sentido. Al involucrar a palestinos e iraníes, ignoran voluntariamente el hecho de que si no estás utilizando la diplomacia para impulsar tus objetivos, esa diplomacia es explotada por tu contrincante para impulsar sus objetivos.
 
Si Israel tuviera un gobierno ligeramente competente, nuestros líderes estarían señalando la perversidad y la estupidez del fetichismo diplomático. Pero el gobierno de Israel no es competente ni ligeramente. El gobierno Olmert-Livni-Peretz ha caído a un nivel de incoherencia tal que molestarse siquiera en criticarlo parece una pérdida de tiempo. Sus maniobras están motivadas transparentemente por nada más que el deseo de permanecer en el poder todo el tiempo que sea posible.
 
A la luz de este catastrófico estado de las cosas. Depende de los particulares recordar a los fetichistas diplomáticos que la diplomacia por sí misma no es un fin. Si las actuales políticas son descartadas, el hecho de que rechazasen la guerra y permanecieran fieles a la diplomacia no les excusará cuando Hamas transforme Gaza, Judea y Samaria en un estado Talibán; desestabilice la monarquía jordana; y asesine a miles de judíos en Israel. Su compromiso con la diplomacia no hará a la posteridad mas olvidadiza con respecto a su fracaso a la hora de evitar un segundo Holocausto.
 
Cuando involucras a los mulás y Hamas, no estás siendo pacifista. Estás preparando el terreno para una enorme conflagración.


 

 
 

Caroline Glick es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post. Tras finalizar sus estudios, ingresó en el ejército y alcanzó una consejería en las negociaciones de Oslo junto al ex primer ministro Rabin. Tras abandonar la esfera política, Glick pasó al periodismo con una columna semanal de portada en el diario. Durante el reciente conflicto de Irak, fue la periodista empotrada del medio, estando en el primer escuadrón americano que entró en Bagdad y siendo la primera mujer en poner el pie en la capital durante el conflicto.


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